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SOCIEDAD
La moneda cubana, sus imágenes
José Antonio Fornaris, Cuba Verdad
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubane.org) - En
las monedas de todos los países del mundo
pueden verse las imágenes de quienes, presunta
o realmente, son paradigma de ciudadanos. Cuba
no es la excepción de la regla, y en el
peso, su moneda oficial, están grabados
los rostros de grandes hombres y personas conocidas.
El billete de un peso lleva la imagen de José
Martí, el hombre que organizó una
guerra sin odios, y que soñó con
una república con todos y para el bien
de todos. El gobierno cubano considera a Martí
autor intelectual del asalto al cuartel Moncada.
En la denominación de tres pesos puede
verse la imagen del argentino Ernesto Che Guevara,
quien afirmaba que no se debía temer a
la guerra. Guevara defendía la teoría
del odio: "El odio como factor de lucha;
el odio intransigente al enemigo, que impulsa
más allá de las limitaciones naturales
del ser humano y lo convierte en una efectiva,
violenta, selectiva y fría máquina
de matar". Che fue derrotado en el Congo,
y su derrota en Bolivia fue de tal magnitud que
la última persona que habló con
él fue un cubano, oficial de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA).
En el billete de cinco pesos se reproduce el
rostro de Antonio Maceo, General del Ejército
Libertador, a quien la historia recuerda como
un capitán de leyendas. El Titán
de Bronce es considerado por el régimen
cubano como símbolo de la rebeldía
nacional debido a su negativa a aceptar el Pacto
del Zanjón que puso fin a diez años
de guerra, pero que no concluyó con la
independencia de Cuba. Maceo y un grupo de patriotas
protagonizaron la Protesta de Baraguá en
la que reafirmaban su decisión de continuar
la lucha armada. Poco tiempo después Maceo
tuvo que aceptar la realidad de que en aquel momento
era imposible continuar la guerra. Las autoridades
españolas le brindaron las facilidades
para salir de Cuba.
En el billete de diez pesos resalta la figura
de Máximo Gómez, dominicano que
se convirtió en el Generalísimo
del Ejército Libertador de Cuba. Se considera
un hombre dotado en extremo para el ejercicio
de la vida militar. Alcanzó a ver a Cuba
libre de España, y la instauración
de la república.
En el billete de veinte pesos destaca la imagen
de Camilo Cienfuegos, joven guerrillero que, tras
el triunfo de la revolución en 1959, se
convirtió en el más popular y carismático
de los comandantes rebeldes. Unos meses después,
en octubre, el avión en que viajaba de
Camagüey a La Habana desapareció sin
dejar rastro.
En el billete de cincuenta está impreso
el rostro del General Calixto García, quien
participó en las tres guerras de independencia
del siglo XIX contra España: la Guerra
de los Diez Años, la Guerra Chiquita y
la Guerra del 95, organizada por José Martí.
Calixto García protagonizó una protesta
cívica cuando el ejército interventor
de los Estados Unidos no le permitió entrar
con sus fuerzas en la ciudad de Santiago de Cuba.
Este prócer no pudo prever que en la república
por la que tanto batalló, los cubanos sólo
podrían entrar en los hoteles como sirvientes,
en muchos casos para servir a españoles
de las nuevas generaciones, y que españoles
ya abuelos llevarían a la cama a jovencitas
cubanas por el solo hecho de traer en sus billeteras,
primero pesetas, y ahora euros.
En la moneda de cien pesos, que prácticamente
no circula, está la imagen de Carlos Manuel
de Céspedes, a quien se le considera Padre
de la Patria. Abogado, terrateniente, que a pocos
días de haber iniciado la contienda emancipadora
impartió las instrucciones necesarias para
solicitar la anexión de Cuba a los Estados
Unidos. Solicitud que presentó en varias
ocasiones.
En los billetes cubanos no está Ignacio
Agramonte, un hombre a quien José Martí
calificó como diamante con alma de beso,
que quiso dotar a la revolución iniciada
por Céspedes de los mecanismos democráticos
necesarios. La historia lo recuerda como el paradigma
del ciudadano en todos los órdenes. Su
anticomunismo era proverbial. Agramonte escribió:
"La centralización hace desaparecer
ese individualismo cuya conservación es
necesaria a la sociedad. De allí al comunismo
no hay más que un paso: se comienza por
declarar impotente al individuo y se concluye
por justificar la intervención de la sociedad
en su acción, destruyendo su libertad,
sujetando a un reglamento su deseo, sus pensamientos,
sus más íntimas afecciones, sus
necesidades, sus acciones todas".
Otro de los que tampoco está en la moneda
nacional es Francisco Vicente Aguilera, organizador
junto a Céspedes del Grito de Yara, que
dio inicio a la Guerra de los Diez Años.
En su momento fue considerado el hombre más
acaudalado de la Isla. Murió pobre en el
extranjero, pero nunca dejó de luchar por
la libertad de Cuba.
Estos ejemplos ayudan a demostrar que la presencia
de los muertos la eternizan los vivos, y que el
mayor o menor grado de inmortalidad puede estar
en función de intereses políticos.
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