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ECONOMIA
INFORMAL
Hacerle
trampas al Diablo
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Si
algo hemos logrado los cubanos en estos años
de férrea censura y control totalitario
es burlar esa censura y escapar al control. Nos
convertimos en verdaderos artífices de
la sobrevivencia, de la actitud fingida, de la
burla sistemática de los mecanismos de
dominación del régimen.
A pesar de todos los recursos empleados, los
esfuerzos, la experiencia brindada por otras prácticas
totalitarias anteriores, por ejemplo, en Cuba
no han podido eliminar del todo la empresa privada,
que sobrevive de forma clandestina a través
de la floreciente industria sumergida. No han
podido controlar el libre comercio, que subsiste
a niveles de mercado negro, y compromete a un
porcentaje enorme de la población.
Son muchos los ejemplos que pudiéramos
enumerar, en un país donde se supone que
todo es del Estado y todo lo controla ese Estado.
En países donde las leyes del comercio
funcionan de forma natural, mencionar el mercado
negro como ejemplo de comercio libre puede parecer
un disparate, pero en una experiencia como la
cubana, donde los medios de transporte, los almacenes
mayoristas, las tiendas, los tenduchos, el carrito
de granizado y el pan con croqueta son cosa del
Estado, la práctica del mercado negro es
todo un desafío, un medio de resistencia
y de supervivencia. Es el único espacio
donde se conserva algo de esa libertad de compra-venta.
En Cuba no hay tiendas de alquiler de vídeos
de películas, pero desde los años
90 florece un bien organizado negocio de alquiler
de filmes (abrieron algunos en dólares
para hacer la competencia a los clandestinos,
pero los precios son inalcanzables para el cubano
promedio, y no pueden competir con los privados,
que cobran cinco pesos cubanos por un día
de préstamo).
Comenzaron alquilando cassettes en formato VHS,
y hoy usted puede ver en su casa las mejores películas
del mundo en formato DVD o VCD. Resulta muy interesante
que en este país jamás se han vendido
caseteras de vídeo VHS, y mucho menos DVD.
Aclaro que en las tiendas estatales (las únicas),
porque en el mercado negro usted puede comprar
desde una caja de fósforos, la prohibidísima
carne de res, ropa de marca, un auto soviético,
hornos microondas, equipos de aire acondicionado,
muebles
todo lo imaginable, hasta un tractor.
Muchos de estos artículos se encuentran
prohibidos por disposiciones estatales.
La adquisición de videocaseteras y equipos
de VCD y DVD ha permitido burlar la censura, y
el cubano de la isla ha podido ver el cine censurado,
mucho cine cubano del que no se pone en la isla,
las novelas mexicanas y venezolanas, los programas
estelares de UNIVISION, y hoy pasan de mano en
mano los programas de TV Martí. Usted no
puede ver esos programas en la TV, pero se puede
verlos en su DVD o VDC o en su computadora o en
casa de su vecino o de su colega de trabajo o
de un amigo que le invita, por ejemplo, a ver
el último concierto de Willy Chirino.
Por cierto, en Cuba nunca se ha vendido una computadora
completa en una tienda, pero se puede comprar
una P IV en el mercado sumergido. No está
permitido el acceso a Internet, pero se puede
alquilar una cuenta clandestina, y navegar y ver
lo mejor de la red de redes.
Hay muchos libros prohibidos, pero existen, por
suerte, las bibliotecas independientes y los libreros
particulares y los amigos que consiguen esos libros
y los pasan de mano en mano.
En Cuba no hay TV por satélite (sólo
en los hoteles exclusivos para turistas extranjeros,
que son todos los hoteles y las casas de los miembros
de la nomenclatura), pero no sé cómo
(no lo voy a decir yo), la gente tiene TV por
satélite, y basta que una persona consiga
"su antena" para que todos los vecinos
de su cuadra se pasen un cable y puedan ver la
programación.
Igual sucede con la música. Uno de los
negocios más productivos de los últimos
años es el de los discos piratas. Miles
de tenderetes en portales, esquinas, zócalos
de los edificios muestran sus CDs "bajados
de Internet" o copiados de los originales.
En cualquier país "normal" esto
es un acto ilegal y reprobable, pero en Cuba puede
ser visto como una de las tantas muestras de resistencia
al control estatal. Se venden además VCDs
con los últimos vídeos musicales
y con los más recientes filmes cubanos
o extranjeros.
Se podría escribir un libro sobre la resistencia
de este pueblo, sobre su capacidad de conservar,
al menos, su derecho al pataleo. Ese breve espacio
en que derrotamos al totalitarismo y logramos
sobrevivir.
Nada, que día a día los cubanos
le hacemos, literalmente hablando, trampas al
Diablo.
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