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POLITICA
En aras de la libertad
Dr. Darsi Ferrer Ramírez
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
La repentina salida del escenario político
del exgobernante Fidel Castro ha generado un sin
número de reacciones y, como es lógico,
despierta una gran expectativa sobre la repercusión
que tendrá el final biológico de
su existencia en el desmantelamiento de la tiranía
que sojuzga las libertades y derechos de los cubanos.
Por estos días, declaraciones de prominentes
figuras y de analistas políticos versados
en el tema de Cuba se enfocan en pedirle a los
cubanos, principalmente a los representantes de
la oposición, no desesperarse, aconsejan
actuar con cautela ante la incertidumbre de lo
que realmente está sucediendo en la cúpula
de la tiranía.
Es frecuente la referencia a no cometer imprudencias
que alteren la "calma" y la "paz
social". Estrategia que se sustenta en evitar
todo tipo de acciones que puedan ser consideradas
por los militares que han tomado el control del
poder como una provocación y los obligue
a responder de modo violento contra la sociedad.
Hacerse una representación mental de semejantes
planteamientos resulta simple: Después
de tanto sufrimiento y dolor durante 47 largos
años hay que cifrar las esperanzas de tener
oportunidades de vivir con decoro a la posible
buena voluntad de un grupito reducido de generales
que, cuando estimen y sin ser presionados, decidirán
el destino de once millones de personas.
Los teóricos dialogueros aducen que la
poca capacidad intelectual del invisible presidente
en funciones apunta hacia el desplome del castrismo,
sistema totalmente decadente que, según
ellos, aún con la injerencia y sostén
económico proveniente de Venezuela, carece
de alternativa de continuidad sin la dirección
y el liderazgo histórico del exgobernante
Castro.
De ese modo, obvian las hipótesis que
califican al recién estrenado heredero
dinástico como pragmático y, de
hecho, minimizan las medidas que está adoptando
en pos de consolidar el totalitarismo, entre ellas,
manejar la posibilidad de retorno a sus funciones
de su hermano mayor como vía de ganar tiempo
antes de asumir plenamente la responsabilidad
del país, despersonalizar y ofrecer una
imagen de institucionalidad del poder a través
del partido comunista en la desesperada búsqueda
de aceptación interna y de legitimidad
y reconocimiento internacional, utilizar los medios
de comunicación en función de ensalzar
su figura y la de su estrecho círculo de
jefes militares ahora con dotes de paternalistas,
inofensivos y humanos, afianzar los mecanismos
de terror contra la sociedad mediante el establecimiento
solapado del "estado de sitio" movilizando
al ejercito, al ministerio del interior y a las
organizaciones de masas para responder a cualquier
intento de rechazo popular.
En fin, la alternativa que propugnan los aparecidos
abanderados de esa tendencia es llamar a la oposición
y a los hermanos del exilio a que asuman una postura
de precaución y pasividad, o sea, que contribuyan
de modo protagónico a la inacción
de la sociedad en la Isla.
Mientras, confunden con "calma y paz social"
los millares de balseros que perecen en el Estrecho
de la Florida tratando de huir de la "tranquilidad"
que garantiza la tiranía; los centenares
de actos de repudio, muchos con golpizas incluidas,
realizados contra los que se oponen a los intereses
políticos de la oficialidad; el trato cruel,
inhumano y degradante que reciben los cerca de
cien mil reclusos que, sin el beneficio de un
juicio justo, purgan sanción en los más
de doscientos centros penitenciarios, entre ellos,
centenares de presos políticos; el terror
a las represalias que domina la existencia de
quienes viven en Cuba; la conculcación
de las libertades, derechos y oportunidades de
progreso y vida digna de los cubanos.
Poco atinada la sugerencia. Este no es momento
de pactar con tiranos que le temen al potencial
disidente diseminado en la sociedad. Las fuerzas
antagónicas al castrismo jamás deben
renunciar a la postura de exigir con energía
los cambios y reformas verdaderas que aseguren
el tránsito indetenible hacia la libertad
y la democracia de la nación.
Las posibles consecuencias represivas o violentas
a enfrentar no son reacciones desesperadas de
un régimen en apuros sino la esencia de
su actuar.
Rehusar la violencia como método de lucha
y fomentar la paz, el amor y la concordia entre
los seres humanos son principios que no interfieren
sino refuerzan la obligación de cada opositor
de inculcar en la población la postura
de No Cooperar con la pretendida perpetuación
del régimen.
Los llamados y las presiones para que no se utilicen
las armas contra el pueblo indefenso, se desencadenen
otras olas represivas de encarcelamiento por razones
políticas, ocurran eventos de descontrol
social, deben estar dirigidos a quienes portan
las armas y ostentan el poder. Al menos, hacerles
comprender que tendrán que asumir ante
la ley el costo de cualquier acto irresponsable
que implique excesos, abusos o violaciones de
los derechos humanos.
Desaparecido el principal obstáculo, las
actuales circunstancias ofrecen a la estructura
de mando una oportunidad concreta para la apertura
pacífica del régimen.
Contrario a la posición demostrada por
quienes, a conciencia o involuntariamente, son
partidarios de la sucesión del poder, lo
aconsejable es que la comunidad internacional
no reconozca ni legitime a la tiranía,
sólo al gobierno que adopte normas democráticas
establecidas mundialmente, libere a los presos
políticos, abra espacios públicos
de debate y reflexión, y contribuya al
diálogo político nacional.
En Cuba, por regla general, las personas albergan
miedo, desean respecto y garantías individuales,
añoran la paz y la tranquilidad social.
Este trascendental momento exige de todos, sin
exclusión, una elevada cuota de sacrificio
que con decisión y dignidad hay que afrontar.
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