PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 10, 2006

SOCIEDAD
Una nueva vida

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Jessica se inyectó el virus en un andén de Luyanó. Estaba apurada por tener el SIDA. Quería reunirse con su novio en el sanatorio. Jessica lleva 16 años enferma. Su novio murió el 18 de septiembre de 1999.

A inicios de la década del 80 pocos cubanos habían oído hablar de la que sería en poco tiempo la mayor pandemia que ha azotado a la humanidad: El Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida VIH/SIDA. La cifra de personas que han sufrido los efectos devastadores del virus asciende a millones.

Cuenta la historia oficial que el primer caso con SIDA que se conoció en Cuba fue el de un homosexual bailarín, “contagiado en los Estados Unidos”. A los pocos años ya estaba construyéndose el sanatorio “Los Cocos” ubicado en el municipio Santiago de las Vegas, en la capital.

El mal se propagaba tan de prisa que fue necesario recluir a los contagiados. Las autoridades no encontraron mejor solución.

Los jóvenes amantes de la música rock, catalogados como freakies, inclinados a la cultura y el modo de vida americano, eran mal mirados por sus familiares y la sociedad. Buscaban refugio en ellos mismos, en los riffs de las guitarras eléctricas y en las drogas. Algunos emigraban de sus provincias hacia la capital. Vivían en las calles, comían las sobras de las cafeterías y dormían en los parques. Por las noches se reunían y conversaban hasta el amanecer, animados por anfetaminas y barbitúricos.

En ocasiones variaban con una fiesta o un concierto de algún grupo de rock nacional. No había muchas diversiones.

Creyeron que contraer el virus del SIDA les serviría para mejorar sus vidas. Desconocían la gravedad del problema.

La sangre de un contagiado tomó un valor de hasta 100 pesos el cc. La buscaban afanosamente para inoculársela, con jeringuillas sucias, en los parques de El Vedado y Alamar, o en algún concierto de rock. Pensando que trasponían las puertas del cielo. O al menos, de una vida mejor.

En el sanatorio Los Cocos tendrían albergue, comida y estarían juntos en una eterna descarga, sin teques ni preocupaciones. Pensaron que la cura pronto sería encontrada y todos sus problemas solucionados. El destino les jugó una mala pasada. Todo sigue igual. Y la cura está muy lejos.

Marbelia, Dalia “La crazy”, “El americano”, Malú, Yanelys, “El calvo” y “El pí”, entre otros, ya no están en este mundo. No sé si lograron alcanzar otro mejor.

 


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