PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 7 , 2006
 

HISTORIA
Crónicas de un verdugo (VI)

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El parque en penumbra, sentados en el césped bajo los flamboyanes, un grupo de jóvenes conversa. Uno de ellos toca una vieja guitarra de cajón, y los demás cantan a su alrededor. Llevan el pelo largo, visten jeans y camisetas ajadas y sucias. Los transeúntes que cruzan a esta hora por el parque de 15 y 6 en el Vedado les miran con mala cara.

Witches gather at black masses
Bodies burning in red ashes
On the hill the church in ruin
Is the scene of evil doings
It's a place for all bag sinners…

Canta a toda voz el muchacho de la guitarra, los demás le corean y fuman de un cigarillo que pasan de mano en mano. Son muy jóvenes, ninguno sobrepasa los 20 años.

Match them eating dead rats' innards
I guess it's the same wherever you may go
Oh Lord yeah…

Walpurgis, de Black Sabbath, grupo que crea furor entre los jóvenes seguidores de esa música. Los muchachos se entregan a un verdadero frenesí mientras repiten, cada vez con más fuerza, a pleno grito "oh Lord yeah". Hay mucho de desafío en este grito y en la actitud de esos jóvenes de pelo largo. No hacen nada malo, sólo cantan sus canciones favoritas. Pero están en La Habana, Cuba, en 1971. Ya quedaron atrás los peligrosos 60, en que por menos que esto podías ir a parar a un campamento de las UMAP en plena llanura camagüeyana. Eso dicen.

Carry banners which denounce the lord
See me rocking in my grave
See them anoint my head with dead rat's blood
See them stick the stake through me
Oh Lord yeah…

Un auto patrulla de la policía pasa despacio por la calle 15. Se detiene unos segundos, y un policía conversa con un hombre oculto en las sombras de los flamboyanes de la acera. Minutos después, dos camiones verde olivo se detienen en la calle 6. Hombres de uniforme saltan ordenadamente a la acera. Un capitán da las órdenes. Es un tipo de mediana estatura, enjuto. Suelta las órdenes como ladridos. Los soldados corren formados en dos hileras a través del parque en dirección a los jóvenes de pelo largo. El muchacho de la guitarra los ve llegar y da el aviso. No se mueven del lugar, comienzan a cantar, más alto esta vez, el War Pigs de Black Sabbath.

Los guardias se lanzan contra el grupo, armados de sus cascos de acero pintados de blanco. Son los temidos cascos blancos. Golpean sin misericordia, a diestra y siniestra. Corre la sangre, y se escuchan quejidos mezclados con la canción que no cesa hasta pasados unos minutos, en que los guardias rompen la guitarra del líder del grupo, y lo hacen caer a tierra mientras le propinan una verdadera paliza.

Los amarran unos a otros por las muñecas. Forman una hilera ensangrentada y rota. Los alinean frente al camión. El capitán corta con una tijera los cabellos, corta las campanas de los pantalones, corta las cadenas y abalorios que cuelgan de cuellos y muñecas.

"Lacras sociales, maricones, lumpens, pelúos, desviados ideológicos, depravados penetrados…" Esas y otras lindezas les grita el capitán. "Los va a coger la rueda de la historia, lacras, desviados, viciosos…" y repite una y otra vez el repertorio de insultos. Los jóvenes guardan silencio con la cabeza baja. Los más lastimados se sostienen como pueden de sus compañeros en mejor estado.

Desde los edificios circundantes los vecinos contemplan la escena. Algunas ventanas se cierran. Es una tarde hermosa, comienza a anochecer. El capitán orden a los muchachos subir a los vehículos. Entre empellones y golpes de los guardias trepan a los camiones verdes.

En medio de la tarde que se cierra, desde uno de los camiones se escucha la letra de una canción que habla de un hombre de hierro, de un hombre ciego y de una revancha. Los golpes la acallan enseguida.

Desde un banco del parque de 15 y 6 en el Vedado, escondido entre las siemprevivas, oculto del capitán, del auto patrullero y de los vecinos, un John Lennon que aún no es bronce sentado en el parque, que aún no es icono ni es compañero de fotos para turistas, cruza las piernas, baja la cabeza, y escribe sobre ciertas cosas que imagina, sobre ciertos sueños.

Crónicas de un verdugo (I)

Crónicas de un verdugo (II)

Crónicas de un verdugo (III)

Crónicas de un verdugo (IV)

Crónicas de un verdugo (V)

Crónicas de un verdugo (VI)

Crónicas de un verdugo (VII)

Crónicas de un verdugo (VIII)

Crónicas de un verdugo (IX)

Crónicas de un verdugo (X y final)

 


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