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HISTORIA
Crónicas de un verdugo (VI)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El
parque en penumbra, sentados en el césped
bajo los flamboyanes, un grupo de jóvenes
conversa. Uno de ellos toca una vieja guitarra
de cajón, y los demás cantan a su
alrededor. Llevan el pelo largo, visten jeans
y camisetas ajadas y sucias. Los transeúntes
que cruzan a esta hora por el parque de 15 y 6
en el Vedado les miran con mala cara.
Witches gather at black masses
Bodies burning in red ashes
On the hill the church in ruin
Is the scene of evil doings
It's a place for all bag sinners
Canta a toda voz el muchacho de la guitarra,
los demás le corean y fuman de un cigarillo
que pasan de mano en mano. Son muy jóvenes,
ninguno sobrepasa los 20 años.
Match them eating dead rats' innards
I guess it's the same wherever you may go
Oh Lord yeah
Walpurgis, de Black Sabbath, grupo que crea furor
entre los jóvenes seguidores de esa música.
Los muchachos se entregan a un verdadero frenesí
mientras repiten, cada vez con más fuerza,
a pleno grito "oh Lord yeah". Hay mucho
de desafío en este grito y en la actitud
de esos jóvenes de pelo largo. No hacen
nada malo, sólo cantan sus canciones favoritas.
Pero están en La Habana, Cuba, en 1971.
Ya quedaron atrás los peligrosos 60, en
que por menos que esto podías ir a parar
a un campamento de las UMAP en plena llanura camagüeyana.
Eso dicen.
Carry banners which denounce the lord
See me rocking in my grave
See them anoint my head with dead rat's blood
See them stick the stake through me
Oh Lord yeah
Un auto patrulla de la policía pasa despacio
por la calle 15. Se detiene unos segundos, y un
policía conversa con un hombre oculto en
las sombras de los flamboyanes de la acera. Minutos
después, dos camiones verde olivo se detienen
en la calle 6. Hombres de uniforme saltan ordenadamente
a la acera. Un capitán da las órdenes.
Es un tipo de mediana estatura, enjuto. Suelta
las órdenes como ladridos. Los soldados
corren formados en dos hileras a través
del parque en dirección a los jóvenes
de pelo largo. El muchacho de la guitarra los
ve llegar y da el aviso. No se mueven del lugar,
comienzan a cantar, más alto esta vez,
el War Pigs de Black Sabbath.
Los guardias se lanzan contra el grupo, armados
de sus cascos de acero pintados de blanco. Son
los temidos cascos blancos. Golpean sin misericordia,
a diestra y siniestra. Corre la sangre, y se escuchan
quejidos mezclados con la canción que no
cesa hasta pasados unos minutos, en que los guardias
rompen la guitarra del líder del grupo,
y lo hacen caer a tierra mientras le propinan
una verdadera paliza.
Los amarran unos a otros por las muñecas.
Forman una hilera ensangrentada y rota. Los alinean
frente al camión. El capitán corta
con una tijera los cabellos, corta las campanas
de los pantalones, corta las cadenas y abalorios
que cuelgan de cuellos y muñecas.
"Lacras sociales, maricones, lumpens, pelúos,
desviados ideológicos, depravados penetrados
"
Esas y otras lindezas les grita el capitán.
"Los va a coger la rueda de la historia,
lacras, desviados, viciosos
" y repite
una y otra vez el repertorio de insultos. Los
jóvenes guardan silencio con la cabeza
baja. Los más lastimados se sostienen como
pueden de sus compañeros en mejor estado.
Desde los edificios circundantes los vecinos
contemplan la escena. Algunas ventanas se cierran.
Es una tarde hermosa, comienza a anochecer. El
capitán orden a los muchachos subir a los
vehículos. Entre empellones y golpes de
los guardias trepan a los camiones verdes.
En medio de la tarde que se cierra, desde uno
de los camiones se escucha la letra de una canción
que habla de un hombre de hierro, de un hombre
ciego y de una revancha. Los golpes la acallan
enseguida.
Desde un banco del parque de 15 y 6 en el Vedado,
escondido entre las siemprevivas, oculto del capitán,
del auto patrullero y de los vecinos, un John
Lennon que aún no es bronce sentado en
el parque, que aún no es icono ni es compañero
de fotos para turistas, cruza las piernas, baja
la cabeza, y escribe sobre ciertas cosas que imagina,
sobre ciertos sueños.
Crónicas
de un verdugo (I)
Crónicas
de un verdugo (II)
Crónicas
de un verdugo (III)
Crónicas
de un verdugo (IV)
Crónicas
de un verdugo (V)
Crónicas
de un verdugo (VI)
Crónicas
de un verdugo (VII)
Crónicas
de un verdugo (VIII)
Crónicas
de un verdugo (IX)
Crónicas
de un verdugo (X y final)
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