PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 18, 2006
 

ECONOMIA INFORMAL
Los sitiados

Rafael Ferro Salas

PINAR DEL RIO, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Cuando se camina por esta ciudad se respirar el desaliento. Es una ciudad del interior de Cuba. Está a una distancia de ciento setenta kilómetros al oeste de la Habana.

Usted se preguntará qué tienen que ver esos datos con el desaliento que se respira en la ciudad. Yo le respondo que la relación está en eso, en que es una ciudad de Cuba. Hace mucho rato ya que el desaliento pasó a ser en Cuba el deporte nacional. Antes era el béisbol. Basta mirar al rostro de las gentes para darse cuenta de que son prisioneros de sí mismos.

Es lógico; uno tiene que sentirse muy desalentado en una ciudad donde el paisaje que domina está matizado por operativos de la policía a todas horas; registros sobre las personas y detenciones.

El discurso político cubano tiene ahora como planteamiento principal la lucha contra la corrupción, pero ¿quiénes son los corruptos en esta Cuba desde hace cuarenta y siete años? Esa es una interrogante con muchas respuestas.

En cada esquina hay una persona tratando de sobrevivir bajo el fantasma de la escasez constante. Desde que esa persona sale de su casa, tiene que inventar las mil y una maneras de "escapar". Ese escapismo involucra a esa persona -sin darse cuenta apenas- en la ilegalidad.

Si usted sale a la calle a buscar quién le venda un trozo de carne de cerdo, pescado o pollo, tiene que hacerlo bajo la mirada del argos de mil ojos -la policía. Un trozo de carne sólo aparece a la venta en el mercado subterráneo.

Nunca intente salir a la calle procurando comprar un pedazo de carne de res; es una carne prohibida en Cuba y usted puede ser condenado a veinte años de cárcel si se atreve a comprarla.

Ahora las fuerzas de la policía están llevando a cabo grandes operativos contra los vendedores particulares. Esos vendedores son la vía de escape para los ciudadanos ante el fantasma de la escasez, pero las autoridades de la isla tienen ya fichados a esos vendedores como corruptos.

"Esto es pasajero, al fin y al cabo nadie va a acabar con la ilegalidad en este país", dice un señor que hace fila en una bodega para comprar la asignación que le corresponde por la libreta de racionamiento, implantada en Cuba desde los años sesenta. "Lo que nos venden por la libreta no alcanza ni para comer una persona", enfatiza el señor de la fila. Algunos de los que están con él en la fila apoyan lo que dice, otros prefieren callar para no complicarse la existencia -en Cuba también está prohibido hablar lo que no se orienta decir.

Los operativos policiales siguen. Los ciudadanos involucrados en esos operativos pagan grandes multas y pierden propiedades que les son confiscadas. Son riesgos que hay que correr para evitar morir de hambre.

Al margen de todos estos peligros y prohibiciones hay una nueva clase: los funcionarios estatales. Son los intocables de hoy. Ellos no enseñan el rostro del desaliento por ninguna parte. Sus hijos y esposas visten las mejores ropas, comen las mejores carnes -de res incluida. Todo esto es por asignación del estado. Son los nuevos ricos de esta ínsula "revolucionaria y socialista".


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