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SOCIEDAD
CIVIL
El evadido del diablo
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) -
La risa es un remedio infalible. Dicen los especialistas
que reírse por lo menos dos o tres veces
al día es el mejor beneficio para evitar
los problemas cardiovasculares. Así que
nada mejor para cerrar el día, a la hora
del reposo bien ganando, leer la última
elucubración de Nefasto Boza, "Las
razones de Nefasto".
¿Quién es este personaje? Un heredero
de Liborio y del Bobo de Abela, quizás.
Sin embargo, lo identifico más bien con
un producto de algún Círculo Infantil
cuyo nombre suene a algo así como "Los
amiguitos del Trópico", o "Los
huracancitos del nuevo quinquenio".
Resulta que Víctor Manuel Domínguez,
un habanero jaranero y reidor, como buen mestizo
cubano, se diplomó como periodista al crear
al increíble personaje de Nefasto Boza.
¡Qué clase de tipo para hacerme reír
el tal Nefasto! Un certero manotazo en los labios
a ésos que graznan la despedida de duelo
de la prensa independiente cubana a cada rato.
Afirmo lo último dadas las aventuras del
personaje, una especie de Quijote sin molinos
de viento, aunque a diferencia del hidalgo, enfrente
huracanes.
Ahora, en esta entrega reciente, Nefasto se enfrascó
en "la batalla de ideas" de lleno, y
a diferencia de otros que sólo llegan al
accidente cerebro vascular -primera causa de muerte
en Cuba- acudió a la razón de la
sin razón, para definirlo de algún
modo.
Asunto de trasgresión y no de otra cosa.
Porque únicamente trepando sobre el muro
de la razón lógica, se puede meterle
el moropo -comprender- esta realidad que Nefasto
Boza pone en solfa.
El discurso de Domínguez se caracteriza
por el recurso de una cultura evidente en su texto.
Por su manejo hábil de eso que los especialistas
llaman la intertextualidad, y yo lo añado
al toque de sabor a choteo rotundo y a picardía
desprejuiciada. También por la "perversión"
del valor de los símbolos empleados para
lograr la diversión. Y hacer que el "entretenimiento"
provoque la risa que despedace la realidad y reorganice
los pedazos sueltos de un relato conocido por
vivido, pero revisto bajo la pupila inquisitiva
de quien regresa de un encuentro con el mismísimo
Diablo.
Justamente el espacio de Nefasto Boza se halla
en algún sitio entre Infierno y Paraíso.
En un punto señalado en ciertas cartografías
que, al tratar de localizarlo, hay que mirarlas
a contraluz. Y desde allí, en conclusión,
nos regala una visión caleidoscópica
de nosotros mismos
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