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SOCIEDAD
Kaqui el guataqueador de Villa Blanca
Ibrahim Dionisio Rodríguez Valdés,
Villa Blanca Press
CAIBARIÉN, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- La depauperación ha llegado como tatuaje
a la piel de Kaqui, el guataqueador de Caibarién.
Los habitantes de esta ciudad lo divisan por
las calles y avenidas tocando de puerta en puerta
en las casas con jardines enyerbados, con el propósito
de limpiarlos y ganarse así el sustento
de él y su familia.
Kaqui, desafiando las disposiciones gubernamentales,
se echa su guataca al hombro, se calza sus botas
plásticas gastadas y sale a transitar los
rincones de la Villa Blanca.
Al escuchar un imponente toque en la puerta de
mi vivienda abrí con premura. Era Kaqui.
Me preguntó: "¿Desea usted
guataquear el jardín?"
"Cuando desee", le dije, "puede
comenzar".
Observé la habilidad de este hombre de
ochenta años con el instrumento de labranza,
aunque no mantenía el equilibrio, lo que
estaba justificado por su avanzada edad. Le brindé
café y noté enseguida la alegría
reflejada en sus ojos.
Sostuve una amena conversación con Kaqui.
Me dijo que era un privilegio para él tomar
café por las mañanas, ya que los
paquetes del producto que se venden en los establecimientos
normados tienen un precio de cinco pesos.
"Yo desayuné esta mañana agua
con azúcar, porque el pan lo dejo para
la merienda de mi nieta".
En Cuba, el índice de ancianos que se
suicidan es alto. Padecen frecuentemente de depresiones.
"No me quito la vida", me confesó,
"por temor".
Kaqui lleva una vida triste. Reside en la avenida
Lídice, entre las calles 14 y 16, en un
inmueble deplorable.
El guateaquedor de Villa Blanca, como lo apodan
sus coterráneos, termina exhausto sus faenas
diarias, que realiza bajo la inclemencia del sol.
"Tengo días de ganarme seis, siete
pesos, en una minucia. Pero a veces paso hambre".
Realmente Kaqui debería estar disfrutando
de su jubilación, rodeado de afectos y
atenciones. Su vejez ha sido un lóbrego
tormento, calamidades y lamentaciones. En Cuba
muchas personas de la tercera edad realizan cualquier
actividad ilícita para sobrevivir al peor
de los huracanes: el estado.
Las soluciones para los problemas de los ancianos
vendrán de la mano de una verdadera democracia,
donde se reclame con fuerza la dignidad de estas
personas marginadas de la sociedad.
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