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SOCIEDAD
Casos y cosas de Cuba: ¿Terminal de ómnibus o
estercolero nacional?
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Antes de decidirse a viajar en Cuba hay que pensarlo
dos veces y hasta tres o cuatro, si se es una
persona sensata y precavida.
Lo más normal del mundo es que si usted
se encuentra de vacaciones junto a su esposa e
hijos valore la posibilidad de visitar alguno
de los lugares hermosos, paradisíacos,
que abundan en la Isla. Pero no, la idea de hacer
turismo nacional está excluida, porque
a esos idílicos lugares usted no tiene
acceso. Esos sitios están reservados únicamente
a los turistas extranjeros.
Bueno, queda la posibilidad de visitar a los
parientes o a algún amigo que vive en el
interior del país, o si reside en la provincia
satisfacer el deseo de andar La Habana, caminar
por el Prado, tomar fresco en el Malecón,
fotografiarse en el Capitolio. Para eso debe ser
usted una persona arriesgada, paciente y a prueba
de disgustos y maltratos.
Ignacio y Marilola son de esa raza de seres valientes,
y decidieron viajar a Ciego de Ávila a
visitar a sus tíos y primos, a quienes
no veían desde hace 10 años. Puestas
de acuerdo las partes, Ignacio sufrió varios
días y noches interminables de cola en
una de las oficinas de reservaciones de la capital.
El primer contratiempo se presentó cuando,
después de una semana de cola, rectificaciones
de cola, pases de lista y guardias en la acera
de la oficina, ya frente a la ventanilla de venta
de boletines le informaron que no quedaban pasajes
para viajar a Ciego de Ávila en la fecha
que él deseaba. Pidió otra opción
de fecha y la empleada, malhumorada, le dijo que
ya estaba vendido el mes de julio completo.
Pero Ignacio y Marilola son de esas personas
que no se rinden fácilmente, y decidieron
viajar por la lista de espera. Su vecino Gaspar
les aseguró que la nueva terminal acondicionada
para la lista de espera en La Coubre era una maravilla
y que reunía todas las condiciones. Además
-Gaspar es un tipo muy revolucionario- dijo con
gran seguridad: "Y están en servicio
los nuevos ómnibus Yutong, modernísimos,
de China. ¿Ustedes no escucharon lo que
dijo Fidel? El problema del transporte es historia,
compañeros".
Entusiasmados y optimistas por las palabras
de Gaspar, y porque recordaron haber leído
en Granma algo sobre las nuevas guaguas chinas
y sobre la solución del problema del transporte
de forma definitiva, empacaron sus cosas y madrugaron
rumbo a la Terminal
Llegar a la dichosa estación fue una
verdadera odisea, pero no nos detendremos en estos
detalles. Tres horas después de salir de
la casa arribaron a La Coubre. El lugar es una
mezcla de corral de ganado, almacén de
fertilizantes y campamento cañero. Horrorizados,
contemplaron aquel sitio dantesco, y ya que estaban
allí decidieron entrar. Tarea compleja,
pues cientos de aspirantes a viajeros se hacinaban
en las áreas circundantes y dormían
sobre los equipajes. Les costó mucho llegar
a la puerta. Un penetrante olor a podrido rodeaba
el lugar. Aguas negras malolientes ocupaban la
zona que debió ser concebida originalmente
para jardines.
Ya dentro, descubrieron que sólo habían
vencido los obstáculos más fáciles.
Cientos de personas se amontonaban dentro en todas
las posiciones posibles e imposibles. Con mucho
trabajo lograron llegar a la taquilla y pedir
un turno para la lista de espera de Ciego de Ávila.
Les tocaron los números 257 y 258.
Tres días permanecieron esperando. Tres
días en que sólo cuatro guaguas
Yutong se acercaron a la Terminal para recoger
a 25 pasajeros con rumbo a Ciego de Ávila.
A ese ritmo, calcularon, se pasarían las
vacaciones en el infierno, porque eso es la famosa
Terminal Lista de Espera. Mal olor permanente,
calor agobiante, personas apiñadas de cualquier
forma, bandoleros, vendedores ambulantes, estafadores
que hacen zafra entre los aspirantes a viajeros.
La cola en los baños es interminable, tan
enorme como la falta de información, como
el desorden general.
Sin agua, hambreados luego de gastar casi todo
el dinero en malcomer alguna que otra porquería
carísima de las que venden en ese antro,
faltos de higiene y de sueño, se rindieron.
Desesperanzados, regresaron a casa. Para viajar
habrá que esperar tiempos mejores, se dijeron.
Nada, casos y cosas de Cuba.
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