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OLA
REPRESIVA
El honor de Palacios
Tania Díaz Castro
LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La intolerancia
es como la alergia: difícil de vencer.
El honor, en cambio, es una cualidad moral que
nace y muere con el individuo. En los años
que he vivido dentro del movimiento de derechos
humanos y el periodismo independiente he conocido
a muchos hombres de honor. A uno de ellos voy
a referirme: Héctor Palacios, a quien llamamos
cariñosamente "El guajiro del Escambray".
Héctor Palacios es uno de esos cubanos
campechanos a quien se le cree desde la primera
hasta la última palabra que dice, porque
habla con la mirada, con la sonrisa, con el corazón,
que ya es mucho decir. Seguro de sí mismo,
hace gala de una estabilidad emocional extraordinaria.
Su amor por su pareja jamás ha tenido altas
y bajas, y mucho menos por la mujer que lo trajo
al mundo. Es un hombre fiel a sus principios ciudadanos,
y es por esa fidelidad que va a cumplir tres años
en prisión. Un hombre pacífico hasta
la médula, que no conoce el odio ni la
venganza.
Fue condenado por desear para su patria democracia
y libertad. Por eso cumple una condena de 25 años.
Pero Héctor Palacios, con 64 años,
declarado prisionero de conciencia por Amnistía
Internacional, recluido en la cárcel-hospital
Carlos J. Finlay, en Ciudad de La Habana , debido
a su delicado estado de salud, es un vivo ejemplo
de cómo el gobierno cubano se ensaña
contra los opositores pacíficos.
El 17 de mayo del pasado año la esposa
de Palacios, Gisela Delgado, envió una
carta al jefe de estado solicitándole una
licencia extrapenal para su esposo, con el fin
de evitar un progresivo deterioro de Palacios
a causa de las enfermedades que padece.
Gisela Delgado teme un desenlace fatal. No pidió
amnistía ni indulto. Está conciente
de que nada hay que perdonarle a Palacios, devenido
en opositor cuando los sucesos del Mariel, en
1980, al descubrir la verdadera naturaleza del
régimen a través de los actos de
repudio organizados por el gobierno contra los
que se marchaban del país.
Recordemos cómo durante la dictadura de
Fulgencio Batista Fidel Castro fue favorecido
con una amnistía, solicitada precisamente
por una fracción opositora del congreso
y aceptada por el presidente. De esta forma, el
hombre que había ocasionado en 1953 la
muerte de decenas de hombres durante el ataque
al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, obtenía
la libertad dos años después de
ser condenado. Como dato curioso recordemos que
también Adolfo Hitler fue amnistiado en
1924.
El Dr. Rafael Díaz Balart, líder
de la mayoría parlamentaria en l955, escribió
que una amnistía debe ser un instrumento
de pacificación y de fraternidad, y formar
parte de un proceso de desarme moral de las pasiones
y los odios.
Con esas palabras hacía referencia a que
el jefe del ataque al cuartel Moncada, desde la
cárcel, había declarado que continuaría
la lucha violenta. Por esta razón la concesión
de la amnistía ocasionó una gran
polémica, tanto en los medios políticos
como en la prensa nacional.
Es precisamente la persona que hoy no concede
libertad ni siquiera a las decenas de opositores
enfermos que sufren una injusta prisión,
y que no escucha el llamado urgente de una mujer
que teme por la vida del esposo.
El futuro se encargará de dar el veredicto
final a esta historia. Es el único autorizado
para hacerlo.
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