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POLITICA
Cuba, el comienzo de una nueva etapa histórica
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Una nueva etapa en la historia de la nación
cubana comienza. La confirmación de esta
realidad se produjo en estos días de celebración
aplazada del cumpleaños del Presidente
Fidel Castro con la total ausencia del homenajeado
de los actos oficiales, muy en especial el 2 de
diciembre, al efectuarse una actividad política
y revista miliar con motivo del 50 aniversario
del desembarco de los expedicionarios del yate
Granma y Día de las Fuerzas Armadas; todo
lo cual indica que su estado de salud es altamente
precario.
Resulta más claro ahora que el hombre
que sustenta el poder en Cuba es su hermano Raúl
Castro, apoyado por las fuerzas armadas. El contexto
en que recibe el poder, quien durante casi cinco
décadas ha sido el segundo al mando, es
muy complicado. Los problemas que hereda son de
máxima gravedad en lo político,
económico, social, demográfico e
incluso medioambiental. En particular la pérdida
de valores espirituales de la ciudadanía
es elevada y el crédito político
de las autoridades entre la población se
encuentra altamente menguado por tantos años
de privaciones y promesas incumplidas. Hasta en
sectores como la educación, salud pública
y seguridad social, donde hubo relativos avances,
está presente un proceso acelerado de deterioro
e involución.
En el plano exterior, la situación no
es mejor. El aislamiento político y económico
de Cuba se viene agudizando y sólo quedan
las relaciones poco fiables con países
del Tercer Mundo, con alta dependencia de Venezuela,
que por medio de su petróleo sostiene la
economía cubana.
El General Raúl Castro, sin negársele
sus referencias históricas, carece del
carisma y estatura política de su hermano,
lo que él mismo ha reconocido. Con el país
en ruinas y delicados problemas políticos,
económicos y sociales, el nuevo máximo
líder y sus subordinados en la dirección
de la nación tendrán que decidir
entre dos opciones: continuar con el inmovilismo
y no hacer nada, o iniciar un proceso de reformas
que, aprovechando el potencial existente, ayuden
a elevar el nivel de vida de la población
y permitan insertar a Cuba en el contexto internacional.
La primera opción, el inmovilismo mediante
la continuación del bloqueo impuesto a
la capacidad creativa de los cubanos, de mantenerse,
llevaría el país al caos. Ya existen
evidencias palpables en el crecimiento desenfrenado
de la corrupción, fenómeno reconocido
oficialmente. Esto, en un marco de creciente miseria,
podría desembocar en explosiones sociales,
con lo que todos los cubanos sin excepción
saldríamos perdedores. Esta situación
incluso tendría un impacto desestabilizador
en países vecinos, particularmente Estados
Unidos.
La segunda variante sería el inicio de
reformas económicas que podrían
conducir a cambios políticos a más
largo plazo. Con certeza puede decirse que si
se liberaran las fuerzas productivas reprimidas
durante tantos años, rápidamente,
con el potencial existente, podrían verse
resultados satisfactorios.
El General Raúl Castro, el 2 de Diciembre,
al señalar la disposición del gobierno
cubano de iniciar negociaciones con las autoridades
norteamericanas para la eventual normalización
de las relaciones sobre la base del respeto mutuo,
generó expectativas esperanzadoras. No
obstante, cualquier negociación que se
desee iniciar, ya sea con Estados Unidos o con
Europa necesariamente tendrá que comportar
pasos demostrativos de buena voluntad.
En primer lugar estaría la liberación
de los presos de conciencia y políticos
que se encuentran en las cárceles bajo
condiciones infrahumanas. Esto no significaría
ningún peligro para el gobierno cubano
por tratarse de personas pacíficas, sin
interés de desestabilizar la nación.
Sería un gesto que todo el mundo reconocería,
positivo para la credibilidad del gobierno. Otro
paso podría ser la firma y ratificación
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos y el Pacto Internacional de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, suscritos
por la inmensa mayoría de los países.
Los norteamericanos también podrían
dar pasos iniciales promovedores de confianza
y buena voluntad hacía un proceso de negociaciones.
Un ejemplo concreto sería eliminar las
restricciones actuales al encuentro de los cubanos
de la isla con los residentes en Estados Unidos,
así como favorecer las relaciones académicas,
culturales, artísticas, deportivas y de
otra índole entre los ciudadanos de ambos
países, haciendo un uso racional de las
simpatías y vínculos históricos
existentes.
Hay que ser realistas, además del enorme
listado de problemas gravísimos a resolver
heredados por la nueva dirección, tendrá
un legado ideológico del que será
imposible desembarazarse con rapidez, aunque lo
deseara, por razones de legitimidad entre otras
cosas. No puede soslayarse que el Presidente Fidel
Castro ha sido un factor decisivo en la historia
cubana por más de 50 años, la mayoría
de ellos con un poder absoluto en un grado superlativo.
El dilema que enfrenta la actual dirección
del gobierno es evidente: inmovilismo propiciador
del caos, o reformas para alcanzar una nación
próspera, democrática y reconciliada.
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