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DISIDENCIA
Franqueza: el primer samizdat cubano
Tania Díaz Castro
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - El Partido
Pro Derechos Humanos de Cuba se había fundado
el 20 de julio de 1988, gracias a los cientos
de simpatizantes con que ya contaba el movimiento
democrático, representado por dicho Partido
y otras organizaciones de carácter pacífico
recién creadas, jamás legalizadas
por el gobierno de la Isla.
En Cuba, desde el triunfo revolucionario de 1959
surgieron numerosas organizaciones a favor de
un orden constitucional, cuya propaganda escrita
se distribuía clandestinamente, en forma
de octavillas. El samizdat aún no se conocía,
término que proviene de los primeros textos
que circularon en la antigua Unión Soviética
de forma clandestina a favor de la libertad y
los derechos humanos.
En diciembre de 1988, cuando el PPDHC tenía
cinco meses de fundado y miles de firmas recogidas
con el fin de solicitar un plebiscito al gobierno,
tal y como se había hecho en Chile, el
doctor Samuel Martínez Lara, secretario
ejecutivo del Partido, tuvo la iniciativa de elaborar
el primer samizdat cubano, bajo el nombre de Franqueza,
para que sirviera como órgano de prensa
de aquel incipiente movimiento de derechos humanos.
Fue en el hogar de la familia González
González, situada en la calle Reina esquina
a Lealtad, donde se confeccionaron los dos primeros
ejemplares, mecanografiados en papel gaceta y
con decenas de copias hechas con papel carbón.
El primer número tenía dos hojas
y en ellas se denunciaban las violaciones a los
derechos humanos, las condiciones de las cárceles
cubanas, la falta de libertad de expresión
del pueblo cubano y el trabajo pacífico
desplegado por el PPDHC durante sus primeros meses
de fundación.
Aquellas decenas de ejemplares, que se distribuyeron
de mano en mano entre vecinos, amigos y miembros
del Partido, se agotaron rápidamente. También
fueron enviados a las embajadas y a las agencias
de prensa acreditadas en Cuba por entonces. Cuando
se procedía a la confección del
tercer número la policía política
irrumpió de madrugada en el apartamento
de la familia González González,
y todos fueron detenidos y condenados a prisión
por el supuesto delito de propaganda enemiga.
Tanto Lidia como su esposo y su hijo de 23 años
permanecieron en distintas instituciones penitenciarias
por espacio de un año. Un mes más
tarde también fue detenido y condenado
el doctor Martínez Lara.
Era evidente que el régimen no toleraría
organizaciones opositoras, por muy pacíficas
que éstas fueran, y tampoco publicaciones
libres, a pesar de que en su corta etapa insurreccional
contó con revistas y boletines mimeografiados,
y hasta con una emisora de radio en plena dictadura
de Batista.
Para orgullo del Partido Pro Derechos Humanos
de Cuba, posiblemente la organización más
nutrida de todas las que perduran pese a las instituciones
represivas del país, hoy los cubanos cuentan
con una prensa independiente compuesta por más
de cien comunicadores que laboran en todas las
provincias para dar a conocer al mundo lo que
ocurre en Cuba.
Somos, ya lo dice el tiempo transcurrido, fieles
representantes de aquéllos que fueron torturados,
encarcelados y desterrados, y también de
los que hoy sufren prisión, como Héctor
Maseda, Adolfo Fernández Saínz,
Víctor Rolando Arroyo, Ricardo González
Alfonso, Miguel Galbán, Julio César
Gálvez, Oscar Mario González y muchos
otros, por el delito de escribir francamente,
por esgrimir como bandera ese pensamiento martiano
que dice: "El animal anda en manada, el hombre
con su pensamiento libre".
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