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HISTORIA
Un amigo del siglo XIX
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - No
me extrañó para nada que un turista
amigo elogiara durante su visita a Cuba, a mediados
del siglo XIX, la limpieza de las calles, los
buenos modales y la educación del cubano.
Los que vivimos antes del triunfo de la revolución
no nos acostumbramos a la mala educación
que impera en nuestra sociedad, ni a la mala higiene
urbana.
La isla de Cuba ha sido fuente de inspiración
para numerosos intelectuales desde su descubrimiento.
Según una investigación realizada
por Rodolfo Tro, eminente bibliógrafo cubano,
más de 600 libros sobre la Isla se han
editado en numerosos países entre 1493
y 1949, de los cuales 300 pertenecen a viajeros
norteamericanos.
Uno de estos viajeros fue el médico John
George Wurdemann, nacido en Charleston en 1810.
Amigo y admirador de Cuba, la visitó en
tres ocasiones: 1841, 1842 y 1843. Cinco años
después de su último viaje a nuestro
país murió en los Estados Unidos.
Wurdermann escribió el libro Notas sobre
Cuba, publicado por la Editorial Ciencias Sociales
en 1989, en su colección Viajeros, un libro
ameno que nos permite, como dice su solapa "asomarnos
al paisaje del occidente cubano".
Este médico norteamericano, buen observador,
no deja de elogiar en su libro "la educación
y fineza de los jóvenes, tanto hombres
como mujeres cuando van por los paseos adornados
de flores y árboles, fuentes y estatuas",
así como "la gracia y los buenos modales
del criollo más bajo".
Wurdermann se detuvo con gran interés
en el aspecto sanitario de las ciudades y zonas
rurales, y recomendaba a los enfermos el clima
de la Isla, beneficioso para cualquiera, así
como el jugo de caña caliente para las
afecciones pulmonares.
Disfrutó y así nos lo hace saber,
de los paseos por la calle Mercaderes, llena de
tiendas abiertas todo el día, de las pescaderías
habaneras, colmadas de tantas especies marinas
sobre los mostradores de mármol.
Describe con agrado las calles iluminadas de
La Habana, los serenos provistos de faroles y
envueltos en sus capas. Supo, casi de inmediato,
que al médico se le reconoce por su bastón
de ébano con empuñadora de oro y
borlas negras.
Describe, atrapado por tanta hermosura, la sólida
y bella construcción de los edificios:
"El menos importante está hecho como
para que dure siempre y las casas de vivienda,
pulcras, cuyos muros rara vez tienen menos de
dos pies de espesor, destinadas a resistir cañonazos".
Dedicó párrafos a la limpieza de
las calles, bien provistas de lámparas
durante la madrugada, al comercio de La Habana,
Matanzas y algunos pueblos aledaños; a
las granjas bien abastecidas, a la alimentación
del esclavo, rica en proteínas y viandas;
a los árboles, a la belleza de las colinas,
valles y bosques, a la gran variedad de frutas
en los mercados. Pero sobre todo, insiste en la
cortesía del criollo, llamándola
exquisita, "como rostros familiares que se
pudieran tomar por viejos conocidos cuando entonan
canciones patrióticas, al estilo de La
Marsellesa, en las que la palabra libertad se
escucha con frecuencia".
Notas sobre Cuba nos brinda la oportunidad de
asomarnos a un paisaje muy distinto al que vivimos
hoy.
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