|
HISTORIA
Crónicas de un verdugo (X y final)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - "Lo
mío fue también a causa del alcohol.
Sí, un día, borracho perdido, le
disparé a un muchacho, hijo de una vecina.
Tenía 16 años, milagrosamente no
murió. Me volvía como loco, veía
cosas, ya no distinguía la realidad de
lo imaginario. Ese día estuve bebiendo
desde por la mañana en mi despacho.
"Sí, estaba cómodo. Tenía
una oficina para mí solo en un centro de
investigaciones históricas de las FAR,
entre papeles, con aire acondicionado y una hermosa
secretaria. Pero el alcohol me dominaba, bebía
a todas horas.
"Me esforzaba, intenté dejarlo muchas
veces, pero no podía. Era más fuerte
que yo. Imagínate, yo era joven, oficial,
con auto y un hermoso apartamento en el Vedado,
soltero, con un salario excelente. ¿Qué
querías? Ya yo tenía el vicio del
alcohol, pero entonces no parábamos de
fiestar, nos sobraban las mujeres, el dinero y
la bebida. Parecía que todo nos estaba
permitido, y ese ritmo de vida precipitó
las cosas.
"Ese día había estado tomando
desde por la mañana. Tenía varias
botellas en el despacho. Había un coñac
ruso entonces, Aratat o algo así, siempre
tenía varias botellas cerca de mí.
En el comercio militar o en la casa de los oficiales
contábamos con precios de privilegio para
cualquier producto, y podía comprar todo
el ron o el coñac que quisiera a buen precio,
muy barato todo.
"No sé bien qué fue lo que
pasó. Dicen que el muchacho venía
subiendo las escaleras del edificio, yo estaba
parado en el rellano de la escalera y de pronto,
sin mediar palabra alguna, saqué la Makarov
y comencé a disparar sobre el joven. Dicen
que le disparé varias veces, que incluso
ya en el suelo le hice dos disparos más.
Realmente no recuerdo casi nada, los disparos,
el tipo que caía como en cámara
lenta, los gritos de la madre, de los vecinos
ç
"No murió, milagrosamente no murió.
Tenía siete heridas de bala en el cuerpo,
pero no murió. Quedó grave, se debatió
dos semanas entre la vida y la muerte, pero sobrevivió.
"Mis jefes y algunos amigos hicieron todo
lo posible para que la cosa no fuera a juicio.
Trataron de convencer a la mujer para que no hiciera
nada, yo le ofrecí montones de compensaciones.
Incluso le prometí que garantizaría
el futuro de su hijo y el de ella, que me iba
a ocupar de todo, pero la mujer no transigió
ni ante las amenazas. Además, la cosa había
sonado bastante, e intervino el ministro.
"Fui destituido de todos mis cargos, degradado
y pasado a retiro. Lo perdí todo en un
instante.
"No, no fui a prisión. Por suerte,
alegaron demencia momentánea, estrés,
etc. Se movieron influencias, tú sabes,
además, el chiquito no murió.
¿Qué si fue injusto? Claro que
lo fue. Yo soy un veterano, un miembro del Ejército
Rebelde, yo me jodí mucho por este país,
me jugué la vida cientos de veces, no era
para que hicieran así, a un lado para siempre.
Total, el tipo no murió, por ahí
anda muy campante.
"Recibo un retiro de basura, eso no es nada,
compadre. Como están las cosas hoy en día,
ese dinerito no alcanza para vivir. Menos mal
que conseguí este trabajito de custodio
en esta empresa, es un trabajo sencillo, sin muchas
complicaciones.
"No, no bebí más. ¿Nunca
te hablé antes del asunto de la bebida?
No me gusta hablar de eso, hace años que
no tomo, estoy sobrio desde ese día en
que lo perdí todo, por culpa de ese chiquito
el alcohol. Esa es la verdad. ¿Remordimientos?
No, ¿por qué tendría que
tenerlos?"
Crónicas
de un verdugo (I)
Crónicas
de un verdugo (II)
Crónicas
de un verdugo (III)
Crónicas
de un verdugo (IV)
Crónicas
de un verdugo (V)
Crónicas
de un verdugo (VI)
Crónicas
de un verdugo (VII)
Crónicas
de un verdugo (VIII)
Crónicas
de un verdugo (IX)
Crónicas
de un verdugo (X y final)
|