|
CULTURA
La corte del rey
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubanet.org)
- Como una comedia de amor, dinero, sexo y otras
mentiras, anuncian la película del cubano
Alexis Valdés. El actor cubano, radicado
hace algunos años en España se lanzó
a boca de jarro en su primera aventura fílmica
en el doble papel de director y guionista.
Más conocido en Cuba por los personajes
de "Bandurria" y de "Cristinito",
Alexis Valdés realizó una comedia
en la que se multiplican los enredos como solamente
un cubano puede concebirlo por haber vivido "resolviendo".
Quizás por este particular, a la hora
del estreno en la península, la película
ganó la calificación de "astracanada"
de parte de algún que otro crítico.
Pero, como yo no vivo en la península ni
soy ibérico, salvo por el poco de sangre
de un bisabuelo español que me debe quedar
después de dos transfusiones en la infancia
(¿quién no lo tiene en Cuba?), me
agrada afirmar que hoy mismo, en La Habana, el
filme de Valdés, si no es rey, al menos
reina en las ventas de VCD en el mercado de los
discos compactos instalados de esquina a esquina,
a través de las rejas de una ventana, en
el regazo de un inválido, en la calle San
Rafael, dentro de la cartera de una rubia joven
que me la propuso en el interior de la tienda
por departamentos La Época.
Después de la tirada anterior, usted debe
tener en cuenta que hay un humor cubano callejero,
grueso, sandunguero y jacarandoso (si no sabe
lo que significan los dos adjetivos últimos,
favor, busque en el Catauro de cubanismos del
Ilustre Don Fernando Ortiz), y una tradición
del "choteo" en Cuba que comenzó
con los "bufos" en el siglo XIX, y aún
ahora sobrevive en el ánimo de los cubanos
para enfrentar "el apagón". (Dicho
sea de paso, así sobrenombran a una rotunda
negra de un solar de la calle Concordia, por la
piel oscura y las respuestas que cortan la respiración
a cualquiera.)
Y toda esta explicación es para que se
den cuenta de que las situaciones de enredos de
la película de Bandurria o Cristinito son
bien comprensibles. Porque si no hay a quien se
le murió un pretendiente "yuma"
en la cama, sí han sido asesinados algunos
en un lecho provisional y de "mala fortuna".
"Amor, dinero, sexo y... otras mentiras",
entonces está bien, porque de todo eso
y más hay en La Habana, que sin ser "Nueba
Yol", no está exenta de C.S.I.: La
Escena del Crimen.
Amor se sobra, dinero, hace más falta
que nunca, porque los precios se los llevaron
a las alturas las auras tiñosas entre sus
garras. Sexo, hay para todos, desde que se inventó
aquello de que "La yagua que está
pa´ uno...", y la emulación
del renglón es la mejor del país.
Mas, no olvide el imprescindible envoltorio de
látex para evitar ITS (Infecciones de Transmisión
Sexual).
Tampoco, por no vivir en Cuba, supo el majo madrileño
de la "astracanada", tener en cuenta
el nivel político del lenguaje en la película
que refleja la situación, gracias a la
"transversalidad del discurso".
Fraseología marginal condimentada con
la parafernalia de las consignas políticas.
Reflejo de la "emergencia existencial"
que los dejados-por-cuenta-propia del socialismo
tropical tratan de resolver mediante la informalidad
más increíble gracias a una mezcla
de kitsch, surrealismo y desparpajo.
En "Un rey en La Habana" lo que sí
no hay, es ilusión. En su lugar, el "sálvese
quien pueda" tiñe gestos y acciones.
El orden del desorden del carnaval caribeño
a golpe de charanguita y letras de canciones herederas
de aquellas de Ñico Saquito suele ser imposible
de comprender si no se es cubano.
|