PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 22, 2006
 

SOCIEDAD
Oqui "el prematuro"

Jannice Broche, Villa Blanca Press

SANTA CLARA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - La interrogante en el vientre de María fue respondida de forma negligente y con impredecibles garantías de vida hace veinticuatro años, en el hospital gineco-obstrético Mariana Grajales, de Santa Clara.

Oscar Luis Marrero Fernández no escapó a las consecuencias de su humilde procedencia. La anemia fue la victimaria de su condición mortal desde la etapa de su desarrollo fetal. Su integración personal a la humanidad tuvo un significado exitoso, no así para su familia, de catorce miembros y escasos recursos económicos.

Los conocidos del menor justificaban su poco peso corporal achacándolo al nacimiento precoz que tuvo. La agobiada familia sabía que la triste realidad era la falta de proteínas que imperaba en la mesa a la hora de servir la misma cena todos los días. Situación que mejoraba algunos fines de semana con la presencia en la mesa de huevos y algunos derivados de la leche que "luchaba" en al calle el padre de Oscar, ingeniero mecánico.

El pobre salario que cobraba lo llevó, después del último embarazo de su esposa María, a la ingestión de vino seco, calambuco, chispa de tren y cualquier bebida inventada que sus amigos le brindaban y que lo mantenían casi siempre ebrio.

Oqui comenzó su primer curso escolar con unos zapatos agujereados en las suelas, y una enorme jaba remendada con recortes de tela, que utilizaba para guardar sus pertenencias. En la formación matutina ocupaba la primera posición en la fila correspondiente a su grupo escolar. Cuando sus compañeros de aula entraron en confianza con él lo apodaron "el prematuro".

Oscar Luis calificó como el primero en la interminable lista de los niños más desnutridos de la escuela donde cursaba sus estudios primarios. Sin querer, el criterio de sus amigos repercutió en su salud mental, convirtiéndolo en una persona de carácter pesimista.

Aunque algunos piensen que Dios no fue amable con él por la singular fealdad que le deparó a su rostro, y por no haberle regalado ninguna belleza a su físico, Oqui "el prematuro" disfruta de una desconcertante inteligencia y gran agudeza mental. Resaltan en el rostro del debilucho niño saltones ojos pardos acompañados de cejas escasas. Posee, además, la nariz respingada, gruesos labios y grandes orejas que sobresalen de su rojizo y ensortijado cabello.

Oscar continuó sus estudios en la escuela secundaria básica Fe del Valle, en la ciudad de Santa Clara. Como todos los adolescentes de su edad, Oqui comenzó a preocuparse por su apariencia personal, y a exigir a sus padres nuevas prendas de vestir. Su papá no le prestó atención. Y su madre poco pudo hacer para complacer a su hijo, pues a ella apenas le alcanzaba el dinero que ganaba limpiando pisos, lavando y planchando las ropas de los vecinos que le pagaban sin retrasos, y muchas veces por adelantado.

No transcurrió mucho tiempo para que Oscar Luis se percatara de que, a parte de ser el niño más flaco y chiquito de su escuela, era también el más pobre, pues tenía que compartir con sus cinco hermanos desde el cepillo dental hasta la ropa interior que usaba. Al graduarse de noveno grado la necesidad lo precisó a abandonar sus estudios y convertirse en un merolico más de Santa Clara.

Un negociante de su vecindario le propuso a Oqui varias opciones para sacarlo del estancamiento económico. Sin pensarlo dos veces aceptó vender algunos artículos frente a las tiendas Panamericana, TRD Caribe, CUBALSE y Cubanacán, las más céntricas de su ciudad natal. Estaba preparado para lo peor: salir corriendo cuando alguien dijera en voz baja "aguacero", alertando a los vendedores de la proximidad de la policía, que amenazaba con aplicarle la ley de peligrosidad social a los vendedores ambulantes.

Al principio, Oqui sólo recibía 12 pesos por cada artículo que vendiera. Ayudaba así a su frustrada familia e iba mejorando su economía cada vez más.

Después de un año pudo dedicarse por completo a la compra y venta de prendas de oro y plata, que le deja una ganancia que oscila entre 125 y 200 pesos. Gracias a su físico se podía confundir entre el tumulto de clientes, disimulando sus "ilícitas" ofertas.

La crítica y desesperante humildad que lideraba en su hogar fue desplazada por un nuevo estilo de vida. Oqui "el prematuro" ahora viste y calza a la moda, y hasta ha engordado unos kilos, en un sistema que alardea por sus medios de comunicación de que Cuba fue marcada con cero en lo tocante a la población en el umbral de la pobreza.


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