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HISTORIA
El néctar dorado de Dionisio
Richard Roselló
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Según
algunos historiadores,[1] la entrada de la cerveza
a la isla se produjo entre 1725 y 1750, gracias
al contrabando que las poblaciones más
orientales, incluida Santiago de Cuba, sostenían
con la vecina Jamaica.
Pero no fue hasta la toma de La Habana por los
ingleses, en 1762, que se importó legalmente.
Sesenta años más tarde, con la instauración
del libre comercio, los puertos cubanos comenzaron
a recibir miles de contenedores. El principal
suministrador era, por supuesto, Inglaterra.
A partir de entonces, los cubanos sumaron al
tradicional gusto por el vino, herencia de la
"madre patria", la adicción a
la nueva bebida, a tal punto que durante el siglo
XIX llegaron a registrarse más de 130 marcas,
muchas de las cuales se vendían en las
llamadas pulperías, cafés, bodegas
e incluso en farmacias.
Entre las cervezas inglesas de mayor aceptación
en esta isla caribeña se encontraba la
Ale (suave, clara, estomacal, y preferida por
las damas, según afirma un Diario de La
Habana de 1832). Los tomadores podían solicitar,
además, la muy renombrada Bull Dog Head
(Cabeza de Perro), o una Jeffrey's Edimburg Ale,
una Sparkling Ale, una Bass Dawson... Las dos
últimas se vendieron bajo el asombroso
lema de cerveza propia para familias.
También a los británicos debemos
que hasta hoy muchos cubanos llamen Laguer al
espumoso líquido, con independencia de
su origen o marca; tal era el nombre (Tennet Lager)
de una cerveza también clara y de gran
demanda hacia 1850.
Ofertas de otras nacionalidades intentaron en
vano alzarse con la supremacía de sus marcas
favoritas. Entre las alemanas tuvimos la Westfalia,
Laguer Bier Frankfurt; de Bélgica, La Campana;
Noruega tuvo la Pabst; Holanda la Bavarian Beer.
De Estados Unidos llegaron Budweisser, Milwaukee,
Rochester... Pilsen y Dreher venían de
Austria. España nos envió La Estrella
y la Santander, así como otras de procedencia
francesa y portuguesa.
Por increíble que parezca, nuestros antepasados
otorgaron a la cerveza, o al menos a algunas de
sus fórmulas, propiedades medicinales.
Bajo este concepto, en las farmacias se anunciaban
diversas marcas, en especial las alemanas. Muy
promovidas fueron la Salvator Bier (1882), la
Mainzer Röh Bier (1895) y la León
(1897). Llegaron hasta el punto de recomendarlas
para niños y las amas de leche o las madres
durante el período de lactancia.
Hacia 1888 los impuestos sobre los artículos
importados se elevaron tanto que algunos comerciantes
empezaron a tomar en serio la posibilidad de fabricar
cerveza dentro del país. Sin embargo, todavía
cinco años atrás aquel empeño
constituía una verdadera utopía.
En 1841, Juan Manuel Asbert y Calixto García
habían obtenido licencia para producirla
sustituyendo cebada europea por jugo de caña
de azúcar. Ni la bebida ni la pequeña
industria montada en la capitalina San Rafael,
esquina a Águila, cumplieron con los requisitos
requeridos. Durante varias décadas, las
empresas cubanas se contentaron con embotellar
la cerveza proveniente de puertos extranjeros.
En 1883 apareció en Cárdenas, Matanzas
una fábrica en la que se elaboraba cerveza
y otras bebidas. Esta industria sobrevivió
durante muy corto tiempo. Así llegamos
a 1892, a la cervecería emplazada en la
habanera calzada de Puentes Grandes (donde ha
permanecido hasta la fecha) conocida como La Tropical.
En ella se elaboraba cerveza típicamente
cubana, aunque de baja calidad. Durante los años
siguientes la fábrica fue ampliada y la
bebida perfeccionada. Intervinieron en ello dos
maestros cerveceros, quienes viajaron a la isla,
en 1896, desde Francia y Alemania: Carlos Ludwing
y Máximo Eckelman. Ellos le otorgaron el
bouquet que le faltaba al producto.
Que la Tropical resultó ser una excelente
cerveza lo atestiguan los premios obtenidos: Gran
Prix en 1906, Gran Premio en París, en
1912. Junto a ella, la Tivoli -una competidora
nacional, confeccionada a partir de 1901 en una
fábrica de la Calzada de Palatino- cosechaba
también diversos lauros.
¿Cómo arribaba a la isla y se distribuía
la cerveza? Los envases predominantes en el comercio
cubano del siglo XVIII fueron los barriles y cuñetes.
Durante la nueva centuria la oferta se diversifica
y la cerveza comienza a introducirse por galones,
arrobas, botellas, litros... A lo largo del siglo
XIX las cervezas importadas se distribuyeron esencialmente
en las cajas de botellas y medias botellas de
vidrio. No obstante, también se emplearon
envases de cerámica y loza, aparecidos
en excavaciones arqueológicas de sitios
vinculados a actividades comerciales e incluso
en antiquísimas casonas de La Habana intramuros.
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