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SOCIEDAD
Tabaco
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Aunque se llama Leopoldo, todos lo conocen por
Tabaco. Desde muy joven tiene la costumbre de
encender el tabaco, fumarlo un poco, y ya apagado,
mantenerlo en la boca horas y horas. Dice que
es mejor que estar echando humo como un diablo,
llenándose los pulmones de alquitrán,
lo mismo que suelta el tubo de escape de un camión.
Tabaco vive en un solar desde que nació
hace más de 80 años. No está
muy seguro si le dijeron que abrió los
ojos por primera vez cuando se puso de moda La
Chambelona, la conga de los liberales. O cuando
el campeón mundial de ajedrez, Emmanuel
Lasker, perdió su título ante Capablanca.
De todas formas, está seguro de que tiene
más de ochenta y una historia que se las
trae. Ha tenido mujeres como un trastornado, más
de quince hijos y más de un millón
de amigos.
En el barrio Atarés, del municipio Cerro,
en Ciudad de La Habana, donde vive desde que aprendió
a caminar, lo quieren todos sus vecinos, porque
este anciano que asegura puede todavía
con su alma, le hace un favor a cualquiera y aconseja
a todo el que toca a su puerta.
Vive agradecido de la vida, y sobre todo de dos
hijos que residen en Estados Unidos, quienes lo
ayudan a mantener siempre en la casa algo de comer.
"Sin ellos me moriría de hambre",
dice, mientras se ríe de oreja a oreja,
como el hombre feliz que dice ser.
Le pregunto por aquéllos que lo rodean
y mira el techo, pensando. Se quita el tabaco
de los labios y me responde:
"Mis vecinos están sufriendo mucho,
callados, aguantando. El período especial,
que se alarga más que una tripa de puerco,
está acabando con la gente. A mí
me fastidia el corazón ver que los niños
se alimentan tan mal. Yo creo que cualquier negro
cubano de aquellos trágicos años
de la esclavitud se alimentaba mejor que los cubanos
de hoy. Sinceramente. Hoy Cuba está peor,
mucho peor. No importa que la prensa escriba lo
contrario de nuestro presente, un presente que
está ante los ojos de todos. La gente vive
muy mal y el que vive algo mejor que el resto
de la gente es porque la familia de afuera lo
ayuda".
Con su mirada penetrante me mira como si quisiera
descubrir mis pensamientos. Le da una chupada
al mocho de tabaco que tiene entre los dedos y
me pregunta si no soy del "aparato",
que es como el pueblo llama a los agentes de la
Seguridad del Estado.
"¿Tiene miedo?", le pregunto
sonriendo.
"Nada de eso. Yo hablo hasta por los codos.
Mucho más cuando aprieto el tabaco con
la boca. Le digo la verdad a cualquiera. En mi
opinión, estamos mal porque la gente tiene
miedo. Oiga, que si se tiraran para la calle cien,
doscientas, quinientas personas, reclamando lo
que tienen que reclamar: comida, vivienda, transporte,
derecho a comprar en las tiendas como Dios manda,
sobre todo si se trata de personas que trabajan,
que doblan el lomo, otro gallo cantaría".
"¿Qué quiere decir con otro
gallo cantaría?"
"¿Que qué quiero decir? ¡No
me diga que usted no lo sabe! Pues colorín
colorao, que el cuento está acabao".
Tabaco se levanta. Insiste en colar café.
Sobre el televisor tiene su radio-grabadora, en
una esquina del cuarto un refrigerador moderno,
de los que no hacen hielo, una licuadora y un
exprimidor de naranjas. Regalos de sus hijos que
viven en Tampa.
Se acerca con las tazas y le celebro las bonitas
pantuflas que le mandaron la semana pasada. Cuando
se sienta de nuevo, después de vaciar su
taza, me dice:
"Aunque usted no lo crea, soy el negro que
mejor vive en Atarés. Porque como caliente
todos los días. No por mi jubilación,
claro que no. Esa la uso para las boberías.
Para otra cosa no sirve".
Me despido de Tabaco y salgo a la calle. El espectáculo
que voy dejando atrás es conmovedor e impresionante:
personas en plena calle sin hacer nada, niños
jugando con palos y piedras porque no tienen juguetes.
Según la prensa nacional, Atarés
tiene una población de 12,352 habitantes.
El 50% de sus viviendas son solares, todos en
mal estado. En ellos viven más de cinco
mil personas, la mayoría ancianos y niños.
Atarés no es la única prueba del
fracaso socialista. Es, sin dudas, un barrio más.
Uno de los tantos donde el cubano, sobre todo
el cubano negro, vive peor que antes.
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