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SOCIEDAD
Por la unidad cubana
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- El fraccionamiento de la sociedad cubana es
uno de los aspectos más tenebrosos y sórdidos
de estos casi 48 años de totalitarismo
en Cuba, realizado por el gobierno para doblegarla
e imponer su poder absoluto. Una nación
que durante años se caracterizó
por ser destino de oleadas de emigrantes procedentes
de diversas áreas geográficas, se
convirtió en fuente de personas que dejando
atrás todas sus pertenencias huyeron, y
continúan huyendo, en busca de la libertad
y la prosperidad negadas en su tierra.
Hoy, la quinta parte de los cubanos ha sido desarraigada
y vive en el exterior, esencialmente en Estados
Unidos, donde han sido recibidos por una sociedad
que les abrió sus brazos y donde constituyen
una de las comunidades más exitosas.
El objetivo del totalitarismo ha sido eliminar
por la vía del exilio a los sectores poblacionales
más apegados a los conceptos democráticos
y, a la vez, mostrarle a los demás el destino
que podrían tener en el caso de que presentaran
algunas "veleidades": el destierro,
práctica utilizada profusamente por los
colonialistas españoles contra los patriotas
cubanos en el Siglo XIX.
Por supuesto, ese correctivo social no ha sido
el único. Se ha combinado con la expulsión
del trabajo a los inconformes, la conversión
de las personas rebeldes en ciudadanos de tercera
clase, y, para los más osados, las cárceles
y
el paredón.
Por ello, resulta contradictoria e incomprensible
la política de Estados Unidos, implantada
en el 2004, de limitar las visitas de los cubanos
a un término de cada tres años.
Esa decisión viene como anillo al dedo
a los intereses del totalitarismo, que en todo
momento hace los mayores esfuerzos para limitar
las influencias externas sobre quienes vivimos
en el archipiélago.
Indudablemente, la separación de los cubanos,
además de tener consecuencias muy negativas
desde el punto de vista afectivo, priva de las
experiencias de nuestros hermanos a quienes estamos
en el país, y reduce la corriente de ideas
promotoras del cambio en Cuba.
Se ha dicho, con mucha razón, que el exilio
desempeñará un papel importante
en la reconstrucción del país en
la etapa post-totalitaria, que indudablemente
llegará. Esto es absolutamente cierto y
no sólo por los recursos que podría
aportar, sino por los conocimientos acumulados
en materia de gestión económica,
las posibilidades de transferir tecnología
avanzada y, lo más relevante, por las vivencias
obtenidas durante tantos años de estancia
en una nación identificada a escala planetaria
por sus altos valores democráticos.
En nuestro gran vecino del norte hay compatriotas
que han alcanzado elevados niveles en la política.
Cientos de intelectuales cubanoamericanos hoy
se desempeñan como profesores en los distintos
niveles de la educación y son numerosos
los destacados en el ámbito cultural; no
escasean los hombres de negocios triunfadores
en la competitiva sociedad norteamericana, demostrando
el valor de nuestra estirpe, cuando están
presentes las oportunidades. No pueden ser ignorados
tampoco nuestros deportistas que con sus éxitos
nos hacen sentir tan orgullosos.
Por ello, al mismo tiempo que estamos seguros
de la participación de la diáspora
en la reconstrucción nacional, consideramos
que no hay que esperar que llegue ese momento,
sino que desde ahora nuestros compatriotas deben
participar activamente junto a quienes residimos
en Cuba en el proceso de transición que
ya está en marcha, fundamentalmente en
la mente y el alma de los ciudadanos.
Para eso, necesitamos los contactos más
estrechos posibles, que precisamente las actuales
prohibiciones no facilitan, sino obstaculizan.
Hoy que en Cuba se están reacomodando las
estructuras de poder, consideramos que la participación
del exilio es todavía más urgente
e importante.
Por tanto, ayudaría extraordinariamente
la disposición del gobierno de Estados
Unido a cancelar las prohibiciones y sustituir
esas regulaciones por una política destinada
a promover los contactos de los cubanos de la
isla con los que viven en el exterior en todos
los campos: académico, científico,
artístico, cultural, deportivo y, sobre
todo, humano. Hecho que, además, facilitaría
la ayuda familiar.
Esperamos que un día no muy lejano nuestros
hermanos de todas las esferas, desde el más
humilde hasta el más célebres, compartan
en actividades conjuntas de aquí y de allá,
sin importar raza, creencias religiosas o ideas
políticas, únicamente identificados
por la condición de ser cubanos. Como dijera
Martí a Néstor L. Carbonell en memorable
carta, hace precisamente 115 años: "La
oportunidad magnífica de vernos, de hablarnos,
de poner juntos los corazones, no debemos desaprovecharla:
hay que crear
"
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