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CULTURA
Por las calles de su Habana
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Los amantes de la paz, el amor, las cosas lindas
de esta vida, no se acostumbran a que John Lennon
haya sido asesinado, en la flor de la vida, cuando
más éxitos cosechaba como artista
y hombre.
En Cuba , los beatlemaníacos de la esfera
de la cultura lograron el 8 de diciembre del 2000
que quedara inmortalizado en el parque de 17 y
6, en el Vedado, el controvertido y excéntrico
chico de Liverpool, amante del amor, la paz, y
la tolerancia en el ser humano.
La escultura de Lennon se ve lánguida
en su banco, a donde peregrinan recién
casados, quinceañeras y hasta pagadores
de promesas.
Residentes de la zona han aprendido a cuidar
la escultura -a la que se le han arrebatado las
gafas en varias ocasiones- y los hay quienes llevan
un control de visitantes, el cual ha ido disminuyendo
con el paso de los años.
Habría que preguntarle al espíritu
del inquieto John si realmente quisiera estar
en ese parque, sentado estático, esperando
a que un pillo le quite los espejuelos sin pedírselos.
Su cuerpo desgarbado luce deprimido con tanta
ropa y protocolo.
Creo que ya él se ha encargado, en poco
más de un lustro, de pasear por las calles
habaneras y hacer apuntes para una nueva creación
que nunca termina. Sabe que la salsa, el ir y
venir, la buena onda, se fueron del Vedado hace
mucho tiempo. Este es el período del renacer
de la parte vieja de la ciudad, él quiere
estar allá también.
Pueden dejar a su doble en el parque del Vedado,
pero quiere que le pinten una cebra por alguna
callejuela del Casco Histórico y lo pongan
a caminar sobre ella, con su sonrisa irónica
, gafas de sol y camiseta que no alabe a la Gran
Manzana sino a la Habana, que ya ha hecho suya.
Quiere ver con sus propios ojos todos los contratiempos
que logran vencer los cubanos con su optimismo
y gran sentido de hospitalidad y buen humor.
Quizás piense que es mejor que lo pongan
mirando a lo que acaba de pasar por su lado, como
hacen cubanos y extranjeros cuando una bella mestiza
cubana, de ojos rasgados, pasa en sandalias o
tacones, contoneando su silueta.
Por último Lennon quiere que cerca de
allí aparezca con su gran pamela, su bien
amada Yoko, quizás mirando una vidriera
o un coche tirado por caballos.
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