PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 21, 2006
 

RELIGION
Iconos, creencias y artesanía populares en Cuba

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - En Cuba no existe una herencia autóctona de representaciones icónicas populares de confección artesanal como la hay en Centroamérica y Sudamérica. En la mayor de las Antillas, la población existente a la llegada de los europeos desapareció por causa de los propios recién llegados.

Las representaciones que nos han llegado no van más allá de una imagen de bulto de un dios -el Cemí- atribuida a los habitantes de la región oriental de la Isla. Pero a ciencia cierta, desconocemos rituales, atributos, etc., posibles legados de creencias profesadas por esos antiguos pobladores.

Sin embargo, con el tiempo y la amalgama de creencias que forman el complejo religioso popular cubano, se hizo necesaria la aparición de representaciones icónicas de los dioses adorados. Hay que tener en cuenta también que la tradición europea de las imágenes de bulto marcó la perspectiva de producción de estas imágenes. Si en otras culturas el relieve escultórico y la pintura sirvieron de soporte a estas representaciones, en Cuba se privilegian las imágenes modeladas en yeso.

Estas se diferencian en algunos casos de sus referentes derivados de ritos institucionalizados, como ocurre con la imagen popular de la Virgen de La Caridad, patrona de Cuba. La imagen popular vendida en imágenes moldeadas en yeso, barro, etc., o impresas, muestra a los pies de la Virgen una barca con tres hombres, un signo de representación de la leyenda popular que incluye a los tres Juanes. Esta adición no está representada en la imagen original traída de España que se venera en la basílica del Cobre y coronada por el fallecido Juan Pablo II en su visita de enero de 1998. También el vestuario de la imagen cambió, pues si hace 50 años la Virgen se representaba cubierta por una capa azul, hoy la capa es amarilla, pues ese color es emblemático de Ochún, orisha de origen yoruba, con quien la identifican en la creencia sincrética conocida como Regla de Ocha, santería.

Más allá de este ejemplo, tenemos otro muy conocido en la representación del San Lázaro popular, al que representan vestido con un taparrabo color morado, muletas, piernas llagadas y uno o dos perros. Asimismo, he visto imágenes de San Lázaro en las que el pelo tiene le llega a los hombros, y en otras lo lleva más corto y luce una aureola de metal dorado detrás de la cabeza.

Aparte están las representaciones icónicas de creencias espiritistas. Entre éstas las más comunes son los indios, pieles rojas unos; otros de piel cetrina, pero con tocados de plumajes similares, y en algunos casos con la piel carmelita e idéntico tocado.

Existen en esta categoría, para decirlo de algún modo, las imágenes del negro viejo, con bastón, pero en ocasiones se encuentran con muletas muy parecidas a las del San Lázaro popular. Igualmente, lleva cubierta la pelvis por un taparrabo, pero en este caso, de color blanco. También puede encontrársele en color morado. En la frente pueden llevar una cinta blanca en contraste con la piel oscura. Los indios portan taparrabos amarillo en la mayor parte de las imágenes con dibujos a semejanza de bordados que nada tienen que ver con alguna tradición norteamericana.

A diferencia de las imágenes del Viejo Lázaro, que representan un cuerpo enflaquecido con las costillas bien marcadas, las del negro no las muestran y se contraponen físicamente con las de indios citados, pues los indios reflejan la potencia y la fuerza con su robustez.

La gestualidad de las imágenes sirven para codificar un tanto el relato imaginario que designan. Observamos que en las imágenes de la Caridad del Cobre, los Juanes están en actitud implorante, con las manos unidas a la altura del pecho, mirando hacia un cielo poblado con tres rostros de angelotes. En las figuras de San Lázaro, la pierna izquierda se adelanta a la derecha, el rostro refleja sufrimiento en las facciones hundidas y arrugadas, la posición de la cabeza puede ser ladeada o derecha, pero siempre la mirada se dirige al suelo.

En tanto, las imágenes del negro sí lo muestran un poco encorvado y apoyado en un bastón, el cuerpo da la impresión de cierta solidez y fuerza. Los indios miran al frente, tienen los brazos cruzados a la altura del pecho en gesto de invulnerabilidad, y las piernas y los pies bien separados destacan la solidez e imposibilidad de moverlos del espacio que ocupan.

Estas imágenes han sufrido cierta evolución. Si hace 50 años se vendían en tiendas especializadas o por los vendedores ambulantes, después de 1959 se dejaron de vender, y no fue hasta los años 90 del pasado siglo, cuando se autorizó a vender objetos de adorno a los trabajadores por cuenta propia, que esta industria local de imágenes religiosas volvió a prosperar.


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