PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 23, 2006
 

CULTURA
La película de nuestros barrios

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - No la hizo Visconti o Glauber Rocha. No muestra sertones o favelas. Sólo una gran villa miseria. La nuestra. El Llega y Pon gigante en que, como por obra de la más negra de las magias, nos convirtieron el país.

"Barrio Cuba", la más reciente película de Humberto Solás, es un recorrido angustioso por la vida cubana de ahora mismo. El dolor no logra atenuarlo lo cotidianamente conocido. Ni siquiera la casi letal sobredosis de melodrama logra convencernos de que lo que vemos en pantalla no es más que una película.

Humberto Solás logró filmar con dignidad y talento. Sin chabacanería gratuita ni falso sabor local para turistas, los ingredientes esenciales del cine cubano del Período Especial. Pudo hacerlo porque trabajó sin los condicionamientos de los coproductores foráneos.

El único lastre que tuvo fue la censura. Sin censores, no sería Cuba. En la cinta, sobran los pretextos y las explicaciones pero se omiten las culpabilidades.

El autor de "Lucía" conoce en carne propia las consecuencias de rozar con un pétalo la sensibilidad aberrada de los censores. Por ello, su cine se refugió durante décadas en un pasado monumental con rostro trágico de damas operáticas.

Con "Miel para Ochún", Solás inició una trilogía fílmica que "Barrio Cuba" se propone continuar.

"Miel para Ochún" fue poco más que otra "road movie" salvada por bien fotografiados paisajes y algún que otro guiño ingenioso para espectadores avisados.

Aunque puesto a elegir sigo prefiriendo Suite Habana, de Fernando Pérez. Barrio Cuba, pese al folletinismo lacrimógeno de alguna de sus escenas, es una certera aproximación a nuestra realidad.

La fotografía incisiva de Carlos Rafael Solís hurgó sin regodeos en nuestros rincones con precisión quirúrgica. Nos hace mirarnos en un deslucido espejo ajeno al de Alicia en Wonderland.

En Barrio Cuba, la fatalidad y la desesperanza flotan inevitables sobre paredes agrietadas, barbacoas y calles sucias. Se asoma entre montones de escombros, tendederas de andrajos, perros famélicos y botellas de chispa de tren. Se agarran del estribo de camellos abarrotados que rinden viaje siempre en una misma y única terminal.

Solás contó con buenos actores para la película. Adela Legrá, María Luisa Jiménez, Coralia Veloz, Broselianda Hernández, Mario Limonta, Enrique Molina, Manuel Porto, Rafael Lahera…Todos actuaron con la más convincente sinceridad. No tuvieron que esforzarse. Por vivir aquí y ahora, conocen bien las historias. Encarnaron a cubanos en una lucha perenne, perdida de antemano, por conseguir la felicidad.

Las lágrimas de María Luisa Jiménez al recoger el premio a la película en el pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano no fueron fortuitas. Con voz quebrada por la emoción, dedicó el premio a los cubanos que no se cansan de luchar por su felicidad. La actriz sabía de qué hablaba.


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