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47
Años de Involución Cubana
CONTACTO
Magazine, 2 de enero
de 2006.
El continente americano se abre al año
2006 con una nueva dinámica producida por
sucesos políticos controversiales y significativos.
En Cuba, sin embargo, la dinámica está
dada por la conmemoración del 47 aniversario
de la llegada de Fidel Castro al poder, con un
retroceso a los años 60 y 70.
Las medidas urgentes que se implementaron en
la década de los 90 para sobrevivir a la
caída del Muro de Berlín y a la
desintegración de la Unión Soviética,
han desaparecido casi en su totalidad. El flujo
del dólar ha sido controlado a través
de una moneda convertible que ni es dólar
ni es peso; los permisos para trabajos por cuenta
propia han ido disminuyendo; el hostigamiento
en los aeropuertos a los cubanos que viajan desde
Estados Unidos ha aumentado; y Castro ha manifestado
públicamente su desdén por el turismo,
a la vez que ha admitido que hay un alto nivel
de corrupción en la sociedad cubana. El
casi octogenario líder comunista volvió
a su uniforme verde olivo, no más sacos,
corbatas ni guayaberas. Los ocasionales rostros
jóvenes en el gobierno, como los del otrora
poderoso Carlos Aldana y el carismático
canciller Roberto Robaína, cumplieron su
misión de confundir a la opinión
pública, al dar la esperanza de que en
Cuba se podría producir un cambio hacia
la democracia. No sólo no hubo cambios,
sino que estos personajes ya pasaron a la historia.
En marzo y abril de 2003 se envió el mensaje
más contundente acerca de este retroceso:
el fusilamiento de tres jóvenes que intentaban
huir de Cuba en una embarcación marítima
y la imposición de largas penas de cárcel
a 75 opositores pacíficos. La inmensa mayoría,
junto a otros 300 prisioneros políticos,
permanece tras las rejas.
Aparentemente, Castro se siente fuerte ahora
por acontecimientos internos y externos que favorecen,
al menos en apariencia, la estabilidad de su régimen.
En lo interno, el pueblo de Cuba ha dado muestras
de estar dispuesto a luchar sólo por sobrevivir
el día a día y por huir hacia Estados
Unidos, pero nada de rebeliones. El cubano de
hoy no quiere sufrir las penas de cárcel
y los paredones de fusilamiento que sufrieron
los cubanos que se rebelaron en las décadas
de los 60 y 70. También en el plano interno,
las fuerzas armadas han sido politizadas y son
vigiladas hasta tal punto, que es muy poco probable
que surja una rebelión desde esos sectores.
En el plano externo, Estados Unidos parece estar
demasiado ocupado en Irak y Afganistán,
y muy preocupado por las nuevas amenazas nucleares
que representan Irán y Corea del Norte.
Por ello, es muy difícil que Washington
decida cambiar por la fuerza el panorama político
cubano, como lo hizo en Afganistán e Irak.
Por otra parte, el exilio cubano militante ha
envejecido tanto como el propio Castro, pero sin
los recursos económicos y militares necesarios
para derrocar a su eterno enemigo. Por último,
la sólida alianza con el gobierno venezolano
de Hugo Chávez, concede al dictador cubano
una tregua, sobre todo por cierta cantidad de
petróleo que Venezuela le entrega a Cuba
diariamente, en condiciones similares a las que
usó la Unión Soviética para
mantener su relación con la isla durante
30 años. Las elecciones de los socialistas
Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirschner
en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Tabaré
Vázquez en Uruguay, permiten a Castro presentar
una imagen triunfalista, y así hacerle
creer a los cubanos que su régimen está
más acompañado.
La amarga realidad es que Cuba es un país
despedazado por una dictadura comunista de 47
años, con un nivel de vida muy inferior
al que tenía la pequeña nación
del Caribe antes de la llegada de Castro al poder.
En términos prácticos, Venezuela
no es la Unión Soviética. Es también
un país subdesarrollado con un gobierno
que ha creado más pobreza de la que tenía
esa nación antes de la llegada de Chávez
al poder en 1999. Lula da Silva escogió
el camino del presidente saliente de Chile, Ricardo
Lagos, de trabajar dentro de los esquemas que
han permitido tener éxito al mundo desarrollado,
mientras que Kirschner y Vázquez parecen
inclinarse también, más o menos,
por esa alternativa. Por su parte, no se prevé
que Morales pueda resolver el gravísimo
problema de la pobreza centenaria de Bolivia.
Según Naciones Unidas, Bolivia necesita
178 años para librarse de ese terrible
mal. A pesar de ello, Morales sí parece
inclinado a sumergirse en los fallidos experimentos
colectivistas de Cuba y Venezuela, aun cuando
está a la vista el ejemplo de China, que
con las fórmulas capitalistas modernas
y pese a su horroroso sistema político
comunista, es actualmente el país que más
rápidamente está eliminando la pobreza.
Y la está eliminando gracias a las recetas
económicas capitalistas, no por su anquilosado
sistema comunista.
Además, la organización Transparencia
Internacional coloca a Venezuela, Bolivia, Argentina
y en menor medida a Brasil entre los países
más corruptos del mundo. La corrupción,
hoy día, es ya aceptada como el mayor demonio
fabricante de pobreza sobre la faz de la tierra.
De manera que más allá de consignas
y propaganda, poco puede esperar Castro de sus
nuevos aliados.
Desafortunadamente, cada año que transcurre
en Cuba con el régimen actual, podría
representar muchos años de trabajo para
la reconstrucción del país en la
era post-castrista, una era que por razones naturales
ha de llegar más temprano que tarde.
Los futuros historiadores cubanos, tal vez hoy
en un aula preuniversitaria, escribirán
con mayor precisión esta crónica
universal de la infamia.
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