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POLITICA
Autoritarismo y totalitarismo: dos rostros diferentes
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
En el período que va de los años
sesenta a los ochenta el continente americano
pasó por la experiencia de vivir bajo regímenes
militares.
América Latina estaba en guerra, intereses
ajenos a la región fomentaban la desestabilización.
Guerrillas urbanas y rurales, financiadas por
la URSS y entrenadas por el régimen castrista
sembraban el terror en todo el continente. Casi
ningún país escapó a la estrategia
comunista, que perseguía el único
fin de sumar a América al conglomerado
de naciones esclavas gobernadas por el totalitarismo
marxista.
La respuesta fue dura. Miles de hombres y mujeres
perdieron sus vidas o fueron a dar a campos de
concentración en Chile, Uruguay, Brasil,
Argentina. El enfrentamiento fue feroz.
Lo primero que hace una dictadura de derecha
es silenciar a la prensa, acallar a aquellos elementos
contrarios a la dictadura, a los que sirven a
los intereses de la izquierda y a los comunistas.
Según apunta la SIP, no menos de 200 periodistas
fueron ejecutados durante ese duro período.
En las dictaduras autoritarias las agencias de
prensa siguen existiendo, así como los
periódicos, la radio, la TV. El periodismo
se convierte en una cosa banal apartada de los
intereses sociales, no antagónica con el
gobierno. La experiencia latinoamericana indica
que en los momentos más represivos los
medios informativos, como generalidad, prefirieron
hacer silencio y no buscarse problemas.
La democracia llegó a América Latina.
En todo el continente se fortaleció la
libertad de expresión, y con ella la de
prensa. Se inició el desarrollo del periodismo
investigativo, que se encargó de poner
sobre el tapete los casos de violaciones de derechos
humanos y de corrupción de los gobiernos.
En los sistemas totalitarios otra es la historia.
Los regímenes totalitarios se caracterizan
por el liderazgo único, centralizado y
absoluto, por el ritualismo, el mesianismo y el
seudo utopismo. Se sostienen sobre cuatro pilares
básicos: la exaltación de la figura
del líder, el monopolio ideológico,
social y económico, el control de todos
los medios de poder y persuasión y un sistema
policial y de campos de concentración.
En el totalitarismo, al igual que en las dictaduras
autoritarias, lo primero que se hace es silenciar
a la prensa. Pero en el caso del totalitarismo
-y aquí radica la principal diferencia-
la prensa es transformada en un "arma de
la Revolución". No quedan ni visos
de libertad de expresión. Todos los medios
de comunicación, todos los medios informativos
pasan a manos del partido, y son absolutamente
ideologizados. Se convierten en cómplices
primero y parte después del gran aparato
propagandístico que necesita el totalitarismo
para subsistir.
Dominar los sentimientos, controlar la subjetividad
de las personas, ésa es la fórmula
esencial de dominio del totalitarismo. La mentira
es esencial para el totalitarismo. Su propaganda
se basa en la distorsión sistemática
y permanente de la realidad. Se construyen los
hechos en función, no de los acontecimientos,
sino de las líneas que establece el partido,
en un proceso constante de construcción
y reconstrucción.
Los regímenes totalitarios han dedicado
siempre incontables recursos a la propaganda.
Lenin, Stalin, Hitler y Castro se percataron de
la importancia que juega el periodismo para el
logro de sus objetivos. Comprendieron que en la
batalla que iniciaban por la implantación
del comunismo en todo el mundo, la prensa podía
brindarles un gran servicio.
El proceso revolucionario cubano fue, desde un
principio, un acontecimiento mediático.
La creación de la iconografía revolucionaria
fue una prioridad. La fotografía, el cine,
la televisión, la prensa escrita, la radio,
la gráfica jugaron y juegan un papel prioritario
en la manipulación y control de la subjetividad,
de la psiquis del cubano.
La lucha por el control de los medios informativos
en Cuba comenzó desde el inicio. Aquéllos
que no cedieron, que no se prestaron al juego,
cayeron uno a uno. Con la clausura del Diario
de la Marina se perdió el último
reducto de libertad informativa, el 13 de mayo
de 1960.
En Cuba no está autorizado el ejercicio
de otro periodismo que el oficial, el del Partido
Comunista, el de Fidel Castro. Quien viole ese
precepto está condenado al desempleo, al
hambre, a la cárcel más terrible
o a la muerte. Es muy difícil para quienes
no han vivido una experiencia totalitaria como
la cubana comprenderla exactamente, en todos sus
matices. Incluso los que la vivimos no la entendemos
a cabalidad.
Ningún sistema autoritario ejerce mayor
control sobre todas las esferas de la vida social
e individual que un sistema totalitario. En Cuba
el individuo es cero. Se le reprime a través
de la economía, manteniéndole intencionalmente
en un estado de supervivencia que le hace dependiente
del Estado. Se le manipula mediante la ideología.
Se le engaña, se controla su psiquis.
La manipulación de la información
no tiene límites. La falsificación
de lo real alcanza a los periódicos, libros,
folletos, es decir, a toda clase de documento
o literatura o medio que pueda tener un significado
político o ideológico.
Es imposible ver la realidad sino a través
de los ojos del Partido. La verdad es sólo
una, la verdad proclamada desde arriba. Es lícito
alterar la verdad, reescribir la historia, distorsionar
las noticias. La propaganda sustituye a la información.
Todo se vale.
No quiere decir que no se mate. Sí se
asesina, y la cifra de muertos en Cuba a causa
del totalitarismo castrista es grande, ya sobrepasa
los nueve mil, según cifras conservadoras.
Es muy posible que sobrepase esa cantidad. Pudiéramos
decirle a los incrédulos, a los deslumbrados,
a los fascinados por el embrujo de Hugo Chávez
o de Castro: recuerden, pregunten, investiguen
que pasó en la URSS, qué era el
GULAG, qué sucedió en Kampuchea,
en China, qué pasa en Corea del Norte,
qué cosa es la Cuba castrista.
No hay comparación posible entre una dictadura
autoritaria y un sistema totalitario. Semejanzas
hay, por supuesto, pero el totalitarismo supera
con creces al autoritarismo. Ningún sistema
convierte al hombre en esclavo-autómata
con tanta eficacia y rapidez.
Ejercer el periodismo independiente en Cuba,
apartándose de la línea trazada
por el máximo líder, es un reto
imposible de tolerar por el sistema. Por eso reprime
con tanta brutalidad cualquier intento de vulnerar
el monopolio informativo que ejerce el partido.
Reitero mi invitación a los ilusos, a
los ignorantes, a los engañados de todo
el mundo. Vengan, vengan y miren. A los asalariados
sólo les recuerdo que el totalitarismo
carece de toda ética, no diferencia entre
víctimas y victimarios. Su único
fin es el poder absoluto. Quizás un día
se vean, sin saber cómo ni cuándo,
del otro lado de la cerca, aquí donde estamos
nosotros.
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