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SOCIEDAD
Boda a la medida
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Como
en el mundo libre, donde la gente puede intervenir
en la economía de su país, abstenerse
de votar en las elecciones presidenciales y hasta
tirarle una trompetilla al gobernante electo,
en Cuba ya están ocurriendo cosas fuera
de lo común.
No me refiero a que haya libertad económica
o libertad política, sino a algo más
raro aún. En una casa del reparto Lawton,
ese barrio orillero, como lo llamó el escritor
Roberto Fernández Retamar en conversación
con el poeta Jorge Luis Borges en 1985, se celebró
una boda con todas las de la ley. Pero una boda
diferente.
La dirección de la vivienda me la reservo.
Los nombres de los personajes también.
Así me lo pidieron.
Hace unos días se casaron dos muchachos
varones. No pasan de 25 años, y ambos llevan
nombres de poetas famosos.
A la boda me invitaron, pero como desde siempre
no me gustan estas fiestas, tampoco los bautizos
y mucho menos las despedidas de soltero, no acudí.
Eso sí, ellos mismos me contaron los detalles
y a eso voy con ustedes.
Se trata de dos artesanos que se aman. Trabajan
el barro y también hacen objetos con otros
materiales, sobre todo adornos. Se conocieron
en la famosa Plaza de la Catedral de la Habana
Vieja. O mejor dicho, allí se enamoraron.
Desde entonces son amigos inseparables. De esto
hace ya más de dos años.
Comparten sus ideas artísticas, el dinero
obtenido de su trabajo y el pequeño apartamento
donde viven, en las afueras del reparto.
Amigos suyos me han dicho que son personas tranquilas,
educadas, que tienen buenas relaciones con los
vecinos y que en el interior del inmueble no se
ha escuchado nunca una voz fuera de lo normal.
En una palabra, pudiéramos decir que estamos
ante una pareja perfecta. Mejor llevada que muchos
matrimonios heterosexuales que los rodean.
Pero ocurre que estos jóvenes son hombres,
y la sociedad aún no está acostumbrada
a esos desmanes, al hombre blanco que se une a
una negra, o a la mujer blanca que se une al negro.
Así las cosas.
Pero con estos muchachos ocurre algo muy especial.
Celebraron su boda con una sencilla fiesta a la
que asistieron numerosos vecinos del barrio, como
si de esta forma sintieran que la sociedad cubana
en general les da su aprobación.
En la fiesta hubo de todo: dulces, cerveza, ron,
bocaditos con jamón
Hasta arroz les
lanzaron a los muchachos cuando decidieron marcharse
de la fiesta y entrar en la alcoba, porque a un
hotel o a un centro turístico no pudieron
ir. La pareja es cubana.
Me contaron testigos oculares -y esto no es exageración-
que tanto el matrimonio como los invitados levantaron
sus copas y brindaron por la señora Mariela
Castro, directora del Centro Nacional de Educación
Sexual e hija de los líderes del gobierno
cubano, Raúl Castro y Vilma Espín,
quien ha promocionado en el Parlamento Cubano
una legislación que apruebe las operaciones
de cambio de sexo, algo que se hizo por primera
vez hace 55 años en Dinamarca a un soldado
de la Segunda Guerra Mundial llamado Cristian
Jorgensen.
Pero, cosa curiosa, los jóvenes de Lawton
no son travestidos, sino homosexuales. Se sienten
atraídos por el mismo sexo. Ninguno de
ellos desea operarse. Ninguno de los dos se vistió
de novia aquel día, con velo y azahares.
Todo lo contrario, con camisa y pantalón,
de acuerdo a su sexo fuerte. Es por eso que otros
vecinos les mantienen distancia. Perciben en la
pareja algo que la hace incomprensible. Y es precisamente
porque estos jóvenes se sienten orgullosos
y complacidos de ser varones. Es por eso que se
aman, es por eso, me dijeron, que celebraron una
boda a la medida de sus deseos.
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