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POLITICA
El peligro de la haitianización (I)
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Al comenzar el diciembre más largo de
la historia de la isla -gracias a la incertidumbre
social sobre lo que se considera desde el 31 de
julio "secreto de estado" y las amplias
maniobras que desarrollan los herederos políticos
de la dictadura del proletariado-, la nación
cubana puede enfrentarse a una probable desintegración
del Estado, debido ante todo: al desarrollo de
fuerzas centrífugas dentro de la sociedad;
un partido comunista en descomposición;
la pobreza y el desempleo; la violencia y la ausencia
de confianza en los sistemas e instituciones;
además de la apatía ciudadana por
participar en organismos colegiados.
Las sociedades y sus instituciones, como organismos
vivos que son, mutan, se desarrollan y se descomponen.
Ejemplos, cercanos en el tiempo, de descomposición
del Estado luego de prolongadas dictaduras son:
el caso de la Unión Soviética, ya
antes de descomponerse el Partido Comunista; Somalia,
luego de la caída de Mohamed Siad Barre;
Etiopía, luego de la huida de Mengistu
Haile Marian y por supuesto Haití, luego
del retiro en París del ultimo de los Duvalier.
La dictadura, en cualquiera de sus formas, es
un proyecto insuficiente, depravado y paralizador.
Con sus mecanismos de represión sostiene
cierto y delicado nivel de gobernabilidad. Su
ruptura, y sobre todo con la apertura a todos
los niveles que significa la libertad, implica
cierto desequilibrio que puede ser reaprovechado
por las pandillas del no cambio, para volver a
situaciones anteriores o de ingobernabilidad,
donde obtendrían sus viles beneficios.
El caso más cercano a nosotros de descomposición
del Estado desde lo político, geográfico,
etnocultural y temporal, es Haití. Las
repercusiones de los conflictos no resueltos de
nuestro vecino tiene altos niveles de referencia
en la memoria histórica de la nación
cubana e invita a incluirlo para aclarar su ascendencia.
La Revolución Francesa, con su discurso
de libertad, igualdad y fraternidad, repercutió
en Haití, una sus colonias, con una sublevación
de afro descendientes, la mayoría esclavos.
La revuelta culminó con una matanza de
europeos y sus descendientes; la huida de muchos
de estos a las costas de la zona oriental de Cuba
(Guantánamo y Santiago) y el establecimiento
de un engendro de gobierno en la zona francófona
de la isla de La Española.
La constitución de la "república
negra" creó un paradigma en las elites
políticas y culturales de sus vecinos de
lo que no se podía permitir, por lo que
muchos de ellos se cuidaron de las relaciones
con Puerto Príncipe, controlando y evitando
el crecimiento de los grupos afro descendientes,
e invadiéndolo en varias oportunidades.
En casos extremos como en República Dominicana,
el dictador Rafael Leonidas Trujillo estimuló
a mediados del siglo XX las emigraciones de europeos
blancos españoles con el fin de "mejorar
la raza" y disminuir la presencia de "negros"
en su país.
En Cuba la oposición del eminente José
Antonio Saco al mantenimiento de la esclavitud
se debió tanto al tema económico
como al social, y al balance del componente etnocultural
en la isla. Parte importante de la elite "blanca"
y sacarócrata a la que pertenecía
Saco temía la importación de esclavos
negros, debido a que podía aumentar su
número y peso específico en la vida
política y social de la isla; así
como en caso de revuelta podría dar ventaja
militar a los afro descendientes.
Existen ejemplos en nuestra historia, durantes
las guerras de independencia, donde varios de
los más prominentes independentistas euro
descendientes tuvieron reservas contra sus iguales
afro. De este pensamiento racista fueron víctimas
Padres Fundadores de nuestra nación como
los Generales Antonio Maceo, Guillermón
Moncada o Quintín Banderas, o eminentes
políticos como Juan Gualberto Gómez.
El temor fundamental de aquellos próceres,
según algunos historiadores, era que la
presencia predominante de negros en las fuerzas
independentistas, y su oficialidad, pudiera culminar
en una versión de República Haitiana.
Con la independencia en 1902 los temores no disminuyeron
en la isla. En 1910 un grupo de afro descendientes,
conscientes de los miedos que encerraba la sociedad,
propuso a la Constitución de la República
una ley por la que se prohibía constituir
partidos políticos de base étnica
o de raza. No obstante los esfuerzos conciliadores
y negociadores de los dos grupos etnoculturales
más importantes del país (blancos
y negros), durante la llamada "Guerra de
Agosto" de 1912 más de tres mil afro
cubanos fueron masacrados en las zonas de Guantánamo
y Santiago. Entre los asesinados estaban los prominentes
patriotas Martin Morúa Delgado y Evaristo
Eztenos.
Con la "solidificación" de las
estructuras de la republica en la década
40 y 50 del siglo XX, se fortalecieron las llamadas
agrupaciones y sociedades negras, de color, y
mulatas, así como sociedades etnoculturales
o gremios y asociaciones laborales, donde la mayoría
de sus afiliados eran en sentido general negros
o blancos. En esa época llegaron a niveles
prominentes políticos afro cubanos como:
Jesús Menéndez, representante de
los trabajadores azucareros y negociador en Washington
del Diferencial Azucarero; Aracelio Iglesias líder
de los proletarios del puerto y Salvador García
Agüero, adalid de los comunistas y considerado
uno de los oradores más brillantes del
siglo XX cubano; o mestizos, como Fulgencio Batista
y Saldivar, presidente electo de la república
y durante más de 30 años el llamado
"hombre fuerte" de Cuba.
Con la implantación del gobierno militar
en 1959, bajo el discurso de la igualdad social
y el combate contra el racismo y la discriminación,
se destruyó la discusión sobre el
tema y se rompieron los puentes que cruzaban el
vacío de la intolerancia etnocultural,
bajo el supuesto de que "el decreto"
borraba la ignominia. Por ende, el asunto pasó
a ser tabú, a ocultarse a la luz de la
sombra para complejizarse y encontrar menos mecanismos
de solución.
El término haitianización para la
nación cubana no es etnocultural, ni se
refiere al "temor al negro"; ya que
más del 70 % de la población en
la isla es afro descendiente. La voz haitianización,
con respecto a Cuba, se relaciona al contexto
de un "Estado fallido" o débil,
incapaz de resolver los problemas internos a los
que se enfrentan sus ciudadanos, de contribuir
con estabilidad, comercio y progreso a la prosperidad
y bienestar de sus vecinos.
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