PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 28, 2006

SOCIEDAD
El pecado de conciencia

José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Hilda Molina es pequeña de estatura. Parece una mujer frágil, y tuvo un pecado natural del cual (tal vez) no es responsable. Alguna vez le resultó simpática al máximo líder, y éste decidió que la joven podía formar parte del grupo social que representara a la mujer nueva.

Hilda Molina es neurocirujana y dirigió un importante centro científico de esa especialidad en La Habana. Fue miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Un día de 1994, Hilda propuso que el centro médico que dirigía debía abrirse a todos los cubanos, y no sólo a pacientes extranjeros. La propuesta fue rechazada y la doctora Molina renunció a su cargo. Ahí radica (para las autoridades) el gran pecado de Hilda, que desató la ira del comandante. La doctora fue condenada a quedarse en la Isla para siempre.

Los intentos de Hilda para salir de Cuba a visitar a su hijo y nietos, residentes en Argentina, han sido infructuosos. En esa dirección hasta las gestiones del presidente Kirchner han fracasado.

El ensañamiento, interpretándolo políticamente, responde a la necesidad del escarmiento para ahogar el ejemplo. ¿Qué sería del publicitado "benévolo" régimen cubano si hasta sus hijos pródigos se salen del redil y deciden abandonar el país?

Para que el castigo sea ejemplar debe llegar hasta los más allegados del condenado, porque ese delito, el de conciencia, es muy peligroso. La doctora Hilda Molina hizo público un documento, donde afirma:

"La última voluntad de mi madre, humilde anciana que ha vivido prodigando el bien, es ver reunida a su familia antes de morir. Sin embargo, ante la realidad de que los que aquí gobiernan me prohíben arbitrariamente viajar al exterior desde el momento de mi ruptura con el comunismo en 1994, y aunque consciente de lo que nuestra separación implica para ella, decidimos que al menos mi madre se trasladara de inmediato a Argentina para reunirse con mi hijo y su familia, a los que adora, y recibir la atención médica que requiere y merece, a la que no tiene acceso en su patria. En el mes de mayo iniciamos los trámites al efecto, hemos realizado múltiples gestiones, pero inexplicablemente retienen su pasaporte, lo que me permite afirmar que el gobierno cubano también prohíbe a mi madre viajar al exterior".

Después de doce años de ruptura con el orden imperante, esta mujer continúa empeñada en una cruzada que puede ser sinónimo de subversión en Cuba. "Mi familia y yo -expresa la doctora Molina- no estamos solicitando algo que pertenezca al estado cubano. Sólo pedimos lo que en silencio han demandado miles de familias de esta sufrida Isla en las últimas décadas: el respeto a los legítimos, irrenunciables y pisoteados derechos familiares".

"Mi madre -agrega Hilda- jamás se vinculó con el régimen comunista, pues ella misma reiteraba una y otra vez que no podía aceptar a un gobierno que negaba a Dios".

Dios es amor y deja siempre una puerta abierta para nuestros errores. Me uno a Hilda Molina en su llamado: "Estimados amigos, en nombre de mi madre moribunda les ruego que, por favor, difundan ampliamente lo que aquí se informa, ejemplo irrefutable del devastador accionar del gobierno comunista cubano contra la familia, universalmente reconocida como la más venerable y sagrada de las instituciones".

 


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