|
SOCIEDAD
Cuando oigo hablar de revolución energética
Oscar Sánchez Madan
MATANZAS, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Cada
vez que oigo hablar de revolución energética
en Cuba me acuerdo del gobernante Fidel Castro.
Del hombre que desde hace medio siglo conduce
nuestra nación por un camino de incertidumbres.
Fue él quien desde su posición de
jefe del Ejército Rebelde, brazo armado
que derrocó en 1959 a la dictadura de Fulgencio
Batista, se apoderó en la década
del 60 de todos los recursos del estado cubano.
Recuerdo cuando en 1973 culpó a los Centros
Estatales de Producción de ser los primeros
responsables del despilfarro de electricidad en
la isla. En aquel año dijo: "Una gran
parte de los despilfarros de electricidad corren
a cargo de las administraciones y de las despreocupaciones
en la cuestión del ahorro de la energía
eléctrica".
Sus gigantescos planes electroenergéticos
me han recordado siempre a Pinocho, a Alí
Babá y a los 40 ladrones, a Caperucita
Roja, y al Camarón Encantado. ¡Cuánta
fantasía dilapidada! ¡Cuánto
sacrificio en vano!
Pocos hablan ya de las miles de toneladas de
combustible que recibió de la desaparecida
Unión Soviética; nadie quiere pensar
en la fenecida central electronuclear de Juraguá,
Cienfuegos, aquel coloso que murió antes
de nacer por la falta de previsión del
gran hermano. Quién pudiera perdonar al
gran líder si después de tantos
fracasos, como aquél de intentar crear
un hombre nuevo que se encargaría de construir
el comunismo, hoy anhela revolucionar en pocos
años lo que su dudosa revolución
destruyó en cinco décadas de mala
administración e ineficiencia económica.
No recordarlo sería como ignorar los pasados
y presentes cortes del servicio eléctrico,
la inestabilidad del voltaje, el calor sofocante
por la inutilidad de los ventiladores, la oscuridad
y los mosquitos de siempre. ¡Cómo
olvidar las protestas de la gente, los gritos
de "ABAJO Fidel", las bromas picantes!
¿Cómo pasar por alto la gran estafa
que ha sacrificado la venta a la población,
por el Estado, de equipos electrodomésticos
defectuosos a precios exorbitantes?
Nadie debe olvidar al jefe supremo porque sería
como olvidar el incremento abusivo de las tarifas
eléctricas, los contadores de electricidad
disparados, los bolsillos vacíos. Cómo
no recordarlos precisamente ahora que recibe abundante
petróleo de Venezuela, luego de 15 años
de miserable periodo especial.
Cuando oigo hablar de revolución energética
me acuerdo, cómo no, de los trabajadores
sociales, de sus inesperados asaltos a las ineficientes
gasolineras estatales, del inusitado reemplazo
de cientos de funcionarios y empleados supuestamente
corruptos, que no les fueron fieles al inigualable
líder.
Cada vez que oigo hablar de revolución
energética, me acuerdo de los conceptos
cambio y transición. Yo, por encima de
todo amo a mi patria, a mis hermanos, a mis amigos,
a mi madre, y a José Martí.
|