PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 6, 2006

POLITICA
Cuba, el comienzo de una nueva etapa histórica

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Una nueva etapa en la historia de la nación cubana comienza. La confirmación de esta realidad se produjo en estos días de celebración aplazada del cumpleaños del Presidente Fidel Castro con la total ausencia del homenajeado de los actos oficiales, muy en especial el 2 de diciembre, al efectuarse una actividad política y revista miliar con motivo del 50 aniversario del desembarco de los expedicionarios del yate Granma y Día de las Fuerzas Armadas; todo lo cual indica que su estado de salud es altamente precario.

Resulta más claro ahora que el hombre que sustenta el poder en Cuba es su hermano Raúl Castro, apoyado por las fuerzas armadas. El contexto en que recibe el poder, quien durante casi cinco décadas ha sido el segundo al mando, es muy complicado. Los problemas que hereda son de máxima gravedad en lo político, económico, social, demográfico e incluso medioambiental. En particular la pérdida de valores espirituales de la ciudadanía es elevada y el crédito político de las autoridades entre la población se encuentra altamente menguado por tantos años de privaciones y promesas incumplidas. Hasta en sectores como la educación, salud pública y seguridad social, donde hubo relativos avances, está presente un proceso acelerado de deterioro e involución.

En el plano exterior, la situación no es mejor. El aislamiento político y económico de Cuba se viene agudizando y sólo quedan las relaciones poco fiables con países del Tercer Mundo, con alta dependencia de Venezuela, que por medio de su petróleo sostiene la economía cubana.

El General Raúl Castro, sin negársele sus referencias históricas, carece del carisma y estatura política de su hermano, lo que él mismo ha reconocido. Con el país en ruinas y delicados problemas políticos, económicos y sociales, el nuevo máximo líder y sus subordinados en la dirección de la nación tendrán que decidir entre dos opciones: continuar con el inmovilismo y no hacer nada, o iniciar un proceso de reformas que, aprovechando el potencial existente, ayuden a elevar el nivel de vida de la población y permitan insertar a Cuba en el contexto internacional.

La primera opción, el inmovilismo mediante la continuación del bloqueo impuesto a la capacidad creativa de los cubanos, de mantenerse, llevaría el país al caos. Ya existen evidencias palpables en el crecimiento desenfrenado de la corrupción, fenómeno reconocido oficialmente. Esto, en un marco de creciente miseria, podría desembocar en explosiones sociales, con lo que todos los cubanos sin excepción saldríamos perdedores. Esta situación incluso tendría un impacto desestabilizador en países vecinos, particularmente Estados Unidos.

La segunda variante sería el inicio de reformas económicas que podrían conducir a cambios políticos a más largo plazo. Con certeza puede decirse que si se liberaran las fuerzas productivas reprimidas durante tantos años, rápidamente, con el potencial existente, podrían verse resultados satisfactorios.

El General Raúl Castro, el 2 de Diciembre, al señalar la disposición del gobierno cubano de iniciar negociaciones con las autoridades norteamericanas para la eventual normalización de las relaciones sobre la base del respeto mutuo, generó expectativas esperanzadoras. No obstante, cualquier negociación que se desee iniciar, ya sea con Estados Unidos o con Europa necesariamente tendrá que comportar pasos demostrativos de buena voluntad.

En primer lugar estaría la liberación de los presos de conciencia y políticos que se encuentran en las cárceles bajo condiciones infrahumanas. Esto no significaría ningún peligro para el gobierno cubano por tratarse de personas pacíficas, sin interés de desestabilizar la nación. Sería un gesto que todo el mundo reconocería, positivo para la credibilidad del gobierno. Otro paso podría ser la firma y ratificación del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, suscritos por la inmensa mayoría de los países.

Los norteamericanos también podrían dar pasos iniciales promovedores de confianza y buena voluntad hacía un proceso de negociaciones. Un ejemplo concreto sería eliminar las restricciones actuales al encuentro de los cubanos de la isla con los residentes en Estados Unidos, así como favorecer las relaciones académicas, culturales, artísticas, deportivas y de otra índole entre los ciudadanos de ambos países, haciendo un uso racional de las simpatías y vínculos históricos existentes.

Hay que ser realistas, además del enorme listado de problemas gravísimos a resolver heredados por la nueva dirección, tendrá un legado ideológico del que será imposible desembarazarse con rapidez, aunque lo deseara, por razones de legitimidad entre otras cosas. No puede soslayarse que el Presidente Fidel Castro ha sido un factor decisivo en la historia cubana por más de 50 años, la mayoría de ellos con un poder absoluto en un grado superlativo.

El dilema que enfrenta la actual dirección del gobierno es evidente: inmovilismo propiciador del caos, o reformas para alcanzar una nación próspera, democrática y reconciliada.


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