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OLA
REPRESIVA
Carta de Jorge Olivera a los jefes de estado y
gobierno de la Unión Europea, Canadá y Estados
Unidos
LA HABANA, 24 de febrero (Jorge Olivera) - Excelencias:
En vista del notable deterioro de la represión
en Cuba contra todo ciudadano que ejerza derechos
consignados en la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, he determinado dirigirme
a ustedes con el deseo de pedirle, hoy más
que nunca, su solidaridad y apoyo.
Las acciones emprendidas por el gobierno en los
últimos meses llegan a niveles tales que
bien podrían considerarse en los ámbitos
del terrorismo de estado.
Turbas alentadas por la policía política
han protagonizado sendas golpizas, allanamientos,
entre otras formas de asedio no menos alarmantes.
Lo peor de toda esta espiral represiva es la
impunidad de los hechos. Las víctimas reales
y potenciales se encuentran en absoluto desamparo,
pues no existe ninguna institución dentro
del país para implementar las denuncias
pertinentes.
El Partido Comunista monopoliza, desde hace más
de 47 años, conceptos como patria, nación,
estado, sin dejar espacios cívicos para
quienes difieren de los lineamientos ideológicos
vigentes.
El terror ha cobrado una dimensión que
mantiene a la familia cubana en un permanente
susto. La indefensión y la crueldad de
los represores ha enraizado la doble moral y el
silencio de la mayoría, que teme ir a la
cárcel o recibir el estigma de ser un contrarrevolucionario
e inmediatamente pasar a la marginación
y a sufrir otros castigos inherentes a un sistema
que institucionaliza el atropello sin que nada
le importe.
Puedo dar testimonio del abuso y la crueldad.
Fui sancionado a 18 años de privación
de libertad en abril de 2003, por ejercitar el
periodismo sin la supervisión de los censores
oficialistas. Enfermo, me recluyeron en una celda
apenas alumbrada y saturada de insectos. Tuve
que beber agua contaminada y la comida era regularmente
servida en estado de putrefacción.
El 6 de diciembre de 2004, después de
20 meses y 18 días sometido al más
cruel de los tratos, las autoridades penitenciarias
me concedieron una Licencia Extrapenal por motivos
de salud.
Ahora pretenden devolverme a la cárcel.
No se permite ni a mí ni a mi familia partir
al exilio. Las autoridades migratorias de Cuba
nos niegan el permiso de salida, un procedimiento
que refleja en que país estamos viviendo.
Para desestabilizarme psicológicamente
y agudizar mis padecimientos del colon, funcionarios
de un Tribunal del municipio donde resido me comunicaron
nuevas disposiciones que buscan además
la humillación y el chantaje.
Desde el 21 de febrero se me prohíbe salir
de los límites de Ciudad de la Habana sin
una autorización del Tribunal, tampoco
participar en festejos y eventos públicos,
y me quieren situar en un empleo decidido de antemano
por la instancia judicial que supervisará
la conducta junto a miembros del Partido, sindicato
y otros del centro donde finalmente me asignen.
De incumplir con lo establecido, se me amenaza
con el retorno a la prisión. Las intenciones
son marcadamente arbitrarias y torturantes, por
lo que les reitero su atención sobre cuanto
pueda ocurrirme en lo adelante.
Los exhorto encarecidamente a que utilicen sus
buenos oficios a favor de quienes en Cuba abogan
por la reconciliación, el tránsito
pacífico a una democracia y el pluralismo.
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