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CULTURA
La diferencia
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Durante una hora, cada noche de miércoles,
en el mes de diciembre, el programa televisivo
del cantante Alfredo Rodríguez pretende
ser distinto. Lo propone su título: La
diferencia.
El programa lo intenta: conducción inteligente,
atmósfera sobria, intimista y entrevistas
a invitados de lujo tales como la poetisa Carilda
Oliver y los actores María Luisa Jiménez
y Jorge Perugorría.
La edición de la noche del 13 de diciembre
logró con creces ser diferente. El primer
invitado fue nada menos que el ex -fiscal y ex
-director del Instituto Cubano de Radio y Televisión,
comandante Jorge Serguera.
¡Vaya si fue diferente ver al comandante
Serguera, primero émulo de Vishinsky, y
luego comisario cultural, rodeado de velas y entrevistado
por Alfredito Rodríguez!
El comandante Serguera confesó que le
gustan los boleros, las canciones de Paul McCartney
y Elvis Presley (quién lo diría),
y que prefiere, para qué engañarnos,
el caviar a la yuca, que por algo los ricos tienen
buen gusto.
Nada más en cuanto a confesiones. Serguera,
el comandante, o Papito, Jekyll o Hyde, no tiene
nada de qué arrepentirse. Ni de sus tiempos
de fiscal en draconianos tribunales revolucionarios
cuando funcionaban febriles los paredones de fusilamiento.
Menos aún de sus años de censor
artístico sin uniforme. No fue el único
que cometió errores. Sólo lamenta
no haberlos cometido "mejor".
"Mejor" suena ambiguo cuando se habla
de condenas y censuras. Que interpreten a gusto
los televidentes. A mí, particularmente,
no me sonó a nada bueno. Por si las moscas,
Alfredito, magnífico anfitrión,
le dedicó un fragmento de "Don't Be
Cruel". No sé si a Serguera le recordaría
sus años santiagueros o a algunos de los
tronados del ICRT. Lo más probable es que
haya sentido olor a pólvora y sangre.
Alfredo Rodríguez concluyó la
entrevista agradeciendo emocionado al comandante
Serguera haberle dado la oportunidad de iniciar
su carrera artística en 1969. Alfredito
sabrá el por qué de su agradecimiento.
Después de todo, aunque no sea un buen
cantante, no es el peor.
Rodríguez tuvo la suerte de no ser de
los tronados. Era y sigue siendo, además
de buena persona, lo suficientemente inocuo para
no ser muy molestado.
Su programa anual, muy bien conducido a pesar
de algún que otro rasgo kitsch, es un soplo
de aire fresco en la politizada televisión
cubana. Ese es un buen modo de pagar su deuda
con el comandante Serguera.
Las sociedades totalitarias necesitan estrellatos
racionados y mansos para entretener a pioneros,
ancianitas y amas de casa deprimidas. No en vano,
en 1972, las autoridades checas se alarmaron cuando
supieron que el astro pop Karel Gott analizaba
una ventajosa oferta para radicarse en Alemania
Occidental.
El comandante Serguera descubrió a Alfredo
Rodríguez y, aunque no cantara como Karel
Gott, le dio la oportunidad de entretenernos mientras
"cogíamos un diez" en la construcción
inacabable del socialismo. 37 años después,
Alfredito sigue ahí, agradecido de Serguera.
Empapado de sudor o todavía tiritando.
De frío o de miedo. Quién sabe.
luicino2004@yahoo.com
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