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CULTURA
La película de nuestros barrios
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
No la hizo Visconti o Glauber Rocha. No muestra
sertones o favelas. Sólo una gran villa
miseria. La nuestra. El Llega y Pon gigante en
que, como por obra de la más negra de las
magias, nos convirtieron el país.
"Barrio Cuba", la más reciente
película de Humberto Solás, es un
recorrido angustioso por la vida cubana de ahora
mismo. El dolor no logra atenuarlo lo cotidianamente
conocido. Ni siquiera la casi letal sobredosis
de melodrama logra convencernos de que lo que
vemos en pantalla no es más que una película.
Humberto Solás logró filmar con
dignidad y talento. Sin chabacanería gratuita
ni falso sabor local para turistas, los ingredientes
esenciales del cine cubano del Período
Especial. Pudo hacerlo porque trabajó sin
los condicionamientos de los coproductores foráneos.
El único lastre que tuvo fue la censura.
Sin censores, no sería Cuba. En la cinta,
sobran los pretextos y las explicaciones pero
se omiten las culpabilidades.
El autor de "Lucía" conoce en
carne propia las consecuencias de rozar con un
pétalo la sensibilidad aberrada de los
censores. Por ello, su cine se refugió
durante décadas en un pasado monumental
con rostro trágico de damas operáticas.
Con "Miel para Ochún", Solás
inició una trilogía fílmica
que "Barrio Cuba" se propone continuar.
"Miel para Ochún" fue poco más
que otra "road movie" salvada por bien
fotografiados paisajes y algún que otro
guiño ingenioso para espectadores avisados.
Aunque puesto a elegir sigo prefiriendo Suite
Habana, de Fernando Pérez. Barrio Cuba,
pese al folletinismo lacrimógeno de alguna
de sus escenas, es una certera aproximación
a nuestra realidad.
La fotografía incisiva de Carlos Rafael
Solís hurgó sin regodeos en nuestros
rincones con precisión quirúrgica.
Nos hace mirarnos en un deslucido espejo ajeno
al de Alicia en Wonderland.
En Barrio Cuba, la fatalidad y la desesperanza
flotan inevitables sobre paredes agrietadas, barbacoas
y calles sucias. Se asoma entre montones de escombros,
tendederas de andrajos, perros famélicos
y botellas de chispa de tren. Se agarran del estribo
de camellos abarrotados que rinden viaje siempre
en una misma y única terminal.
Solás contó con buenos actores
para la película. Adela Legrá, María
Luisa Jiménez, Coralia Veloz, Broselianda
Hernández, Mario Limonta, Enrique Molina,
Manuel Porto, Rafael Lahera
Todos actuaron
con la más convincente sinceridad. No tuvieron
que esforzarse. Por vivir aquí y ahora,
conocen bien las historias. Encarnaron a cubanos
en una lucha perenne, perdida de antemano, por
conseguir la felicidad.
Las lágrimas de María Luisa Jiménez
al recoger el premio a la película en el
pasado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano
no fueron fortuitas. Con voz quebrada por la emoción,
dedicó el premio a los cubanos que no se
cansan de luchar por su felicidad. La actriz sabía
de qué hablaba.
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