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SOCIEDAD
¿Por dónde entra el agua al cocotaxi?
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
El cocotaxi es un invento automotor cubano. La
línea prevaleciente en su diseño
es la curva, que lo asemeja al coco de agua. Al
mismo tiempo es la curva que la propaganda gubernamental
lanza desde fines del pasado año para evadir
una solución definitiva al problema del
transporte en La Habana.
Desde 1998, los cocotaxis amarillos recorren
las calles y avenidas capitalinas como una diversión
para los turistas foráneos. A pesar del
cobro en divisa, estos vehículos despertaron
cierta curiosidad, debido a su forma, al salir
a la calle.
Su diseño abierto, lo reducido del espacio,
y sobre todo el pago del trayecto en divisa contribuyeron
a que no ganaran popularidad. Sólo una
nota típica para los turistas.
Los cocotaxis en moneda nacional son un cocotazo
y una punta de lanza para los bici taxis, la respuesta
individual del cubano para trasladarse en tramos
cortos en las zonas céntricas de la ciudad.
Los primeros son más rápidos porque
son motorizados, pero no dejan de ser triciclos.
Los bici taxis, movidos por el pedaleo del conductor,
son lentos. En los primeros, como ya mencioné,
el pago del recorrido es en moneda nacional. Tres
pesos en el momento de abordarlos, y luego de
los tres primeros kilómetros, 40 centavos
por cada uno recorrido.
En Galiano y San Miguel, justo en una de las
aceras del parque que ocupa el espacio de la antigua
tienda El Encanto, hay una piquera de los flamantes
cocotaxis azul oscuro y amarillo que los distingue
de los amarillos en divisa. Precisamente allí
existió un lugar de estacionamiento de
bici taxis hasta el debut de los cocos. Ocurre
igualmente con los dos restantes puntos de recogida
establecidos en Rayo y Zanja uno, el otro en Belascoaín
y Maloja. Los dos fueron puntos de estacionamiento
para bici taxis.
El quid del asunto reside en que un bici taxi
no es controlado directamente por el Estado. Su
propietario o conductor es un trabajador por cuenta
propia, mientras que el conductor del cocotaxi
es un asalariado estatal. He aquí sin duda
la primera de las razones de la puesta en circulación
de los nuevos vehículos. Competir con el
pequeño propietario.
Sin embargo, la interrogante se mantiene: ¿Podrán
los cocotaxis convertirse en una solución
parcial, al menos, en la transportación
de pasajeros en la capital?
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