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HISTORIA
La Cuba actual no es ni libre ni soberana
Oscar Sánchez Madan
MATANZAS, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - La
defensa de la soberanía de Cuba ha sido
siempre el pretexto utilizado por el régimen
totalitario y militarista de La Habana para justificar
las flagrantes violaciones de los derechos fundamentales
del pueblo cubano.
El inapropiado empleo de dicho concepto y la
anacrónica política castrista han
hecho posible, para desgracia nuestra, que la
actual gerontocracia marxista leninista que desgobierna
el país haya mantenido inamovible, aún
después de la afortunada desaparición
de los otrora represivos estados comunistas de
Europa Oriental, un régimen de despotismo
moderno de férreo control ciudadano, que
desprecia las libertades esenciales y la dignidad
humana.
La soberanía de un país pertenece
por entero al pueblo, de él deben emanar
todos los poderes del Estado. Quienes nacimos
en Cuba sabemos que nuestra isla es de principio
democrático, sepultado durante más
de medio siglo.
Cuando en 1959 triunfó en Cuba la revolución
que derrocó a la dictadura de Fulgencio
Batista, los partidarios del castrismo, autotitulados
por esa fecha frenéticos defensores de
las más genuinas ideas democráticas,
tuvieron la oportunidad histórica de devolver
al pueblo la soberanía, como lo habían
prometido en 1954. Ellos comandaban entonces el
proceso revolucionario que más tarde traicionaron.
Bastaba para ello restablecer la constitución
democrática de 1940, hecho que hubiera
posibilitado la creación de un auténtico
estado de derecho en el que se asegurara la participación
ciudadana en la solución de los acuciantes
problemas del país.
Pero no lo hicieron, establecieron en cambio
un régimen estalinista que depositó
en manos de un caudillo militar todos los poderes
de la nación. De esa manera, la soberanía
de Cuba continúo sepultada. Al pueblo sólo
le quedaron dos alternativas: luchar por la libertad
u obedecer.
En el primer lustro de la década del 60,
el gobierno revolucionario, convertido ya en dictadura,
se apropio manu militari, por medio de una gigantesca
y sangrienta cacería de brujas, del destino
de la nación. Esto facilitó que
en abril de 1961 los comisarios castristas declararan
el carácter socialista -entiéndase
comunista- de la ya para entonces traicionada
revolución.
Las ideas liberales, democráticas y humanistas
del más brillante de los cubanos, José
Martí, y de los más sobresalientes
próceres de nuestra independencia fueron
ignominiosamente suplantadas por un estalinizado
catetismo marxista leninista enarbolado en Europa
por las marionetas rusas.
En tales condiciones surgía en la isla
una odiosa, aunque muy habilidosa tiranía
unipersonal, que se encargó de decir adiós
a aquella oportuna idea civilista que nos legó
Martí, cuando dijo, que "un pueblo
no es la voluntad de un hombre solo, sino la composición
de muchas voluntades". El régimen
comunista obvió malintencionadamente ese
principio democrático y martiano.
En ese sentido, los comisarios tropicales, sedientos
de poder y necesitados de recursos y de apoyo
externo con que sostenerlo, llenaron la isla de
asesores económicos y de agentes militares
soviéticos e instalaron en ella bases militares
rusas provistas de armas ofensivas. Esto originó
en octubre de 1962 la sonada crisis de los cohetes
nucleares, la cual puso en peligro la existencia
de la nación, y del planeta, ya que Estados
Unidos al sentirse peligrosamente amenazados estuvo
a punto de invadir el territorio nacional con
el propósito de defenderse. Nadie podría
imaginar las nefastas consecuencias que hubiera
sufrido la humanidad de haberse desatado una guerra
nuclear.
Durante la planificación e instalación
de las mencionadas armas estratégicas,
el pueblo de Cuba no fue consultado. Con el decursar
de los años y desconociendo la voluntad
de los ciudadanos, la dictadura marxista fue subordinando
la economía cubana a los mandatos del Kremlin,
y se introdujeron los métodos de "ordeno
y mando" heredados del estalinismo ortodoxo
ruso.
En el sistema nacional de educación se
establecieron como asignaturas obligatorias el
ateísmo, el marxismo leninismo, y el idioma
ruso.
Para colmo de males, sin que mediara una asamblea
constituyente, el Partido Comunista, refundado
en los años 60, redactó un proyecto
de Carta Magna que fue aprobado en 1976 en un
espurio referendo organizado, dirigido y controlado
por la dictadura. La nueva constitución
se nutrió de los postulados básicos
consagrados en la ley fundamental soviética.
En la misma se limita o prohíbe el ejercicio,
por parte de los ciudadanos, de los derechos y
libertades básicos reconocidos y proclamados
por la organización de Naciones Unidas.
Asimismo, en dicho documento, se juraba en su
primera redacción -luego fue modificada-
fidelidad a la metrópoli euroasiática.
Conociendo toda esa historia, que por cierto
es mucho más amplia, oscura y dramática,
podemos percatarnos fácilmente de la falsedad
de la política del régimen con relación
a la defensa de nuestra soberanía. Estos
irrebatibles argumentos nos permiten afirmar con
seguridad que la Cuba actual no es ni libre ni
soberana. Lo será cuando desaparezca el
sistema dictatorial de partido único que
amenaza, encarcela, tortura y mata a quienes desaprueban
la ideología oficial y trabajan en favor
de la reconciliación, la paz y la creación
de un Estado democrático y de derecho,
en el que el pueblo vuelva a ser el soberano.
El discurso mentiroso y manipulador utilizado
por el castrismo, relacionado con el supuesto
peligro de agresión militar estadounidense
contra la isla, y por consiguiente, con la presunta
defensa de la soberanía nacional, ha constituido
en todos estos años de totalitarismo rufianesco,
un ardid para justificar la opresión y
la intolerancia policial.
Quienes les han estado apoyando dentro y fuera
de Cuba, son responsables de la dantesca carnicería
que ha tenido lugar en las últimas cinco
décadas. La sangre derramada por miles
de compatriotas en las cárceles y en los
paredones de fusilamientos nos llama a la reflexión.
Permanecer en silencio, con los brazos cruzados,
ante el diluvio de mentiras de la tiranía,
es un crimen imperdonable.
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