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POLITICA
Un sermón de Miramar
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
Rebelión.org no deja de sorprender. En
esta ocasión se trata, otra vez de Percy
Alvarado, el guatemalteco devenido en espía
de Castro. El mismo cuyos descargos fueron convertidos
en piezas de convicción para inculpar a
cubano americanos con las bombas detonadas en
La Habana a finales de los 90.
Hay cosas y eventos que son inolvidables. Percy
Alvarado -agente Fraile para la inteligencia castrista-
vivió sus mejores años en La Habana,
en el barrio Miramar. Esto crea una perspectiva
muy diferente. Por decirlo de otra forma, condiciona
definitivamente una manera de pensar y de ver
la vida.
Percy se marchó de Cuba a principios de
los 90. Por aquel momento, hasta Miramar se puso
difícil. Pero le quedó la añoranza
por el barrio alto y por sus generosos anfitriones.
Cuando regresó, lo hizo en la condición
de asalariado, de espía o quizás
de partner comercial.
El pobre tipo no ha dejado de ver la vida desde
el prisma de Miramar, de sus bellas casitas y
de la nueva clase opulenta y egoísta que
las ocupa.
El Fraile de Miramar dejó escrito en Rebelión.org
un virulento ataque contra el fundador del Sindicato
Solidaridad, Lech Walesa.
A diferencia de Percy-Fraile, Walesa fue un humilde
electricista que se puso del lado de la libertad
y de los suyos. Nadie le entrenó para el
espionaje y la subversión. No conoció
privilegios, se formó sin ventajas y sin
ellas capitaneó el cambio democrático
en Polonia.
Walesa se puso al frente de los sin voz, unió
su suerte a los obreros, a los disidentes y a
todos los que aspiraban a vivir en libertad en
Polonia. No hay nada extraordinario que apoye
a los disidentes de Cuba, sólo se trata
de ser consecuente con su honrosa historia personal.
En su virulento ataque contra Walesa, Percy le
recrimina que ataque a Cuba. Cabría preguntar:
¿Cual Cuba? Es recurrente en eso de desconocer
la pluralidad de Cubas que pugnan en la actualidad.
Para él sólo existe la de las banderas
negras y las antorchas, pero hay más.
En fin, siento mucha pena por Percy. Lamento
que haya terminado en el pobre fraile que dice
su sermón de Miramar para la gentecita
gris de las antorchas y las banderas negras. ¡Qué
desperdicio!
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