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SOCIEDAD
Lo que no puede exterminar el presidio
Beatriz del Carmen Pedroso
lgunos dicen que la prisión
es un palacio, otros la ven como un hermoso
jardín. Algunos sostienen que al pasar
a través de las puertas de la prisión
pasaremos del cautiverio actual a la libertad.
Monadas K. Gandhi, 1907,
Sudamérica.
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- El acontecer diario en la vida de los libres
pensadores guarda íntima relación
con el proceso de independencia y su libre determinación.
Todo pensamiento que surge en beneficio de la
verdad no puede ser exterminado, aun en el cuerpo
enfermo y cansado de un hombre que está
seguro de sus ideas. Aunque sus actos lo guíen
al mundo incierto de las sombras.
Tal es el caso de Héctor Palacio Ruiz,
a quien el estado cubano le concedió la
licencia extra penal, que, por sus propias palabras
y en honor a la realidad, "no es la libertad
definitiva".
Palacio Ruiz ha salido de la sala de penados de
la policía política del gobierno
de la Isla, situada en el Instituto Militar Carlos
J. Finlay, con disímiles padecimientos
críticos. Este acto no es legitimado por
la buena voluntad, sino por el temor a la muerte
física del individuo detrás de las
rejas.
Más de dos años de hospitalización
-de los casi cuatro que llevan los presos de la
Primavera Negra del año 2003- ha pasado
Palacios. El mal funcionamiento en el hígado,
hipertensión arterial severa, una isquemia
y serios problemas circulatorios en las piernas
han sido el remate para la vida de este luchador
por los derechos humanos y civiles en Cuba.
No se esconde casi acabado de llegar cuando declara
ante amigos y colegas en la sala de su casa que
los carceleros del precinto de Kilo 5 en la provincia
de Pinar del Río, donde estuvo confinado
en los principios de la pesadilla, son unos asesinos.
Tampoco el principio fundamental de su contienda:
'los problemas de los cubanos, son de los cubanos
y los tenemos que resolver nosotros mismos
tenemos que ser capaces de conseguir la independencia
después de tantos años de dictadura
absoluta".
Qué se puede decir de esta familia reunida
en medio de maletines, bolsos y libros. Uno sólo
puede pensar que el merecido y efímero
descanso en el hogar con los suyos puede verse
interrumpido abruptamente. Convencidos estamos
que los hierros son reales y que están
allí, esperando por cualquiera de nosotros.
El discurso oficial no ha cambiado. Sin embargo,
muchas cosas deben hacerlo. La justificación
de infelicidad e ineficacia achacada a terceros
no es sustentable. ¿Algo ha cambiado con
el presidio de cientos de hombres y mujeres? ¿Han
beneficiado al pueblo más de cuarenta años
de dictadura y miseria? ¿El desarraigo
familiar, las sospechas y las divisiones, nos
conducen a una patria diferente?
Pero más allá de las interpretaciones,
se confirma en la política del régimen
de la Isla una intención manifiesta de
perdurabilidad. Una intención de aplazar
las promesas y los compromisos contraídos
con el pueblo, bajo la excusa de un embargo, es
evidente. El subterfugio de embargar a los cubanos
culpando al vecino del norte sigue siendo la coartada
perfecta, aunque miles de compañeros, amigos
y colegas dejen sus vidas en las mazmorras del
régimen.
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