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DISIDENCIA
Un hombre libre y digno
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
El periodista Guillermo Fariñas está
en huelga de hambre. Su determinación fue
dada a conocer a través de una carta fechada
en Santa Clara el 31 de enero y dirigida al gobernante
Fidel Castro y a la opinión pública
internacional.
En la misiva afirma que a pesar de vivir en una
dictadura, se considera un hombre libre. Proclama
su voluntad de que ni el jefe de estado ni los
oficiales de la policía de Seguridad que
se ocupan en acecharlo, se burlen de él
ni mancillen su dignidad. Como elemento invencible
de presión, enarbola su vida. Así
de sencillo.
El Coco Fariñas se cansó de ver
pisoteado su derecho.
Con su gesto, Fariñas pretende romper
el anillo cerrado que establece el privilegio
de un grupúsculo a la información
vedada a la mayoría. Con gesto romántico
y fatal pretende conmover el hábito totalitario
implantado por una élite egoísta,
privilegiada, corrupta y cruel.
Me niego a aceptar las huelgas de hambre. Son
heroicas, terminales e inconvenientes. Pero en
este caso existen elementos que la convierten
en un evento inquietante. Guillermo Fariñas
anda con su espíritu inquebrantable en
un cuerpo severamente castigado.
Hablamos de un veterano en la lucha cívica
que conserva en sí las secuelas de numerosas
huelgas de hambre, calabozos y golpizas. Guillermo
no cejará en su empeño y morirá
inexorablemente, si la conciencia mundial no detiene
su holocausto.
Esta, aunque es sin lugar a dudas la arista más
importante de este caso, no es la única.
El caso conlleva un dilema ético insoslayable.
¿Hasta qué punto una élite
ensoberbecida puede reservarse para sí
todos los privilegios? ¿Es lícito
que un hombre y un grupo de sus seguidores se
repartan las prebendas de un poder ilegítimo
en detrimento del resto de los ciudadanos?
En Cuba sólo los paniaguados del Partido
Comunista y los extranjeros residentes y sus allegados
pueden disfrutar Internet en las condiciones exigidas
por Fariñas, para sí y para su pueblo.
Si el régimen deja morir a Fariñas,
lo hará en nombre de algo evidentemente
injusto e ilegítimo.
Curiosamente, el Comandante de las prohibiciones
declaró en sus descargos frente a la sede
diplomática norteamericana que el poder
es válido sólo frente a los que
lo temen. Parece ser que ha comprendido el leit
motiv que alienta a Fariñas y a la disidencia
interna que no se rinde.
Quizás por primera vez, esté de
acuerdo con uno de sus pronunciamientos públicos.
Fariñas, como cada quien que informa al
mundo desde Cuba, lo hace afirmado en el desconocimiento
de un poder que ya se conoce y dejó de
temerse. Se hace atado a una aprensión
y un peligro harto conocidos.
Las exigencias de nuestro colega y hermano son
claras y justas. No cabe espacio para tergiversaciones
ni segundas o terceras interpretaciones. Si tal
y como proclama Castro tiene ideas y no sólo
fuerza y policías de Seguridad dispuestos
a cumplir cualquier orden, debe reconocer el derecho
de los cubanos a sus derechos.
Esta puede ser una ocasión muy especial
para que el mundo conozca la esencia de un régimen.
Un hombre libre y digno puede morir. No podemos
permitirnos semejante lujo.
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