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SOCIEDAD
Callejón sin salida
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Cualquier día de la semana puede ser el
comienzo del infortunio, tanto para los residentes
como para los visitantes de la capital, cuando
un inesperado apagón mañanero llega
para paralizar a casi toda la ciudad.
La imprevista fatalidad trae como resultado que
todos los centros comerciales y recreativos cierren
en el acto. Los paseos imaginados por padres e
hijos se deshacen como pompas de jabón.
El parque de la Maestranza, uno de los lugares
de diversión infantil más populares
-ubicado en la Avenida del Puerto- ha tenido que
cerrar. Lo mismo pasa con tantos lugares abiertos
al público en el Casco Histórico
de la Habana Vieja, así como en la Rampa
y otros sitios que pueden tener asistentes esperando
para disfrutar de los espectáculos.
De esto no se salvan ni los que se quedan en
casa, que deben soportar el calor sofocante. A
veces, cerca del mediodía, se va restableciendo
la electricidad en la ciudad. Así, muchos
deciden abandonar la casa en busca de alguna distracción.
Si difícil está el transporte urbano,
lo que sufren los trabajadores y habitantes de
la barriada de Lawton es indescriptible porque,
a pesar de que esta localidad tiene un paradero
de ómnibus, éstos brillan por su
ausencia, van llegando y nunca vuelven a salir,
y que lo digan los usuarios que deben tomar las
rutas 23 y 174 , que terminan sus recorridos en
el Vedado.
La 174 fue una de las rutas de más carros
en La Habana de hace 20 años, cuando salían
del paradero cada cinco minutos, Después
fueron demorando un poco en sus salidas, pero
siempre había la manera de cogerlas. Los
primeros de la cola están a veces esperándola
por más de una hora, que puede convertirse
en dos. Se protegen del sol en los portales de
las casas de la calle 16, donde hacen historias
sobre tiempos mejores.
Otro tanto sucede con los que esperan la ruta
23 después del mediodía, porque
en el cambio de turno de la tarde, guaguas y choferes
desaparecen. Por eso es común ver que llegue
a la cola una persona que puede ser un trabajador
del paradero para dejar el mensaje de cuánto
demorará, o a qué hora volverá
a salir. Estas rutas tienen itinerarios muy específicos
y largos, y por tanto, tienen mucha demanda
Contra los pasajeros de esta terminal conspira
también que en la misma no existen taxibuses
ni otras variantes, como las piqueras de carros
particulares, cuyos choferes no llegan hasta este
punto capitalino.
Una decena de ómnibus nuevos de color
naranja se exponen a la entrada del paradero.
Los ciudadanos comentan que deben ser pintados
en otro lugar, y bromean diciendo que una cosa
tan simple demorará más de lo normal,
se perderán piezas, etc. Todo lo que vaya
en contra de dar un bien servicio a la población.
Cuando llega la hora de que comiencen a aparecer
cualquiera de estas rutas se llenan en el acto,
y así llegan a la última parada,
con el inconveniente de que las personas pueden
ser recibidas con fuertes aguaceros que caen sin
avisar. Y no hay techos ni sombrillas para cobijarse.
Al paradero de Lawton lo llaman "El Hueco",
para describir su inaccesibilidad. Lo que fuera
un reparto céntrico no hace tanto, ya es
un lugar de difícil acceso. Y lo peor es
salir de él, por lo que lograr una permuta
desde allí para el centro de la capital
es una quimera.
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