PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 10, 2006
 

HISTORIA
Un amigo del siglo XIX

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - No me extrañó para nada que un turista amigo elogiara durante su visita a Cuba, a mediados del siglo XIX, la limpieza de las calles, los buenos modales y la educación del cubano. Los que vivimos antes del triunfo de la revolución no nos acostumbramos a la mala educación que impera en nuestra sociedad, ni a la mala higiene urbana.

La isla de Cuba ha sido fuente de inspiración para numerosos intelectuales desde su descubrimiento. Según una investigación realizada por Rodolfo Tro, eminente bibliógrafo cubano, más de 600 libros sobre la Isla se han editado en numerosos países entre 1493 y 1949, de los cuales 300 pertenecen a viajeros norteamericanos.

Uno de estos viajeros fue el médico John George Wurdemann, nacido en Charleston en 1810. Amigo y admirador de Cuba, la visitó en tres ocasiones: 1841, 1842 y 1843. Cinco años después de su último viaje a nuestro país murió en los Estados Unidos.

Wurdermann escribió el libro Notas sobre Cuba, publicado por la Editorial Ciencias Sociales en 1989, en su colección Viajeros, un libro ameno que nos permite, como dice su solapa "asomarnos al paisaje del occidente cubano".

Este médico norteamericano, buen observador, no deja de elogiar en su libro "la educación y fineza de los jóvenes, tanto hombres como mujeres cuando van por los paseos adornados de flores y árboles, fuentes y estatuas", así como "la gracia y los buenos modales del criollo más bajo".

Wurdermann se detuvo con gran interés en el aspecto sanitario de las ciudades y zonas rurales, y recomendaba a los enfermos el clima de la Isla, beneficioso para cualquiera, así como el jugo de caña caliente para las afecciones pulmonares.

Disfrutó y así nos lo hace saber, de los paseos por la calle Mercaderes, llena de tiendas abiertas todo el día, de las pescaderías habaneras, colmadas de tantas especies marinas sobre los mostradores de mármol.

Describe con agrado las calles iluminadas de La Habana, los serenos provistos de faroles y envueltos en sus capas. Supo, casi de inmediato, que al médico se le reconoce por su bastón de ébano con empuñadora de oro y borlas negras.

Describe, atrapado por tanta hermosura, la sólida y bella construcción de los edificios: "El menos importante está hecho como para que dure siempre y las casas de vivienda, pulcras, cuyos muros rara vez tienen menos de dos pies de espesor, destinadas a resistir cañonazos".

Dedicó párrafos a la limpieza de las calles, bien provistas de lámparas durante la madrugada, al comercio de La Habana, Matanzas y algunos pueblos aledaños; a las granjas bien abastecidas, a la alimentación del esclavo, rica en proteínas y viandas; a los árboles, a la belleza de las colinas, valles y bosques, a la gran variedad de frutas en los mercados. Pero sobre todo, insiste en la cortesía del criollo, llamándola exquisita, "como rostros familiares que se pudieran tomar por viejos conocidos cuando entonan canciones patrióticas, al estilo de La Marsellesa, en las que la palabra libertad se escucha con frecuencia".

Notas sobre Cuba nos brinda la oportunidad de asomarnos a un paisaje muy distinto al que vivimos hoy.


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