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POLITICA
Destino preestablecido
José Antonio Fornaris
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - En
marzo de 2003 Fidel Castro le dijo a los diputados
a la Asamblea Nacional del Poder Popular que su
destino no era haber venido al mundo para descansar
al final de su vida.
Esas mismas palabras las repitió recientemente
a Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique.
Parece bueno que una persona quiera continuar
trabajando en la ancianidad. Pero ¿por
qué su destino es estar en el centro político
y económico del país? Eso no parece
la fuerza del destino. Se parece mucho más
a una tiranía personal.
Creo que nadie está en contra, aunque
hace rato que debió retirarse, de negarle
un empleo, pero ese empleo pudiera ser de abogado
en un bufete colectivo, en la agricultura sembrando
hortalizas, o de portero en un museo.
Si todos aplicamos la fórmula de que el
destino es el responsable de nuestros actos, entonces
nadie es culpable de nada, ni nadie tiene éxitos
por nada. Hasta Jack el Destripador podría
haber alegado que su destino era andar por los
suburbios de Londres matando gente.
Pero no solamente es el destino preestablecido
de Castro estar por siempre en el poder. En el
mismo caso parecen estar otros muchos viejos guerrilleros,
que continúan ocupando altos cargos partidistas,
gubernamentales y militares.
Durante años, varias de las figuras principales
del régimen han afirmado que existe una
total confianza en las nuevas generaciones y que
el relevo está garantizado. Pero a las
alturas no sube nadie.
Ascender a las alturas del poder en Cuba es mucho
más difícil que subir al Everest.
Parece que los que llegaron a las alturas en
enero de 1959 cerraron las vías de acceso,
plantaron su campamento y le pusieron por nombre
Destino.
Ejercer un poder totalitario durante mucho tiempo,
y desde ahí determinar que el destino obliga
a continuar ejerciéndolo no es el buen
deseo de un político que quiere poner su
experiencia al servicio de su causa. Es el máximo
logro de un alquimista que ha trabajado en pos
de su propia fortuna.
Pero estos tiempos nada tienen que ver con ese
tipo de alquimista, aunque un grupo se empeñe
en lo contrario, alegando que se trata del destino.
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