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DISIDENCIA
Compromiso con la libertad
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
Cerca del Río San Juan, la miseria se desbordaba.
Las carencias partían sin remedio las esperanzas.
Una casa con paredes de tabla y el techo de yaguas
brindaba una protección mínima cuando
las nubes se teñían de sombras para
verter su torrente de agua.
Había que ponerse en función de
resguardar de las precipitaciones lo que aún
era considerado servible en aquel entorno dominado
por las tribulaciones. Evitar que sobre los más
pequeños de la familia cayeran las copiosas
aguas era otra prioridad que definía una
cadena de actos enmarcados entre las fronteras
de la sobrevivencia.
La década del 60 del pasado siglo se instituía
como un látigo rasgando el aire con movimientos
hostiles. Al menos así lo ilustra León
Padrón Azcuy, el presidente del Movimiento
Liberal Cubano. Era entonces un niño habituado
al olor de las vegas de tabaco, que trataba de
olvidar las necesidades con un chapuzón
en el río y el cultivo del saber en una
pequeña escuela, allá en la ciudad
de San Juan y Martínez, en la occidental
provincia de Pinar del Río.
Perseverando, logró graduarse de Técnico
Forestal. Con voluntad continuó en la búsqueda
de conocimientos hasta llegar a la Universidad,
donde no pudo concluir sus estudios de Ingeniería
en Química. El destino lo ubicó
definitivamente en la disidencia.
Activo e indeclinable en su fe, depositada en
la valía de la democracia y en la estructuración
de la filosofía liberal, en un ambiente
político sin discriminaciones, ni dogmas
fundamentalistas. Un baluarte del pacifismo. Un
persistente difusor de las ideas que realzan la
libertad y la tolerancia. Tales definiciones fluyen
de Padrón Azcuy, un hombre de 47 años
que rechaza el odio, que cree en Dios y en una
Cuba donde la ideología no se convierta
en un coto privado de una cúpula fanatizada
con el absolutismo.
Contra la dictadura se opone, critica, denuncia.
No consiente los atropellos que con regularidad
tienen lugar a lo largo y ancho de la isla.
Conoce el asedio de las turbas, sus ofensas,
sus obscenidades, su similitud con las camisas
negras organizadas en su tiempo por el nazismo.
Despertó con las amenazas de alrededor
de 200 personas, los días 22 de julio y
12 de agosto de 2005. Algunos estaban armados
con palos y otros instrumentos útiles para
golpear con severidad, aseguró en medio
del modesto mobiliario del apartamento, ubicado
en una céntrica zona de la capital, donde
habita junto a su anciana tía de 81 años,
coaccionada sin reparos por elementos de los Comités
de Defensa de la Revolución y la Federación
de Mujeres Cubanas, dos de las instituciones que
participan en el acoso contra los disidentes y
familiares.
Poco después de estos actos de repudio,
fue golpeado por un desconocido en la vía
pública. El hecho, según estima,
podría estar vinculado a las advertencias
proferidas por personas que participaron en las
manifestaciones en su contra. Hubo alusiones y
claras muestras de lincharlo en ambas oportunidades,
indica el dirigente y fundador del Movimiento
Liberal Cubano.
Su activismo conserva la misma dinámica
pese al programa represivo que ha soportado en
los últimos meses. La fuerza para mantener
su postura viene dada en su confianza en la fundación
de una república donde se institucionalicen
y protejan los derechos civiles y políticos,
hoy ausentes del panorama social de la ínsula.
La claudicación no existe en los fundamentos
que sostienen su carácter. Apuesta por
la continuidad de la beligerancia, mientras asegura
que los recursos empleados por el régimen
para eliminar a las agrupaciones contestatarias
serán mucho más virulentos. No obstante,
afirma que su compromiso por traer a Cuba la libertad,
no es negociable.
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