PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 22, 2006

CULTURA
Gore Vidal en La Habana

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - El octogenario escritor norteamericano Gore Vidal llegó a La Habana el 10 de diciembre, en silla de ruedas y con rodilla nueva (trasplantada).

Ocupado en proclamar su adhesión al gobierno cubano y anunciar "el eclipse de la República Americana", Gore Vidal no supo que la mañana de ese mismo día, una banda de porristas con bendición policial apaleó, en un céntrico parque de El Vedado, a quince activistas pro democracia que pretendían conmemorar el aniversario 58 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

De cualquier modo, Gore Vidal, que viajó a Cuba con ideas pre concebidas, no se habría inmutado con la noticia. Si acaso, hubiera buscado alguna razón que justificara el hecho. Si no la encontraba, sus anfitriones, gustosos, se la habrían dado. Por supuesto, Gore Vidal hubiera entendido. No faltaba más.

La historia no es nueva. La intelectualidad liberal y de izquierda norteamericana tiene un largo historial de necedades y cegueras en sus peregrinaciones por el mundo comunista.

Lo inició John Reed en el San Petersburgo bolchevique. Los que siguieron sus huellas se fascinaron con la inteligencia y la sencillez de Stalin. No se enteraron de las hambrunas, ni de las masacres de la colectivización forzosa. Hasta aplaudieron las purgas y los procesos de Moscú.

La China maoísta fue su siguiente sitio de peregrinaje. Ni siquiera los viles espectáculos de la Revolución Cultural lograron disipar la fascinación. En cerrada competencia con "Hanoi" Jane Fonda, su colega Shirley McLaine encontró en China la armonía de un mundo idílico que siempre soñó y se sintió tan en paz, que aprovechó para dejar de fumar.

El colmo de la ceguera zurda y la mala fe de los intelectuales norteamericanos la constituyó, a finales de los años 70, la defensa que hizo Noam Chomsky, otro de los asiduos en la Meca de La Habana, de los millones de asesinatos en Camboya de Pol Pot y los Khmer Rojos. Según Chomsky, aquello no fue un genocidio, fueron sólo "cuentos sobre las atrocidades de los comunistas". Sólo cuentos. Para Chomsky, el verdadero genocidio lo cometieron los Estados Unidos en Vietnam.

No importa que, por aquellos tiempos, el ejército norvietnamita usara armas químicas de fabricación soviética contra las tribus rebeldes de las montañas de Laos.

La escritora Mary McCarthy no tuvo modo de identificar realmente a los responsables de la matanza de Hué. No podía aceptar que hubiera sido "la otra parte". No tuvo otra opción que afirmar: "prefiero pensar que fueron los norteamericanos".

Para muchos intelectuales izquierdistas norteamericanos, los Estados Unidos son los culpables de todos los males de este mundo. En el caso de Cuba, ellos rechazan emocionalmente las políticas de su gobierno y se sienten descalificados para juzgar a las víctimas del bloqueo norteamericano. Eso explica y justifica todo.

Gore Vidal visita una plaza sitiada y se siente a gusto en ella. Ningún escenario puede resultar mejor para sus denuncias contra la administración Bush.

Gore Vidal, en La Habana o en la villa sobre los acantilados de Amalfi de su auto exilio italiano, no tiene por qué ser la excepción. Su moral también es selectiva y gira a la izquierda.

El anciano escritor americano sólo conocerá el país que le muestren sus anfitriones cubanos: la Escuela de Medicina Latinoamericana, la Casa de las Américas y poco más. No creo le sirvan de mucho las opiniones de Abel Prieto, Roberto Fernández Retamar y Pablo Armando Fernández. De cualquier modo, son las voces que quiere escuchar.

Gore Vidal nunca trató de demostrar su inocencia o sus escrúpulos. Es un apasionado de la novela histórica y la ha aprovechado para verter vitriolo sobre la historia de su país. No ha tenido reparos en confesarlo. Como novelista puede ser tan meticuloso (o descuidado) como un historiador y a la vez reservarse el derecho de reordenar los acontecimientos y atribuir motivaciones, "algo que el historiador o biógrafo escrupuloso no debería hacer nunca".

Varias veces, Gore Vidal ha confesado que durante mucho tiempo su mayor ambición fue ser presidente de los Estados Unidos. Tuvo que conformarse con ser uno de los más grandes escritores vivos de las letras americanas. No es poco.

Creo que, amén de sus opiniones políticas, salimos ganando los lectores. Y su país y sus paisanos también.

luicino2004@yahoo.com


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