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CULTURA
Gore Vidal en La Habana
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- El octogenario escritor norteamericano Gore
Vidal llegó a La Habana el 10 de diciembre,
en silla de ruedas y con rodilla nueva (trasplantada).
Ocupado en proclamar su adhesión al gobierno
cubano y anunciar "el eclipse de la República
Americana", Gore Vidal no supo que la mañana
de ese mismo día, una banda de porristas
con bendición policial apaleó, en
un céntrico parque de El Vedado, a quince
activistas pro democracia que pretendían
conmemorar el aniversario 58 de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.
De cualquier modo, Gore Vidal, que viajó
a Cuba con ideas pre concebidas, no se habría
inmutado con la noticia. Si acaso, hubiera buscado
alguna razón que justificara el hecho.
Si no la encontraba, sus anfitriones, gustosos,
se la habrían dado. Por supuesto, Gore
Vidal hubiera entendido. No faltaba más.
La historia no es nueva. La intelectualidad liberal
y de izquierda norteamericana tiene un largo historial
de necedades y cegueras en sus peregrinaciones
por el mundo comunista.
Lo inició John Reed en el San Petersburgo
bolchevique. Los que siguieron sus huellas se
fascinaron con la inteligencia y la sencillez
de Stalin. No se enteraron de las hambrunas, ni
de las masacres de la colectivización forzosa.
Hasta aplaudieron las purgas y los procesos de
Moscú.
La China maoísta fue su siguiente sitio
de peregrinaje. Ni siquiera los viles espectáculos
de la Revolución Cultural lograron disipar
la fascinación. En cerrada competencia
con "Hanoi" Jane Fonda, su colega Shirley
McLaine encontró en China la armonía
de un mundo idílico que siempre soñó
y se sintió tan en paz, que aprovechó
para dejar de fumar.
El colmo de la ceguera zurda y la mala fe de
los intelectuales norteamericanos la constituyó,
a finales de los años 70, la defensa que
hizo Noam Chomsky, otro de los asiduos en la Meca
de La Habana, de los millones de asesinatos en
Camboya de Pol Pot y los Khmer Rojos. Según
Chomsky, aquello no fue un genocidio, fueron sólo
"cuentos sobre las atrocidades de los comunistas".
Sólo cuentos. Para Chomsky, el verdadero
genocidio lo cometieron los Estados Unidos en
Vietnam.
No importa que, por aquellos tiempos, el ejército
norvietnamita usara armas químicas de fabricación
soviética contra las tribus rebeldes de
las montañas de Laos.
La escritora Mary McCarthy no tuvo modo de identificar
realmente a los responsables de la matanza de
Hué. No podía aceptar que hubiera
sido "la otra parte". No tuvo otra opción
que afirmar: "prefiero pensar que fueron
los norteamericanos".
Para muchos intelectuales izquierdistas norteamericanos,
los Estados Unidos son los culpables de todos
los males de este mundo. En el caso de Cuba, ellos
rechazan emocionalmente las políticas de
su gobierno y se sienten descalificados para juzgar
a las víctimas del bloqueo norteamericano.
Eso explica y justifica todo.
Gore Vidal visita una plaza sitiada y se siente
a gusto en ella. Ningún escenario puede
resultar mejor para sus denuncias contra la administración
Bush.
Gore Vidal, en La Habana o en la villa sobre
los acantilados de Amalfi de su auto exilio italiano,
no tiene por qué ser la excepción.
Su moral también es selectiva y gira a
la izquierda.
El anciano escritor americano sólo conocerá
el país que le muestren sus anfitriones
cubanos: la Escuela de Medicina Latinoamericana,
la Casa de las Américas y poco más.
No creo le sirvan de mucho las opiniones de Abel
Prieto, Roberto Fernández Retamar y Pablo
Armando Fernández. De cualquier modo, son
las voces que quiere escuchar.
Gore Vidal nunca trató de demostrar su
inocencia o sus escrúpulos. Es un apasionado
de la novela histórica y la ha aprovechado
para verter vitriolo sobre la historia de su país.
No ha tenido reparos en confesarlo. Como novelista
puede ser tan meticuloso (o descuidado) como un
historiador y a la vez reservarse el derecho de
reordenar los acontecimientos y atribuir motivaciones,
"algo que el historiador o biógrafo
escrupuloso no debería hacer nunca".
Varias veces, Gore Vidal ha confesado que durante
mucho tiempo su mayor ambición fue ser
presidente de los Estados Unidos. Tuvo que conformarse
con ser uno de los más grandes escritores
vivos de las letras americanas. No es poco.
Creo que, amén de sus opiniones políticas,
salimos ganando los lectores. Y su país
y sus paisanos también.
luicino2004@yahoo.com
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