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ECONOMIA
INFORMAL
Los sitiados
Rafael Ferro Salas
PINAR DEL RIO, Cuba - Enero (www.cubanet.org)
- Cuando se camina por esta ciudad se respirar
el desaliento. Es una ciudad del interior de Cuba.
Está a una distancia de ciento setenta
kilómetros al oeste de la Habana.
Usted se preguntará qué tienen que
ver esos datos con el desaliento que se respira
en la ciudad. Yo le respondo que la relación
está en eso, en que es una ciudad de Cuba.
Hace mucho rato ya que el desaliento pasó
a ser en Cuba el deporte nacional. Antes era el
béisbol. Basta mirar al rostro de las gentes
para darse cuenta de que son prisioneros de sí
mismos.
Es lógico; uno tiene que sentirse muy desalentado
en una ciudad donde el paisaje que domina está
matizado por operativos de la policía a
todas horas; registros sobre las personas y detenciones.
El discurso político cubano tiene ahora
como planteamiento principal la lucha contra la
corrupción, pero ¿quiénes
son los corruptos en esta Cuba desde hace cuarenta
y siete años? Esa es una interrogante con
muchas respuestas.
En cada esquina hay una persona tratando de sobrevivir
bajo el fantasma de la escasez constante. Desde
que esa persona sale de su casa, tiene que inventar
las mil y una maneras de "escapar".
Ese escapismo involucra a esa persona -sin darse
cuenta apenas- en la ilegalidad.
Si usted sale a la calle a buscar quién
le venda un trozo de carne de cerdo, pescado o
pollo, tiene que hacerlo bajo la mirada del argos
de mil ojos -la policía. Un trozo de carne
sólo aparece a la venta en el mercado subterráneo.
Nunca intente salir a la calle procurando comprar
un pedazo de carne de res; es una carne prohibida
en Cuba y usted puede ser condenado a veinte años
de cárcel si se atreve a comprarla.
Ahora las fuerzas de la policía están
llevando a cabo grandes operativos contra los
vendedores particulares. Esos vendedores son la
vía de escape para los ciudadanos ante
el fantasma de la escasez, pero las autoridades
de la isla tienen ya fichados a esos vendedores
como corruptos.
"Esto es pasajero, al fin y al cabo nadie
va a acabar con la ilegalidad en este país",
dice un señor que hace fila en una bodega
para comprar la asignación que le corresponde
por la libreta de racionamiento, implantada en
Cuba desde los años sesenta. "Lo que
nos venden por la libreta no alcanza ni para comer
una persona", enfatiza el señor de
la fila. Algunos de los que están con él
en la fila apoyan lo que dice, otros prefieren
callar para no complicarse la existencia -en Cuba
también está prohibido hablar lo
que no se orienta decir.
Los operativos policiales siguen. Los ciudadanos
involucrados en esos operativos pagan grandes
multas y pierden propiedades que les son confiscadas.
Son riesgos que hay que correr para evitar morir
de hambre.
Al margen de todos estos peligros y prohibiciones
hay una nueva clase: los funcionarios estatales.
Son los intocables de hoy. Ellos no enseñan
el rostro del desaliento por ninguna parte. Sus
hijos y esposas visten las mejores ropas, comen
las mejores carnes -de res incluida. Todo esto
es por asignación del estado. Son los nuevos
ricos de esta ínsula "revolucionaria
y socialista".
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