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ECONOMIA
INFORMAL
María
Carla, la Mediadora de Santa Clara
Jannice Broche, Jagua Press
SANTA CLARA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) -
Desde su niñez, María Carla sintió
cierta inclinación por la literatura, pero
nunca imaginó que su asignatura favorita
la fuera a liberar de la pobreza que diariamente
apretaba el pecho de sus progenitores cuando escuchaban
las exigencias de la menuda y disciplinada niña.
Aunque sus padres trabajaban agotadoras jornadas
en un contingente cañero, el salario no
les alcanzaba para satisfacer las necesidades
del hogar. Los primeros juguetes de Mary fueron
pomos grandes vestidos con recortes de tela simulando
ser muñecas, cucharas, jarros y platos
de aluminio. Una mañana corrió el
riesgo de ser castigada cuando sorprendió
a todos con la ausencia de la punta de sus zapatos
que la llevaron y trajeron durante dos cursos
escolares. Su padre, en vez de requerirla, entendió
que las ampollas en los dedos de sus pies se lo
imploraban cada día.
Su madre, con dolor en el alma, le aseguró
que en un tiempo no muy lejano los niños
cubanos nacerían para ser felices.
Cuando comenzó su etapa de estudiante,
la pobreza que perseguía a María
Carla desde pequeña la obligó a
abandonar los estudios universitarios. Su suerte
cambió un poco cuando colocó en
la fachada de su vivienda un cartel que decía:
"Se hacen cartas de amor, amistad y suicidio
después de las nueve de la mañana".
Desde el inicio cautivó a todos los que
por allí pasaban. Un angustiado joven nicaragüense,
atraído por la originalidad de la frase,
fue su primer cliente. Era de esperar que el letrero
sólo permanecería pocos meses en
la fachada. Los inspectores estatales están
al tanto de cualquier negocio "ilícito",
aunque sea algo tan simple como escribir cartas.
Pero era tarde, porque en toda la provincia se
había difundido el rumor.
Hace unos días la visité, y asistí
al contagioso silencio del pasillo lateral de
la casa. Bajo la sombra de un pequeño bosque
en el patio del inmueble, se encontraba ella,
entre las cartas procedentes de toda Cuba.
De esta forma se ayuda a sí misma y a
los demás. Cobra por el agotador y solitario
trabajo 5 pesos. Además, a veces recibe
algún que otro regalo. María Carla
me confesó: "En el mejor de los casos
realizo un test a las personas para conocer rasgos
importantes de su personalidad. Pero es más
difícil cuando se cartean conmigo".
Me dijo también que los amantes necesitados,
en su inmensa mayoría hombres, llegan a
ella siempre con un nuevo problema que contar.
A veces son penosos, signados por el machismo.
Cada carta tiene una vigencia limitada, ya que
la tardanza de un día puede ser determinante.
Hay que tener en cuenta cuál es la palabra
o frase adecuada para dar la respuesta deseada.
Sus conocidos la nombran María Carla la
Mediadora, pues ha unificado desde noviazgos rotos
hasta matrimonios aparentemente destruidos.
María es una de las valientes muchachas
que mantiene sólidas relaciones con periodistas
independientes. Ella está al día
con la realidad opresiva de nuestro país,
y sufre en carne propia la censura cuando quiere
decir lo que siente. Piensa que vivimos en un
territorio tapiado por un gobierno capaz de nublar
cualquier idea que discrepe de su política.
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