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OLA
REPRESIVA
Amenazado Jorge Olivera de ser devuelto a prisión
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
Jorge Olivera, prisionero de conciencia condenado
a 18 años de cárcel durante la Primavera
Negra de 2003, recibió una licencia extrapenal
por motivos de salud en diciembre de 2004. Sus
enfermedades estaban muy bien documentadas y,
coincidentemente, el día de su apresamiento
había regresado de una consulta con el
médico.
No obstante, fue enviado a la muy lejana prisión
de Guantánamo, a unos 900 kilómetros
de su hogar. Allí, al otro lado de la cárcel
de la Base Naval de Estados Unidos, donde los
terroristas prisioneros reciben muchísima
atención de las organizaciones de derechos
humanos y la prensa internacinal, debido a las
circunstancias de encarcelamiento, y sobre todo,
del gobierno de Cuba que incesantemente muestra
vistas en la televisión de sus "terribles
condiciones", sin reparar en que son incomparablemente
mejores que las de sus vecinos próximos
en la Prisión Provincial cubana. Paradójicamente,
para los extranjeros sí tienen validez
los informes de ONGs y los reportajes periodísticos,
mientras que para los cubanos no se goza de credibilidad.
Por supuesto, nadie defiende que el trato a ningún
ser humano sea de tortura física o psicológica,
se realice en cualquier lugar, ni por las causas
que sean, incluso si hubieran causado la pérdida
de miles de inocentes vidas humanas. Menos aún
se justifican los sufrimientos de los pacíficos
cubanos que únicamente han osado pensar
distinto a lo impuesto por las autoridades desde
hace "sólo" 47 años, y
pretendido hacer uso del derecho universalmente
reconocido de expresarse libremente.
Resulta que Jorge Olivera fue citado por el Tribunal
Municipal, donde se le exigió trabajar
para el Estado, ser presentado a sus vecinos -que
lo conocen desde niño- por "los factores"
(Partido y Juventud Comunista, Comité de
Defensa de la Revolución, etc), no asistir
a eventos públicos ni salir de la ciudad
sin antes solicitar autorización. Estas
medidas indudablemente están dirigidas
en primer término a desestabilizar psíquicamente
y, por supuesto, tener un control férreo
sobre este periodista independiente, quien ha
mantenido una actitud muy recta al continuar exponiendo
la situación de nuestro país en
sus trabajos.
Olivera tiene solicitado permiso de salida permanente
de Cuba desde hace un año. No se le ha
respondido, algo habitual en Cuba cuando no se
desea otorgar permiso, para mantener a la persona
y su familia bajo fuerte incertidumbre, en busca
de desequilibrar y lograr la mansedumbre, ante
la expectativa de que si se comporta como el régimen
espera le será otorgada la "tarjeta
blanca", o sea, la autorización. Si
él resulta molesto, por qué no se
le autoriza el triste exilio, "privilegio"
sólo concedido a tres de los prisioneros
de conciencia de los 75.
Por lo contrario, se le quiere imponer trabajar
en el sector de la Salud Pública. Como
se sabe, quien trabaja allí, aunque sea
limpiando el piso, necesita autorización
para abandonar Cuba luego de cinco años
de espera. Además, estaría aún
más vigilado permanentemente por la administración
y las organizaciones políticas y de masas
del centro de trabajo.
Se pretende llevar a una reunión del vecindario,
presumiblemente en el Comité de Defensa
de la Revolución, para humillarlo. Todo
el mundo sabe que presentarían al "mercenario
al servicio de la Oficina de Intereses de Estados
Unidos en La Habana" (cuando menos), contrarrevolucionario,
etc., etc. etc., sin derecho a exponer sus criterios.
Unicamente humillación, insultos y falsedades,
una vez más. Parece que el juicio sumarísimo,
sin garantías procesales, la terrible prisión,
sus sufrimientos físicos y psicológicos,
la agonía de sus familiares, no han bastado.
Para controlar sus movimientos más fácilmente
(para nadie es un secreto que todo cubano en su
situación es permanentemente vigilado por
la Seguridad del Estado, el Comité de Defensa
de la Revolución, la legión de informantes
y quizás micrófonos en teléfono
y el hogar) le restringen las visitas e incluso
él mismo debe anunciar sus eventuales desplazamientos.
No les bastó imponerle todo esto. Tres
días después lo volvieron a citar
para que comparezca al Tribunal. O sea, dos citaciones
en una semana. Indudablemente son muy eficientes,
y "ayudarán" a que mantenga su
precaria salud con el nuevo y permanente estrés.
Ya a Margarito Broche le habían hecho
lo mismo aproximadamente un mes antes. Tambié
él, cardíaco, ha solicitado permiso
de salida hacia el exilio. Otros de los 12 prisioneros
de conciencia de marzo de 2003 que recibieron
licencia extrapenal por motivos de salud han debido
recurrir a esa búsqueda de solución,
pero el "magnánimo" gobierno
de Cuba, que tanto respeta los derechos humanos
de otros en cualquier lugar del mundo, no acata
lo consignado en el Artículo 13 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, a los ciudadanos de este pequeño
archipiélago. No le importa que Julio Valdés
Guevara esté feneciendo en Manzanillo porque
las hemodiálisis sólo le prolongan
la vida, cada día con mayor sufrimiento,
en espera de poder salir a realizarse un trasplante
de riñón, ni que los demás
mantengan una salud "estable" por las
condiciones normales de alimentación, medicamentos
y menos tensión en sus hogares.
El machete tropical, que no la espada de Damocles,
pende sosbre sus cuellos... ¡Recuerden que
en cualquier momento pueden ser regresados a la
prisión!
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