|
SOCIEDAD
Un político cubano
José Antonio Fornaris
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El
pasado miércoles, en relación con
los temas que abordé en mis escritos con
la organización -en eso hemos participado
varias personas- de la Asociación Pro Libertad
de Prensa, alguien me dijo que yo no era un periodista,
que era un político.
Como el tono era neutro, no pude determinar si
se trataba de una ofensa o un homenaje. De todas
formas, no tengo nada en contra de los políticos.
Me parecen personas con gran influencia social,
y que pueden, por su talento o su falta de talento,
hacer que una época (o la historia) fluya
en una u otra dirección. Lo malo es cuando
trabajan fundamentalmente por sus intereses personales
o los de su grupo. Entonces todo se fastidia de
una forma asombrosa.
De todas formas, no pude dejar de pensar en esas
palabras; los políticos no son los únicos
que piensan. Y mientras raspaba el viejo techo
de madera del portal de la casa donde pernocto
para darle un poco de lechada, y algunas personas
pasaban y me saludaban -uno hasta me comentó
que me había escuchado por Radio Martí-,
me dije: éste el tipo de actividades que
realiza un político.
Cuando llegó mi compañera, que
andaba por la barriada del Vedado y empleó
en el viaje de retorno más de tres horas
en un trayecto que se recorre en sesenta minutos,
me contó que en la intersección
de las calles Agua Dulce y Vía Blanca un
grupo de estudiantes forzaron las puertas del
"camello" y algunos entraron por las
ventanillas. Preguntó a una muchacha dónde
estudiaba, y le respondió que en la escuela
de formación pre-médica Salvador
Allende. Y agregó: "Ellos fueron,
los varones, los que formaron este lío.
¡A mí
!". Me percaté
entonces que ésas son algunas de las cuestiones
propias por las que atraviesa la compañera
de un político.
Y sentado a la mesa, a la hora de la comida,
vi que la cena estaba compuesta por la sopa del
día anterior, arroz y unas hilachas de
carne de cerdo, también del día
anterior, y ¡plátanos fritos!, lo
único cocinado en el momento. Me dije que
así es como cenan los políticos.
Más tarde, cuando salí en busca
de un M-6 (otra ruta de rastra adaptada para el
transporte, conocido como camello), estuve 65
minutos esperando su llegada. Ya montado en el
vehículo, apretujado y sintiendo el olor
a zoológico que siempre se respira cuando
se está dentro, me dije que seguramente
así es como viaja un político.
Casi al finalizar la jornada de ese día,
cuando estaba frente a mi televisor de 14 pulgadas,
y que por suerte no es en blanco y negro, mirando
una película argentina de los años
90, me dije que ése seguramente es el tipo
de televisor que tienen los políticos,
y el tipo de cine que ellos ven.
Luego me acosté en la base del box spring,
pues no tengo colchón; y tras acomodarme
un poco porque hay algunas zonas hundidas debido
a los muelles que se han roto o han cedido, me
dormí placenteramente pensando que así
son las camas de los políticos cubanos.
|