|
HISTORIA
Experiencias de misionero en cárceles cubanas
Jaime Leygonier
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El
sacerdote católico Gérard Campagna,
misionero canadiense, se refiere, en su obra autobiográfica
"Mis campos de concentración. Experiencias
vividas en las Filipinas y en Cuba", a la
que probablemente fue la última confesión
a un condenado a muerte tolerada por las autoridades
cubanas.
Durante la ocupación japonesa de las Filipinas,
el padre Campagna sufrió prisión
en varios campos de concentración. Llegó
a Cuba unos meses antes del triunfo de Fidel Castro,
y afirma que toda Cuba es un campo de concentración,
de ahí el título de su libro.
El padre Campagna fue párroco de la parroquia
de San Pedro, en Matanzas, y uno de los curas
expulsados de Cuba en el vapor Covadonga en 1961.
Nunca más regresó a Cuba.
Relata el padre Campagna que unos días
después de su nombramiento como párroco
en San Pedro recibió una noche la visita
de un abogado que le pidió ir a las oficinas
de la Seguridad del Estado para asistir a un condenado
a muerte.
El abogado le dijo que se trataba de Antonino
Pou, un joven de 25 años que había
sido condenado esa tarde, sin posibilidad de apelación,
y que sería fusilado esa misma noche. Un
capitán del G2 había autorizado
que un sacerdote lo visitara 20 minutos.
Sigue contando el padre Campagna que cuando llegó
a la celda el joven condenado le había
parecido muy fatigado y excitado, y que se quejó
de que su mamá y su familia parecían
haberlo olvidado. Aunque el joven parecía
no escucharlo, el padre le dijo que tenían
poco tiempo y comenzó a recitar el Padrenuestro.
Al segundo, el joven se le unió.
Después de la confesión y la comunión,
el joven le dijo que se sentía más
fuerte y que incluso estaba listo para perdonar
a quienes le iban a quitar la vida. Le entregó
entonces su reloj y su sortija del colegio de
los jesuitas y le pidió que permaneciera
junto a él hasta el último momento.
El padre relata que cuando fue a pedir autorización
para cumplir el deseo del condenado, el oficial
lo apostrofó duramente: "Tú,
fuera!", cuenta que le gritó.
Según el padre Campagna, cuando los familiares
de Antonino fueron al cementerio de Matanzas los
sepultureros les dijeron que el día anterior
habían enterrado al muchacho. Se encontraban
preparando otra fosa, y cuando les preguntaron
para quién era, los trabajadores les dijeron
que era para otro alzado que sería juzgado
esa tarde.
El padre Campagna cree que su visita a Antonino
fue la última confesión católica
permitida a un condenado a muerte, costumbre que
se mantuvo al principio de la revolución.
|