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SOCIEDAD
Se venden taburetes baratos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Este
anuncio comercial es muy viejo. Es de la otra
Cuba, la anterior a 1959, cuando los cubanos podían
participar de la economía a nivel nacional,
cuando cualquiera podía tener este tipo
de mueble en su casa, sobre todo las familias
de más bajos recursos.
El taburete cubano sólo se diferencia
de la silla común por su respaldar y su
fondo de cuero de res o de chivo y por los tirafondos
que unen sus piezas.
Representaba el mueble más duradero y
el preferido por los hombres. Servía para
recostarlo a la pared y acomodar los pies en el
travesaño del frente. Se vendía,
bien lo recuerdo, a precios muy bajos, como pan
caliente. Cierro los ojos y veo a mis tíos
sentados en taburetes, entre las begonias y las
rosas de mi abuela del patio, haciendo chistes
o hablando de mujeres, allá por los años
cincuenta.
Luego desapareció hasta el taburete cubano.
Puede decirse, sin caer en exageraciones, que
durante treinta años de Revolución
no se ofertaron muebles en las tiendas. A los
carpinteros particulares les prohibieron producir
y al Estado se le olvidó que reponer un
mueble en una casa era necesario y usarlos, mucho
más.
Cuando surgieron las shoppings, a inicios de
la década del noventa, por primera vez
los cubanos vimos en las vidrieras muebles a la
venta. Pero se trata de muebles importados, de
pésima calidad y a precios vedados para
el trabajador.
En días pasados el periódico Juventud
Rebelde envió a uno de sus reporteros al
municipio de Mayarí, en la provincia de
Holguín, con el fin de informar a la población
sobre la producción de taburetes en Cuba.
Por supuesto que el colega no fue claro en su
trabajo. Leyendo entre líneas puede verse
que este mueble que tanto gusta a los cubanos
no se vende a los cubanos, ni siquiera a los trabajadores
del campo, a pesar de que el taburete es símbolo
de nuestras raíces campesinas
Elogia, por ejemplo, la producción de
Arroyo Seco, donde radican los talleres holguineros
que, a su juicio, son los mejores del país.
Todos sabemos que es muy limitada la producción
de este tipo de mueble típico y que lo
poco que se fabrica se pone a la venta en algunas
tiendas de artesanía destinadas al turismo,
donde un taburete cuesta doscientos dólares.
O sea, que un trabajador que perciba 250 pesos
cubanos al mes, el salario promedio del país,
necesitaría disponer del salario de un
año y ocho meses para comprarse un solo
taburete.
La información de Juventud Rebelde deja
mucho que desear. Presenta una contradicción
que debería aclarar en algún momento.
¿Cómo es posible que la producción
de taburetes no satisfaga ni remotamente la demanda
de la población, se obtenga divisas con
lo poco que se fabrica y además se diga
que los principales consumidores son las familias
más pobres del campo?
Tengo unos amigos que para adquirir cuatro taburetes
para su casa viajaron a la provincia de Pinar
del Río, donde un carpintero particular
se los proporcionó, de forma ilegal, todos
al precio de 150 dólares.
Allí, en los talleres pinareños
que fabrican estos muebles, supo que por falta
de madera y cuero la producción estaba
parada desde hacía algún tiempo.
Sin embargo, no le fue difícil llegar a
la casa del carpintero que producía taburetes
a escondidas, de mucha mejor calidad que los que
se hacen en los talleres donde labora.
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