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SOCIEDAD
La vivienda en Cuba
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Uno de los problemas más graves que afronta
Cuba actualmente es el habitacional. Su incidencia
social resulta significativa, y no pocas de las
penalidades y sufrimientos presentes son en gran
medida consecuencia de la falta de techo para
la familia o de que en muchas viviendas residan
hacinadas varias generaciones en espacios ruinosos,
sin perspectivas reales de mejoría.
La construcción de 48,752 viviendas en
el primer semestre del año y la ejecución
de 230,900 acciones de conservación y rehabilitación
de las existentes fueron anunciadas por el gobierno
el pasado 16 de agosto. Se reconoce que el 67,7%
de las edificadas corresponden a lugares donde
había familias residentes, o sea, fueron
terminaciones que no corresponden a una ampliación
sustancial del espacio habitable. No puede olvidarse
que decenas de miles de viviendas han sido destruidas
por huracanes y ciclones en los últimos
años, con lo que innumerables familias
se han visto obligadas a buscar refugio en albergues
colectivos por mucho tiempo.
De de las 230,900 acciones de conservación
y rehabilitación, un por ciento muy elevado
(más del 45,0%) estuvieron dirigidas a
arreglar y reponer techos devastados por los ciclones.
En conclusión, el déficit de viviendas
en Cuba, estimado oficialmente, que supera las
500 mil unidades -más de un millón
según otras fuentes-, demanda un aporte
significativo de nuevas capacidades para atenuarlo.
Lo mismo puede decirse de las viviendas que requieren
urgente reparación, no sólo por
los daños sufridos debido a fenómenos
meteorológicos en los últimos años
(más de 600 mil), sino también por
la prolongada falta de mantenimiento y de mínima
atención debido a la carencia de recursos
por parte de la población durante decenios.
Según estimados del oficial Instituto Nacional
de la Vivienda, el 43% del fondo habitacional
se encuentra en malas y regulares condiciones
y el 8% está integrado por las cuarterías,
ciudadelas, viviendas precarias aisladas y las
ubicadas en focos o barrios marginales, porcentajes
casi seguro superiores en la realidad.
La profunda crisis de la vivienda es producto
de un sistema que, también en esta esfera,
ha frenado la iniciativa del cubano. Si se quisiera
realmente resolver esta angustiosa problemática,
tendrían que abandonarse los mecanismos
burocratizados de gestión, el control centralizado
de los materiales de construcción por parte
del gobierno y la selección que se hace
para la venta de estos recursos, basada en el
clientelismo político, a través
de la supuesta búsqueda de "una destacada
conducta social y revolucionaria
"
La población requiere con urgencia la
libre venta de los recursos y la eliminación
de todas las trabas que hoy dificultan hasta la
reparación más elemental de una
vivienda. Debe dejarse a los constructores organizarse
libremente para desarrollar sus iniciativas y
especializarse. Eso permitirá la reparación
con calidad de las edificaciones existentes y
la construcción de nuevas, confortables
y duraderas, no como las que estamos viendo erigirse,
caracterizadas generalmente por ser endebles y
de poca durabilidad, en un país donde periódicamente
se sufren serios embates de fenómenos atmosféricos.
En modo alguno esto significa que el Estado deba
retirarse de la construcción de viviendas.
Objetivamente, en ninguna parte del mundo la sociedad
puede obviar este importante tema y dejarlo sólo
en manos del mercado. Es menester su dedicación
a construir viviendas populares para los sectores
de menores recursos, así como contribuir
en gran medida a las inversiones inducidas por
los proyectos urbanísticos, tales como
alcantarillados, redes de conducción de
agua, electricidad, gas, escuelas, hospitales
y otros elementos indispensables para la población.
También puede ayudar en la solución
de los problemas habitacionales mediante correctas
políticas crediticias y fiscales, entre
otras. Pero si algo ha enseñado la experiencia
cubana es que la absoluta monopolización
por parte del Estado de las actividades económicas
y sociales conduce a un inevitable desastre en
cualquier programa de desarrollo, o en el mejor
de los casos a costosos y deficientes resultados.
Contribuiría a la solución del
problema de la vivienda el otorgamiento de la
propiedad a todos los actuales usufructuarios
onerosos, o sea, aquellas personas que actualmente
habitan las casas sin pagarlas, pero sin ser dueñas.
Es necesario que las personas se sientan propietarias
reales de sus viviendas, con las responsabilidades
inherentes. Se acabarían las largas gestiones
para poder repararlas o ampliarlas, subarrendarlas,
canjearlas a conveniencia, e incluso venderlas.
Eso daría gran flexibilidad para la solución
del problema habitacional, y sería un acicate,
a fin de que muchos cubanos emprendedores puedan
dedicar sus esfuerzos al progreso de este decisivo
aspecto de la vida nacional.
Como han señalado algunos estudiosos en
el exterior, basados en experiencias de otros
pueblos, la propiedad de la vivienda podría
servir más adelante como garantía
de préstamos para el desarrollo de actividades
empresariales pequeñas o medianas, y así
contribuir, como un sólido pivote, al desarrollo
del país.
La complejidad del problema habitacional cubano
es muy grande. Resulta claro que en el sistema
totalitario imperante está la raíz
del mal. Con su permanencia jamás habrá
una verdadera solución, por el contrario,
el daño crecerá con sus perversas
cargas de penurias para la población.
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