PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 12, 2006
 

SOCIEDAD
Las penas de Fin de Siglo

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Fin de Siglo era una magnífica tienda por departamentos. Una de las mejores de La Habana. Quién lo duda. Sólo que no la acompañó la suerte. Tal vez su nombre fue el culpable. Fin de Siglo siempre me pareció un nombre con extrañas resonancias apocalípticas para una tienda exitosa. No obstante, sobrepasó el final de la centuria. De un modo tan deplorable que hubiera sido preferible su extinción.

Es posible que añore el final de El Encanto. Desde la esquina, opulento y para algunos más exclusivo y elegante, siempre fue su feroz competidor.

La peor desdicha de ambas tiendas fue convertirse en símbolos del confort y el boato burgués. Las lujosas vitrinas del consumismo criollo no pudieron escapar del castigo inmisericorde del poder revolucionario.

A El Encanto lo devoraron las llamas en 1961. Murió carbonizado pero digno. Sacrificado por un sabotaje en el ara de la burguesía en fuga. Casi un suicidio. Hoy es un parque bautizado con nombre de víctima, en el que es poco prudente sentarse de noche.

Fin de Siglo, fantasmal, desolado, con sus tres entradas a la nada, una por San Rafael, una por Águila y la otra por Galiano, deprime tanto que espanta.

Convertida en tienda de venta de artículos ociosos -¡vaya terminología de la burocracia mandamás!- languidece como una ballena varada en el polvo.

Sus escaleras eléctricas están detenidas como por un maleficio. Vidrieras y anaqueles exhiben artefactos inservibles. Herramientas y piezas herrumbrosas, y obsoletos aparatos rotos que nadie compra. Tras un mostrador, en perchas o amontonadas en el suelo, mugrientas ropas de uso que parecen sacadas de algún cementerio.

El aburrimiento de las empleadas, que tratan de imitar los gestos de la vida, sólo es turbado por algún curioso, despistado y preguntón o por periódicos inventarios de la "mercancía". Reciben orientaciones de una administración con perspectivas tan ilusorias como espejismos. La atmósfera fantasmagórica del establecimiento evoca el Astillero de Onetti.

Prefiero recordar Fin de Siglo en tiempos mejores. Me veo, agarrado de la mano de abuela o de alguna de mis tías, bajar la escalera rodante, que entonces me parecía inmensa, salir por la puerta de Galiano y poner rumbo a las golosinas del Tencents.

En las tiendas y otros establecimientos, junto a murales y banderas, comenzaban a aparecer carteles que proclamaban, entre otras cosas su nueva condición de servicio socializado. Ya nadie daba las gracias ni decía Señor, Señora o Señorita. Nos habían convertido en compañeros. Nos exigían sacrificios y heroísmos sin reparar en límites.

Vuelvo al presente, parado en el portal polvoriento de una tienda llena de espectros. En el corazón de una ciudad sucia, desordenada y triste que se niega a rendirse a la fealdad. Sigo caminando hacia el mar. Sin fe y sin esperanzas.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster