PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 28, 2006
 

SOCIEDAD
Un político cubano

José Antonio Fornaris

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El pasado miércoles, en relación con los temas que abordé en mis escritos con la organización -en eso hemos participado varias personas- de la Asociación Pro Libertad de Prensa, alguien me dijo que yo no era un periodista, que era un político.

Como el tono era neutro, no pude determinar si se trataba de una ofensa o un homenaje. De todas formas, no tengo nada en contra de los políticos. Me parecen personas con gran influencia social, y que pueden, por su talento o su falta de talento, hacer que una época (o la historia) fluya en una u otra dirección. Lo malo es cuando trabajan fundamentalmente por sus intereses personales o los de su grupo. Entonces todo se fastidia de una forma asombrosa.

De todas formas, no pude dejar de pensar en esas palabras; los políticos no son los únicos que piensan. Y mientras raspaba el viejo techo de madera del portal de la casa donde pernocto para darle un poco de lechada, y algunas personas pasaban y me saludaban -uno hasta me comentó que me había escuchado por Radio Martí-, me dije: éste el tipo de actividades que realiza un político.

Cuando llegó mi compañera, que andaba por la barriada del Vedado y empleó en el viaje de retorno más de tres horas en un trayecto que se recorre en sesenta minutos, me contó que en la intersección de las calles Agua Dulce y Vía Blanca un grupo de estudiantes forzaron las puertas del "camello" y algunos entraron por las ventanillas. Preguntó a una muchacha dónde estudiaba, y le respondió que en la escuela de formación pre-médica Salvador Allende. Y agregó: "Ellos fueron, los varones, los que formaron este lío. ¡A mí…!". Me percaté entonces que ésas son algunas de las cuestiones propias por las que atraviesa la compañera de un político.

Y sentado a la mesa, a la hora de la comida, vi que la cena estaba compuesta por la sopa del día anterior, arroz y unas hilachas de carne de cerdo, también del día anterior, y ¡plátanos fritos!, lo único cocinado en el momento. Me dije que así es como cenan los políticos.

Más tarde, cuando salí en busca de un M-6 (otra ruta de rastra adaptada para el transporte, conocido como camello), estuve 65 minutos esperando su llegada. Ya montado en el vehículo, apretujado y sintiendo el olor a zoológico que siempre se respira cuando se está dentro, me dije que seguramente así es como viaja un político.

Casi al finalizar la jornada de ese día, cuando estaba frente a mi televisor de 14 pulgadas, y que por suerte no es en blanco y negro, mirando una película argentina de los años 90, me dije que ése seguramente es el tipo de televisor que tienen los políticos, y el tipo de cine que ellos ven.

Luego me acosté en la base del box spring, pues no tengo colchón; y tras acomodarme un poco porque hay algunas zonas hundidas debido a los muelles que se han roto o han cedido, me dormí placenteramente pensando que así son las camas de los políticos cubanos.


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