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SOCIEDAD
Oqui "el prematuro"
Jannice Broche, Villa Blanca Press
SANTA CLARA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- La interrogante en el vientre de María
fue respondida de forma negligente y con impredecibles
garantías de vida hace veinticuatro años,
en el hospital gineco-obstrético Mariana
Grajales, de Santa Clara.
Oscar Luis Marrero Fernández no escapó
a las consecuencias de su humilde procedencia.
La anemia fue la victimaria de su condición
mortal desde la etapa de su desarrollo fetal.
Su integración personal a la humanidad
tuvo un significado exitoso, no así para
su familia, de catorce miembros y escasos recursos
económicos.
Los conocidos del menor justificaban su poco
peso corporal achacándolo al nacimiento
precoz que tuvo. La agobiada familia sabía
que la triste realidad era la falta de proteínas
que imperaba en la mesa a la hora de servir la
misma cena todos los días. Situación
que mejoraba algunos fines de semana con la presencia
en la mesa de huevos y algunos derivados de la
leche que "luchaba" en al calle el padre
de Oscar, ingeniero mecánico.
El pobre salario que cobraba lo llevó,
después del último embarazo de su
esposa María, a la ingestión de
vino seco, calambuco, chispa de tren y cualquier
bebida inventada que sus amigos le brindaban y
que lo mantenían casi siempre ebrio.
Oqui comenzó su primer curso escolar con
unos zapatos agujereados en las suelas, y una
enorme jaba remendada con recortes de tela, que
utilizaba para guardar sus pertenencias. En la
formación matutina ocupaba la primera posición
en la fila correspondiente a su grupo escolar.
Cuando sus compañeros de aula entraron
en confianza con él lo apodaron "el
prematuro".
Oscar Luis calificó como el primero en
la interminable lista de los niños más
desnutridos de la escuela donde cursaba sus estudios
primarios. Sin querer, el criterio de sus amigos
repercutió en su salud mental, convirtiéndolo
en una persona de carácter pesimista.
Aunque algunos piensen que Dios no fue amable
con él por la singular fealdad que le deparó
a su rostro, y por no haberle regalado ninguna
belleza a su físico, Oqui "el prematuro"
disfruta de una desconcertante inteligencia y
gran agudeza mental. Resaltan en el rostro del
debilucho niño saltones ojos pardos acompañados
de cejas escasas. Posee, además, la nariz
respingada, gruesos labios y grandes orejas que
sobresalen de su rojizo y ensortijado cabello.
Oscar continuó sus estudios en la escuela
secundaria básica Fe del Valle, en la ciudad
de Santa Clara. Como todos los adolescentes de
su edad, Oqui comenzó a preocuparse por
su apariencia personal, y a exigir a sus padres
nuevas prendas de vestir. Su papá no le
prestó atención. Y su madre poco
pudo hacer para complacer a su hijo, pues a ella
apenas le alcanzaba el dinero que ganaba limpiando
pisos, lavando y planchando las ropas de los vecinos
que le pagaban sin retrasos, y muchas veces por
adelantado.
No transcurrió mucho tiempo para que Oscar
Luis se percatara de que, a parte de ser el niño
más flaco y chiquito de su escuela, era
también el más pobre, pues tenía
que compartir con sus cinco hermanos desde el
cepillo dental hasta la ropa interior que usaba.
Al graduarse de noveno grado la necesidad lo precisó
a abandonar sus estudios y convertirse en un merolico
más de Santa Clara.
Un negociante de su vecindario le propuso a Oqui
varias opciones para sacarlo del estancamiento
económico. Sin pensarlo dos veces aceptó
vender algunos artículos frente a las tiendas
Panamericana, TRD Caribe, CUBALSE y Cubanacán,
las más céntricas de su ciudad natal.
Estaba preparado para lo peor: salir corriendo
cuando alguien dijera en voz baja "aguacero",
alertando a los vendedores de la proximidad de
la policía, que amenazaba con aplicarle
la ley de peligrosidad social a los vendedores
ambulantes.
Al principio, Oqui sólo recibía
12 pesos por cada artículo que vendiera.
Ayudaba así a su frustrada familia e iba
mejorando su economía cada vez más.
Después de un año pudo dedicarse
por completo a la compra y venta de prendas de
oro y plata, que le deja una ganancia que oscila
entre 125 y 200 pesos. Gracias a su físico
se podía confundir entre el tumulto de
clientes, disimulando sus "ilícitas"
ofertas.
La crítica y desesperante humildad que
lideraba en su hogar fue desplazada por un nuevo
estilo de vida. Oqui "el prematuro"
ahora viste y calza a la moda, y hasta ha engordado
unos kilos, en un sistema que alardea por sus
medios de comunicación de que Cuba fue
marcada con cero en lo tocante a la población
en el umbral de la pobreza.
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