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SOCIEDAD
El cubano de ayer y de hoy
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
Cuando el periodista cubano Eladio Secades llevaba
veinte años escribiendo crónicas
para algunos diarios de la capital habanera, se
decidió a compilarlas en 1941 bajo el título
"Estampas de la época", un verdadero
estudio psicológico, con mucho ingenio
y buen humor, de los personajes más sobresalientes
de aquella sociedad calidoscópica. El medio
loco, el guapo criollo, el picador, el chuchero,
el picúo; auténticas figuras de
nuestra nación que aún existen pese
al llamado "hombre nuevo" semejante
a Che, Lenin y Stalin.
El libro, con el título "Estampas
1941-1958", fue reeditado por la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba en 2001.
Eladio Secades nació en 1908 y se marchó
a México en 1959, cuando sintió
el ligero tufo comunista que emanaba de la revolución.
Murió en Caracas en 1976. Captó,
como ningún otro escritor de su tiempo,
la idiosincrasia del cubano y sus costumbres.
Y se divirtió de lo lindo escribiendo sus
estampas de la época, porque según
expresó, "lo que pasa en Cuba tiene
muchísima gracia".
Vigentes hoy sus personajes, nos dejamos atrapar
por el pesao, con sus chistes ácidos, por
el político cínico, por la tristeza
de la solterona, por el verraco que se deshace
del sofá, por el vecino que lanza una trompetilla
como punto final.
Leerse el libro de Eladio es recorrer las calles
de Cuba, entrar a cualquier hogar, descubrir que
nuestro mejor amigo está entre sus páginas,
y que quienes nos rodean componen ese mosaico
de seres vivitos y coleando, pero sin república.
El guapo criollo es uno de los tipos más
frecuentes en el tiempo de Eladio y en el mío.
En él hay algo de la herencia española;
es quien más golpes recibe, quien se echa
un revólver a la cintura y se deja sujetar
en una bronca. El que termina diciendo: "Si
me sueltan lo mato". El que ofende, insulta,
grita.
Porque el cubano sigue siendo el mismo, aunque
sin guayabera, zapatos de dos tonos y cadena de
oro o plata colgándole del bolsillo. El
hambre y la falta de libertad las olvida cuando
siente pasar una rumba o una conga, y hasta conserva
sus mismos gustos: el juego, la siesta y la botella.
Como el de ayer, es buen trabajador cuando gana
plata, y haragán o cimarrón cuando
se rebela contra el amo.
El picúo de ayer anda por ahí,
como el relajo criollo y el vino amargo. Según
el autor de "Estampas de la época",
donde más resalta el cubano es fuera de
Cuba, por lo exageradamente expresivo y cariñoso,
su hablar a manotazos, y hasta cuando baila música
suave con los ojos cerrados. Sale de la barbería
con un ridículo perfil de medallón
de museo y olor a novia de campo. El de hoy, con
sus trencitas y moñitos, puede competir
con un espantapájaros salido de una nave
extraterrestre.
Hoy, Eladio Secades se daría banquete
con un nuevo tipo de cubano, surgido con la revolución:
el doble moral, el actor de banderita en alto,
el que se escabulle en una marcha o manifestación
porque de pronto le entraron dolores de barriga;
el que habla de cambio en voz baja y termina diciendo
Patria o muerte en su trabajo, a toda voz, para
que lo escuche el jefe.
Son, sin dudas, los que pasan hábilmente
por el ojo de una aguja en esta Isla de corcho,
que flota sin que sepamos cómo, la misma
que para Eladio era "un terrón de
azúcar rodeado de esperanzas por todas
partes".
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