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ECONOMIA
De lo sublime a lo ridículo
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - A
los 47 años del triunfo revolucionario,
un movimiento que en su momento inspiró
a cubanos y extranjeros, oficialmente se ha anunciado
un sorprendente crecimiento económico del
11.8% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2005,
de acuerdo al Informe sobre el Estado de la Economía,
presentado por el ministro del ramo ante una sesión
de la Asamblea Nacinal del Poder Popular celebrada
a fines de diciembre.
China, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea
del Sur y otras naciones asiáticas, que
en las últimas décadas han impactado
por el crecimiento económico y el acelerado
aumento de sus riquezas, podrían sentir
envidia de ese logro cubano
si fuera cierto.
Lamentablemente, la realidad no compagina con
el crecimiento anunciado. Lo que apreciamos quienes
vivimos en este pequeño archipiélago
y los visitantes extranjeros es precisamente lo
contrario a lo que se percibe en un país
cuando existe un engrosamiento de tal magnitud
en la riqueza nacional.
Pero los datos ofrecidos por las propias autoridades
cubanas confirman las dudas provenientes de nuestros
sentidos. En el primer semestre del año,
cuando en Cuba la actividad productiva es más
dinámica, existió un decrecimiento
del 4% en la generación de electricidad,
y aunque no se han brindado datos sobre la segunda
parte del año, todos sabemos de la abundancia
de cortes eléctricos, los conocidos apagones.
¿Cómo explicar entonces un crecimiento
del 11.8% con la reducción de las disponibilidades
de energía eléctrica, elemento básico
e indispensable para la materialización
de cualquier actividad de producción y
servicios? ¿Cómo explicar el incremento
del 19% en la metalurgia ferrosa, rama altamente
consumidora de fluido eléctrico? Menos
comprensible resulta aún la espectacular
alza del PIB cuando se sabe que únicamente
12 de las 22 ramas industriales aumentaron, que
la producción azucarera disminuyó
a la mitad, que la producción de petróleo
y gas se aminoró en 3.7% y que la importante
producción niquelífera mantiene
niveles similares a los del año 2004.
En cuanto a la producción agropecuaria,
se anunció una caída productiva
equivalente a 15 millones de quintales de viandas
y otros cultivos, se dejaron de producir 77 millones
de litros de leche, y se perdieron 57 mil toneladas
de frijoles. La sequía tuvo un impacto
económico estimado hasta el cierre de 2005
en 1,350 millones de dólares. En la ciudad
de La Habana, donde reside el 20% de la población
del país y se genera alrededor del 33%
del PIB nacional, en el mercado agropecuario hubo,
de enero a julio, un descenso en las ventas del
14%. El resto del año, durante meses, muchos
de los "agros" estatales permanecieron
cerrados por falta de productos.
A lo anterior se agregan las afectaciones por
los huracanes Dennis, Rita y Wilma, los cuales
provocaron daños materiales ascendentes
a 2,300 millones de pesos, situación muy
poco propicia para un crecimiento económico
de tal envergadura, cuando además, como
apuntamos anteriormente, durante todo el año
se manifestó una crisis generalizada del
sistema electro-energético nacional.
El déficit comercial de bienes sí
fue un récord, superior al ya alcanzado
en 2004 (-3,400 millones de pesos) que pudiera
estar en un entorno de 4 mil millones de pesos,
con lo que la relación entre las importaciones
y las exportaciones podría estar cerca
de 4 a 1. Un resultado verdaderamente impresionante,
debido al grado de ineficiencia logrado.
Por su parte, todo parece indicar que el fondo
habitacional se redujo en 2005 en términos
absolutos por tercer año consecutivo. En
el informe presentado a la Asamblea Nacional se
nunció la construcción de 39,261
viviendas, cuando sólo por los efectos
del huracán Dennis se destruyeron 28,082,
sin contar los daños de los otros dos huracanes,
otras incidencias nocivas de fenómenos
meteorológicos y el tradicional derrumbe
de edificaciones por falta de conservación
y mantenimiento adecuados.
La explicación que se da para justificar
el casi 12% de crecimiento del PIB está
enfocada fundamentalmente en un pretendido engrosamiento
de los servicios, en especial los referidos a
la salud pública y la educación.
Se valora en exceso los contingentes de personal
de la salud enviados al exterior, fundamentalmente
a Venezuela, sin tener en consideración
que el incremento en la exportación de
los servicios médicos y los realizados
a pacientes extranjeros dentro de las fronteras
ha influido negativamente en la asistencia a los
cubanos. No son pocas las ciudades y pueblos donde
las plantillas de doctores, enfermeras y otro
personal paramédico están medianamente
cubiertas, lo cual ha provocado el cierre de consultorios
o un pronunciado descenso en la calidad de la
atención, con lo cual los valores realmente
creados hacia el exterior son un factor de disminución
de los servicios internos.
En la educación persiste el poco interés
de los jóvenes por el magisterio, por lo
que se mantiene la política de cubrir las
plantillas con maestros emergentes, o sea, mediante
la formación improvisada de profesores,
con la subsiguiente pérdida de la calidad
docente. En la ciudad de La Habana están
impartiendo clases en la enseñanza secundaria
alrededor de cuatro mil maestros emergentes traídos
de otras provincias, en particular las orientales.
Posiblemente muchos de estos jóvenes,
ahora establecidos en la capital, estén
imbuidos de cierta vocación educacional,
pero también un por ciento de ellos pudieran
estar interesados en lograr acceso a la ansiada
y prohibida Habana, con muchas más oportunidades
para sus lógicas ansias de progreso material
y espiritual. Así se crea una situación
nada halagüeña para el futuro de la
docencia cubana, con profesores formados precipitadamente
y, en muchos casos, sin vocación e interés
en una profesión tan exigente e importante
para el futuro nacional.
Algunos datos brindados vuelven a sorprender
por su falta de seriedad. Ejemplo de ello es el
1.9% de desempleo informado, algo absurdo en un
país donde nada más se requiere
dar algunos recorridos por las calles en horas
laborables para constatar dónde está
la población apta para el trabajo y en
el cual continúan cerrándose ingenios
azucareros, liquidándose la principal industria
nacional, empleadora hace unos años -directa
o indirectamente- de más de 400 mil trabajadores.
Sorprenden también los datos referentes
al consumo de nutrientes en 2005: 3,356 kilocalorías
y 88 gramos de proteína diarios, cifras
que representan crecimientos del 14.3 y 12%, respectivamente,
en relación con los niveles promedio alcanzados
en los últimos años de la década
de 1980, cuando los niveles de producción
e importación de alimentos eran muy superiores
a los actuales. Incluso este año se reconoció
oficialmente que "la distribución
racionada de alimentos para toda la población
a precios subsidiados
garantiza aproximadamente
la mitad del consumo de calorías per cápita
de los cubanos". (Informe sobre el Cumplimiento
de las Metas del Milenio, 2005). Por todo ello
resultan dudosos los consumos de nutrientes anunciados.
Quizás la explicación radica en
el crecimiento de la llegada de turistas, con
un total de 2.3 millones en 2005, cifra que posiblemente
incluye a las personas que vienen del exterior
a recibir tratamiento médico, todas con
acceso a alimentos imposibles de adquirir por
parte de la mayoría de los nacionales.
Otro de los incrementos anunciados es el del
transporte a un 7.7% en 2005. En realidad, la
situación resultó catastrófica
por la carencia de este vital servicio, así
como debido al aumento de las tarifas de los particulares,
en respuesta a la subida de las cotizaciones del
combustible a principios del período en
un 36% el litro de diesel. En la populosa ciudad
de La Habana, donde en 1989 se realizaban 30 mil
viajes de ómnibus estatales diarios, con
una calidad deficiente, para una transportación
diaria de 3.5 millones de personas, en 2005 se
redujeron a 550 mil los usuarios, con un peor
servicio y precios radicalmente más elevados.
Ahora, con la adquisición de ómnibus
chinos, quizás pueda observarse alguna
mejoría, pero será muy difícil
alcanzar rápidamente los niveles de servicio
anteriores a la crisis.
Respecto a la ejecución del presupuesto
nacional, se repite y refuerza la nociva tendencia
al crecimiento del déficit. Este año
el saldo negativo anunciado llega a 1,950 millones
de pesos, lo cual representa un crecimiento del
37.4% en relación con el presupuesto ejecutado
el año 2004. El "tranquilizador"
argumento de que sólo representa el 4.2%
del PIB no puede tranquilizar a nadie, debido
a que, como se ha expuesto anteriormente, el alza
declarada de este indicador carece por completo
de sustentabilidad. Por tanto, la relación
entre el déficit fiscal y el PIB debe de
ser mucho mayor, lo cual debería preocupar
a las autoridades por las tensiones financieras
que pudieran exacerbarse en el futuro inmediato.
Desafortunadamente, si algo caracteriza el Informe
sobre la Situación de la Economía
en 2005, además de sus evidentes contradicciones,
es la carencia de datos, incluso significativamente
mayor en relación a los siempre pobres
resortes de años anteriores. Nada se dice
en esta ocasión sobre el estado de la productividad
laboral, el alza de los precios al consumidor,
los niveles de liquidez acumulada en manos de
la población y en cuentas bancarias, la
balanza de pagos, ni acerca de otros indicadores
necesarios para juzgar debidamente la ejecución
económica de un país en un período
determinado.
Ciertamente, en 2005 Cuba recibió un fuerte
flujo de recursos financieros y materiales, principalmente
a través de los acuerdos logrados con Venezuela,
lo cual facilitó la llegada diaria de más
de 90 mil barriles de petróleo en condiciones
altamente ventajosas. Así, también
los ingresos del estado debieron de crecer mediante
los gravámenes impuestos en octubre de
2004 a las remesas en dólares y la apreciación
unilateral del peso convertible frente a las monedas
extranjeras en 2005. A ello se añaden significativas
inversiones en la esfera niquelífera procedentes
de China y Canadá.
Referente a Venezuela, considerando que el precio
promedio mundial del barril de petróleo
fue de 56.4 dólares en 2005, el ingreso
bruto para Cuba podría haber sido superior
a 1,800 millones de dólares en el año.
Teniendo en consideración que la contrapartida
cubana consistió principalmente en la prestación
de servicios en salud pública y educación,
podría concluirse que la operación
debió de ser altamente rentable. No obstante,
resalta la alta dependencia actual de la economía
cubana a las veleidades del precio mundial del
petróleo, así como a la estabilidad
del actual gobierno venezolano.
Si algunos de estos factores se deterioraran,
las consecuencias para la economía y sociedad
cubana en su conjunto serían desastrosas,
sobre la base de que Cuba cada vez se afinca menos
sobre sus propios pies, mientras la dependencia
del exterior se expande.
En términos positivos podrían calificarse
aspectos del discurso presentado ante la Asamblea
Nacional por Francisco Soberón Valdés,
presidente del Banco Central de Cuba, quien realizó
un análisis realista sobre asuntos medulares
de la economía del país al reconocer
entre líneas que los principios básicos
del socialismo jamás se han respetado.
Es el caso de su crítica al sistema de
racionamiento, el cual durante casi 44 años
ha estado vigente, y que en la práctica
en modo alguno ha promovido niveles socialmente
justos de distribución, a la vez que ha
frenado la adopción de medidas protectoras
para los ciudadanos desvalidos.
Sorprende que después de casi 44 años
de aplicarse la llamada Libreta de Racionamiento
en Cuba, con sus nefastas consecuencias materiales
y espirituales y su promoción de la corrupción,
ahora surja una persona que con suficiente claridad
exponga un mal de tan larga data. De todas formas,
bienvenido un reconocimiento, aunque se haya tardado
tanto. Esperemos que no haya que esperar mucho
para la puesta en práctica de las medidas
rectificadoras adecuadas.
Como puede observarse, el cuadro que presenta
la sociedad cubana resulta desolador. Una revolución
que prometía la prosperidad y la felicidad
para el pueblo ha terminado en una gran decepción.
La transparencia se tornó en manipulación
y engaño; la grandeza, en mezquindad; la
ilusión, en desesperanza; la soberanía,
en dependencia; la revolución, en involución.
De lo sublime a lo ridículo.
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