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CULTURA
Las pifias de Gore
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- ¿Quién lo duda? Gore Vidal es
un literato de excelencia y un pésimo creador
de opiniones. La imparcialidad falta en sus criterios,
hecho que no pueden salvar la espontaneidad y
el ingenio desplegado en su breve paso por la
Habana.
No es un pecado su inclinación a denostar
al sistema político norteamericano. Es
un derecho que le asiste como ciudadano de ese
país. Nadie le pedirá cuentas por
las agrias calificaciones contra George W. Bush
y su equipo de gobierno.
Ni propaganda enemiga, ni desacato. Ninguna estipulación
penal gravitará sobre su existencia por
permitirse poner en la palestra pública
sus ideas.
Se escandaliza el escritor por la supresión
del habeas corpus en la tierra en que nació
hace 81 años. Esgrime con fuerza la crítica
por el recorte de otros derechos civiles debido
al peligro de nuevos ataques terroristas.
Vidal se expresó con desenfado ante sus
anfitriones, aquellos que avalan el partido único
e impiden, con una ortodoxia cercana al fascismo,
la proyección de los que difieren del dogma
oficial.
Por eso la suspicacia al escuchar y leer a un
anciano que pone ciertas dosis de odio por delante
de un balance ajustado a la objetividad y a la
sencilla razón de admitir que la Cuba actual
no es ningún emporio de moralidad y eficiencia.
El talento del autor de "La ciudad y el
pilar" se nubla cuando decide obsequiar loas
a los protagonistas de la censura y la cárcel.
Quizás conozca de las labores humanitarias
internacionalistas. Es posible que se haya encantado
con los sermones que citan las "gratuidades"
y con el disfraz tropical del estalinismo.
No sé cuáles serán las motivaciones
del escritor, pero debo apuntar que no hace diana
en el círculo de su responsabilidad como
eminente intelectual y persona de gran valía
en el terreno de las letras.
Puede que el sustrato de sus visiones sea la
ignorancia, o que amargamente lance sus dardos
apostado en los bordes del cinismo. Voy a inclinarme
por lo primero, reconociendo el daño que
Gore Vidal hace al aceptar una condecoración
de quienes propugnan la muerte de la tolerancia
y la momificación de la pluralidad.
Arremeter contra la eliminación total
o parcial de algunos derechos en los Estados Unidos
desde el sitio donde la Declaración Universal
de los Derechos Humanos es un documento de carácter
subversivo, es un acto penoso.
Se impone comunicar al novelista que en Cuba
la cifra de presos políticos y de conciencia
sobrepasa los 300. También es oportuno
recordarle que decenas de escritores han tenido
que tomar el camino del exilio, o simplemente
adherirse a esos ámbitos, de igual crudeza,
dentro de las fronteras nacionales. El inxilio
es otra de las artes de la sobrevivencia para
todos los moradores de la cuneta, entre ellos
los literatos lanzados al olvido y la estigmatización
por su rebeldía.
Si Gore Vidal fuera cubano sería un candidato
a recibir en las inmediaciones de su hogar a los
soldados de las brigadas de respuesta rápida
con sus endemoniados actos de repudio. Tampoco
estaría exento de convertirse en el solitario
inquilino de una celda o en el conviviente de
una galera junto a criminales y orates.
Se dará por enterado que el habeas corpus
es un término metafísico y hasta
contrarrevolucionario. Además, podrá
percatarse de que el socialismo en Cuba es una
fruta amarga muy lejos de la dulzura que él
le encontró en un diciembre que agoniza.
He sacado mis conclusiones basado en los textos
del periódico Granma. Es probable que hayan
escamoteado el discurso si resultó incómodo
en algún momento.
De todas maneras pienso que Gore Vidal necesita
purificarse de rencores y valorar que, a pesar
de todo, el pueblo norteamericano no soporta el
rigor de una dictadura.
Lo afirma alguien que ha sufrido prisión
por intentar expresarse sin temores ni prejuicios.
¡Ah y me olvidaba!: en el juicio tuve acceso
a un abogado 10 minutos antes de su comienzo.
Yo sé muy bien lo que es un régimen
dictatorial.
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