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SOCIEDAD
De la desilusión al cambio
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - "Esto
tiene que cambiar, de lo contrario hay que irse
preparando para un final regido por la violencia".
Este es el criterio de un ex-militar. Un hombre
de 70 años que conocí en diciembre.
Un actual contrincante de la miseria que dejó
a la revolución en el camino.
Las glorias en el olvido, el idealismo en el
fondo de los desperdicios, los desengaños
a flor de piel y las alegrías de antaño
amputadas del alma. Todo esto en tono de denuncia
y con los matices que el dolor produce en alguien
arrastrado a una fidelidad patológica hasta
hace relativamente poco tiempo, hoy enfermo por
las decepciones y el impacto de lo que califica
de estafa.
"El proceso revolucionario ha sido un fracaso,
casi medio siglo echado por la borda. Creo que
he despertado demasiado tarde", aseguró
el anciano después de pisar el acelerador
y tomar la calle 23 rumbo al capitalino municipio
Playa.
Las guerras en el África, las misiones
redentoras, la última condecoración,
el arma aún humeante de combatiente internacionalista.
Lo escuchaba con detenimiento, percibía
su tristeza más allá de la oralidad.
Frente al timón, encanecido, de mirada
atribulada, tez negra y voz de tenor menguada
por los años, el otrora guerrero tenía,
en el ocaso de su existencia, dos enemigos implacables:
la pobreza y la incertidumbre.
"Pensé que mi vejez sería
diferente, me equivoqué. Los sueños
se convirtieron el pesadilla", precisó
en su monólogo ataviado de frustraciones.
Supe que su trabajo era ilegal. No contaba con
la licencia para laborar como taxista. Varias
veces había sido descubierto por policías
del tránsito, pero el carnét de
jubilado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias(F.A.R),
todavía le resultaba útil para sortear
las multas o la confiscación del automóvil.
Con el casual encuentro anotaba la quincuagésima
segunda opinión crítica al sistema
de gobierno que rige en Cuba desde 1959. Al cierre
de dciembre pude establecer entre búsquedas
previamente concebidas y fortuitas que de 81 personas,
sólo 16 mostraron alguna simpatía
o aquiescencia con la situación del país.
Para poder realizar este trabajo, tuve que valerme
de terceras personas para poder llegar a conocer
las opiniones de otras con cierto grado de vinculación
a las estructuras gubernamentales.
Militantes del Partido y la Juventud comunista,
ex-militares, artistas, amas de casa e incluso
oficiales en activo concuerdan en que las cosas
van mal, y que pudieran deteriorarse mucho más.
Nadie dijo que podía vivir de su salario,
y coincidieron en valorar el estado actual de
cosas de preocupante.
También la mayoría expresó
disconformidad con la saturación de la
propaganda política. Por otro lado el rechazo
al divorcio entre las promesas del régimen
de mejorar el nivel de vida y la agudización
de este parámetro en sentido general, revela
un índice porcentualmente devastador, hecho
que avala el desgaste de las fórmulas estatistas
y el descreimiento, de naturaleza irreversible,
en relación con el modelo totalitario.
Cada vez cobra mayor certeza la afirmación
de que el Partido Comunista gobierna con un aliado,
hasta ahora eficaz, pero que puede trastocarse
en un boomerang: la fuerza.
Otro puntal es la propaganda, que ya resulta
sólo servible para elaborar chistes y burlas
por parte de los ofendidos.
La simulación es el arte por excelencia,
el escondrijo hasta que pase el temporal represivo.
Camuflarse con el asentimiento incondicional,
tras los aplausos bien sonoros, los vítores
patrióticos y los desfiles disfrazados
de espontaneidad, es parte del ritual para arrimarse
al cinismo, a la mentira, a la pasión histriónica
que reverdece entre el terror y los latigazos
de la subsistencia.
Así es la vida en Cuba, la real, la de
casi todos, la que nos hace clamar por un cambio
pacífico que cure las heridas, los odios
y restaure las esperanzas.
No se me borra de la mente la sentencia de aquel
chofer que me hizo partícipe de sus desilusiones.
"Mi hijo, he luchado en vano. Pensé
que estaba construyendo una fortaleza y al final
me doy cuenta de que nuestro socialismo es un
cascarón vacío".
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